La Fundación Gustavo Bueno, contra Riego por «masón al servicio de los intereses de Inglaterra»
ASTURIAS
La Junta General del Principado rindió homenaje la tarde de este lunes a la memoria de Rafael del Riego, héroe de la libertad y la defensa de la Constitución, el militar asturiano que escapó de Madrid bajo la ocupación napoleónica para regresar a participar en la resistencia de Asturias, el hombre que encabezó después la revuelta -cuando iba a ser embarcado a América para sofocar la rebelión de las colonias- para defender la Carta Magna frente a los absolutistas de Fernando VII; también el mártir que fue ajusticiado de forma cruel por los realistas. Es un consenso ya casi generalizado desde mediados del siglo XIX reconocer su figura. Pero sólo casi.
Muestra de ello es peculiar mensaje que publicó la Fundación Gustavo Bueno, que goza de sede en Oviedo, para recordar la figura de Riego al que definen como «masón al servicio de los intereses de Inglaterra».
El articulo que desde ahí se enlaza es tan terrible como cabe imaginar. En realidad una selección de citas y párrafos artículos de la época sobre redención de la memoria de Riego a lo largo del XIX pero un final, obra de Fernando Álvarez Balbuena, que recopila las ideas reaccionarias sobre el general, con algunos de los fantasmas propios de la más irredenta carcunda nacional: la tirria a la masonería (y ciertamente Riego era masón) y la singular versión hispana de la teoría de la puñalada en la espalda para acusar al asturiano de trabajar al servicio de intereses extranjeros, ya que cuando se lanzó a defender la Constitución lo hizo con las tropas que debían sofocar los inicios de la independencia de América.
«El juicio final sobre Riego puede resumirse en pocas palabras: Un mal estudiante, un niño malcriado y caprichoso, vano y de escasa entidad moral, un aventurero, un masón de obediencia ciega al Grande Oriente Inglés, un traidor, por lo tanto, a su patria, traición que enmascaró con una defensa extemporánea de la Constitución de 1812, vano y fútil motivo que, aún sin saberlo Riego y actuando probablemente como mero muñeco cuyos hilos movían otras manos, no pretendía otra cosa que la toma del poder por los liberales y la independencia de las colonias americanas»; es la cita final de Álvarez Balbuena.
Lo cierto es que no hay ninguna prueba histórica que relacione a Riego con los intereses británicos pero hay una parte del conservadurismo español que sigue luchando mentalmente no ya contra el liberalismo decimonónico, sino por la contrarreforma del siglo XVI.
A Riego lo llamaron «el Washington español» y Karl Marx le dedicó crónicas sobre su devenir revolucionario. Cuando Fernando VII le sometió, e hizo retroceder a España hasta recuperar los tribunales de la Inquisición, quiso imponerle un castigo medieval. Aunque era noble (y eso en teoría le debía facilitar una muerte menos cruenta) fue condenado a la horca, y al patíbulo fue llevado arrastrado en un jergón por un burro, para su escarnio con ropas de penitente. Parte de la condena era también ser descuartizado y luego sus miembros dispersados, pero eso no se hizo. El poeta Espronceda asistió a su ejecución y se juramentó para vengar su memoria. Espronceda escribió luego unos de los versos de canto a la libertad más conocidos de la lengua española, los que empiezan con diez cañones por banda.