El artesano del cultivo que recoge calabacines, calabazas y sandías gigantes en Villaviciosa
ASTURIAS
Heber Arenas Franco tiene un huerto en Llavares con el que está empezando a obtener reconocimiento en certámenes internacionales
29 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.En Llavares (Amandi), Heber Arenas Franco se afana en la creación de un huerto en el que calabacines, sandías y calabazas alcanzan tamaños gulliverescos. No en vano, hace escasas semanas, su sandía de 19 kilos quedó en segunda posición en el Concurso Internacional de Hortalizas Gigantes de Valtierra, en Navarra, en la que era su primera participación en el certamen.
Heber Arenas explica que se dedica a la horticultura «desde que tenía diez años, más o menos». «Empecé a plantar en una pequeña huerta calabazas, que era mi pasión», recuerda. También cultivaba «pimientos, lechugas... un poco variado», si bien en esa época las hortalizas que crecían en su parcela eran «de un tamaño comedido».
Rememora que tanto su padre como su abuelo, el cual «siempre vivió del campo», tuvieron huerta «de siempre». El cultivo de las gargantuescas hortalizas que logra no es casualidad o magia, sino fruto del trabajo, la observación, la experiencia y el cuidado al detalle. Casi se puede decir sin exagerar que es un artesano del cultivo. Explica que en la base del proceso de laboreo de frutos gigantes influye «por un lado la genética». Y es que, de mano, «tienes que tener la semilla de un ejemplar muy grande».
«Mi sandía procede de las semillas de una de competición de 67 kilos y el calabacín de un marrow de competición, que me enviaron desde la asociación Giganteas, de la que soy socio, y era de línea holandesa», comenta. Sin embargo «este año fallaron dos calabazas, que eran de genética muy buena, pero que no polinizaron». En este sentido, la polinización la lleva a cabo a mano. «Cojo una flor macho y el polen lo meto en la flor hembra, cierra los pétalos y le pongo una pinza para garantizar la polinización del fruto que quiero», describe.
Esa flor ha de ubicarse «de tres metros y medio a cinco metros de la raíz principal de la planta, ya que a más o menos distancia pierde fuerza el fruto». Otro factor que influye es la humedad y, en este aspecto, este horticultor de record reconoce que «vale más un día de lluvia que 30 regando; el agua de lluvia parece mágica y la planta pega un estirón increíble».
En su huerta de Llavares lleva solamente «tres años intentando sacar unos frutos muy grandes» y adelanta que el año que viene va a competir «muy en serio en sandía». Otro factor esencial para que calabazas, sandías o calabacines alcancen tamaños de impresión es el sustrato. «Normalmente abonaba abundantemente en noviembre, con unos 70 kilos de estiercol de vaca, sobre todo, y de gallina por cada metro cuadrado de huerta», explica.
Asimismo «cuando llega marzo» voltea a mano el terreno «con un palote de los típicos de cavar», para que quede lo más suelto que se pueda. En este sentido también comenta que «es fundamental hacer el semillero en marzo y tenerlas ahí con sustrato para que las plantas nazcan lo antes posible, si se puede a principios de abril mejor que a finales». Y es que, por su experiencia, «la calabaza más rápida es la que puede sacar un fruto de mayor tamaño» ya que el hecho de que engorde muy rápido «es fundamental».
«Una vez que se poliniza y selecciona el fruto hago una especie de toldo que tapa solo el fruto, con malla de sombreo, para que el sol no lo castigue tanto», añade. En esta línea asevera que «si el sol castiga el fruto tiende a querer madurar antes y no crece tanto».
Heber Arenas reconoce haber vuelto «encantado» de su primera participación en el Concurso Internacional de Hortalizas Gigantes de Valtierra, no solo por la «cantidad de gente» que acudió y participó («incluso vinieron competidores de Inglaterra», puntualiza), sino especialmente por el «contacto directo con los mejores cultivadores del país», que le permitió «intercambiar opiniones, conocer trucos, detalles... es una experiencia enriquecedora».