«Ideología tóxica»,«mentira torticera» o «división insidiosa»: el penúltimo sermón político del Arzobispo de Oviedo
ASTURIAS
Jesús Sanz Montes se pregunta si la Iglesia no va a decir nada y él mismo responde que «algunos obispos nos hemos manifestado con claridad y pertinencia sobre este asunto que a todos nos embarga»
21 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Al Arzobispo de Oviedo le gustan los sermones, sean del tipo que sean. Aunque nunca ha ocultado su ideología política, en los últimos meses son varias las ocasiones en las que a Jesús Sanz Montes le han llovido las críticas por la exposición pública de sus ideas conservadoras. El último revuelo causado por sus palabras, hasta ahora, había sido el que protagonizó en la celebración del día de Covadonga, cuando aprovechó el acto institucional para cargar contra la agenda 2030 y «la leyenda» del caso Rubiales. En esta ocasión, no ha querido dejar pasar de largo la formación del nuevo Gobierno y las protestas contra la amnistía para hablar de «ideología tóxica»,«mentira torticera» o «división insidiosa».
En un artículo publicado por Infocatólica, el arzobispo se pregunta por el papel de la Iglesia en este clima de crispación política. El texto, en su conjunto, es una crítica a la formación del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, frente al que Sanz Montes considera que «cabe otro tipo de política que no sea deudora de la mentira torticera, de la división insidiosa, del chantaje tramposo, de la destrucción del Estado de derecho dejando la democracia herida, de las diversas ideologías tóxicas y destructivas».
Respecto a las manifestaciones de los últimos días, el arzobispo sostiene que «hemos visto diversas expresiones populares ante algo que toca una fibra importante de nuestra conciencia histórica cuando se percibe el disparate en el modo corrosivo y destructor de plantear la gobernanza de España». En su opinión, se trata de una «espontánea comparecencia en calles y plazas de una inmensa sociedad», y respecto a los actos vandálicos y los detenidos, asevera que «se ha intentado boicotear falseando cifras de participación e introduciendo grupos desestabilizadores extremistas cuyas matrices encienden sospechas de una encubierta manipulación».
Sanz Montes recuerda que han sido muchos los colectivos que se han manifestado y afirma que cuando se da todo este movimiento social «de amplio espectro y diversificada responsabilidad» no es posible mirar para otro lado «pasivamente». Por este motivo, asegura que le han preguntado si la Iglesia no va a decir nada, y él mismo responde que «algunos obispos nos hemos manifestado con claridad y pertinencia sobre este asunto que a todos nos embarga».
El arzobispo es consciente de la repercusión de sus palabras, y el artículo afirma que cuando los religiosos hablan a título personal o colectivamente «es frecuente que se acojan nuestras palabras con gratitud por quienes las atienden, pero también hay quienes nos señalan como intrusos que han traspasado el umbral impropio de la modernidad metiéndonos en política». «Tengo experiencia sobrada. Sería improcedente para nuestro ministerio si bajásemos a la arena de un debate partidista constituyéndonos en unas siglas más que aspirasen a tribunas como si quisiéramos recuperar extrañas teocracias y creyentes banderías. Nuestra clave no puede ser política, aunque hagamos crítica a algunas derivas de gobernanzas administrativas o legislaciones vinculantes. Nuestra clave debe ser únicamente moral», defiende.
Sanz Montes prosigue su alegato y señala que «la ideología envenena a las nuevas generaciones con una educación que es manipulación de la ciudadanía a corto, medio y largo plazo, narcotizando el alma y la mirada de quienes gregariamente quedan hipnotizados como pueblo», y hace referencia, por ejemplo, a «la insolidaridad chantajista entre regiones autonómicas como moneda de cambio para inconfesables prebendas, divide y crispa mientras que la verdadera igualdad solidaria es la única que fraterniza en la justicia».
Si a esto se añade, prosigue el arzobispo, que se llama «eufemísticamente» un proyecto de progreso lo que supone «la destrucción de la familia, la confusión antropológica y la homicida manipulación de la vida, estamos ante un horizonte grave que como cristianos tenemos la obligación de advertirlo con audacia, denunciarlo con arrojo y presentar la bondad y la belleza de su contraria alternativa». A modo de conclusión, y aunque parece evidente a qué lado se escora su argumentario, Sanz Montes remata su texto de la siguiente forma: «Esto no es de derechas ni de izquierdas, sino inmoral, al carecer de la solidez moral que les falta».