Proyecto de recuperación de la abeja negra asturiana: un legado genético en peligro
OFRECIDO POR FICYTASTURIAS
Investigadores de la Universidad de Oviedo, SERIDA y la Universidad del País Vasco, con el apoyo de la FICYT, trabajan para preservar la biodiversidad genética de la abeja autóctona en Asturias
30 sep 2024 . Actualizado a las 09:45 h.Las abejas no solo son las reinas de la colmena; son también guardianas de la biodiversidad y claves para la agricultura sostenible. Pero, ¿qué sucede cuando un tesoro genético como la abeja negra asturiana está en peligro? Un grupo de investigadores liderados por el SERIDA (Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario) junto con la Universidad de Oviedo y la Universidad del País Vasco, además de contar con el apoyo económico de FICYT, ha emprendido una misión para proteger este patrimonio único de la naturaleza.
Este estudio nace de la preocupación de apicultores locales por la conservación de la abeja autóctona de la región y la creciente necesidad de proteger la singularidad de sus productos, como la miel. Hace pocos años, un colectivo de apicultores asturianos comenzó a impulsar el reconocimiento de la miel de abeja negra, y esta demanda llegó hasta los investigadores. Así fue como se creó un equipo interdisciplinar para diseñar herramientas que les permitieran demostrar científicamente la autenticidad genética de sus colmenas. Detrás de este esfuerzo no solo hay ciencia, sino un compromiso con el legado apícola asturiano.
¿Qué es el «patrimonio genético»?
El concepto de patrimonio genético es más sencillo de entender de lo que parece. Imaginemos que cada abeja de una colmena es como una página de un libro que narra su historia evolutiva. Cuantas más páginas (genes) tenga ese libro, más completa y resistente será su historia. Este proyecto busca proteger todas esas páginas y asegurarse de que la historia de la abeja asturiana se conserve sin capítulos perdidos ni mezclados con los de otras especies foráneas porque «cuanto mayor sea la diversidad de genes, mayor será la probabilidad de supervivencia de ese grupo frente a cambios en su medio ambiente», detalla Rocío Rosa, coordinadora del proyecto.
Explorando la biodiversidad genética asturiana
Para conocer a fondo a estas abejas y su historia, los investigadores tomaron 181 muestras de colmenas distribuidas por 30 concejos asturianos entre 2022 y 2023. Utilizaron dos tipos de análisis genéticos: el ADN mitocondrial y el ADN nuclear.
Del ADN mitocondrial solo se hereda de la madre y permite rastrear el linaje materno. En otras palabras, es como una línea de sangre que revela el origen de la reina de cada colmena. Por su parte, el ADN nuclear se hereda a partes iguales del padre y de la madre, proporcionando un panorama completo del origen genético de toda la colmena, y permitiendo rastrear tanto las reinas como a los zánganos.
Hallazgos que invitan a la esperanza
Los resultados del estudio fueron sorprendentes. Solo se encontró un caso de hibridación con linajes no autóctonos, lo que confirma que la abeja negra asturiana está mayormente conservada. Los linajes M y A, ambos considerados propios de la península Ibérica, son los predominantes en la región. El linaje C, propio de abejas europeas no autóctonas y que suele asociarse a la importación de abejas más productivas, apareció en solo una muestra de la zona occidental asturiana. Esto indica que, a pesar de la globalización de la apicultura, las abejas de Asturias han conservado en buena medida su identidad genética.
Una herramienta revolucionaria para la protección genética
Uno de los logros más innovadores del proyecto ha sido la creación de una herramienta genética basada en PCR. Este método permite conocer el linaje materno de las abejas a partir de una sola muestra de una abeja obrera o incluso a partir de una muestra de miel. Gracias a esta tecnología, los apicultores ya no necesitarán realizar pruebas invasivas para saber si están cuidando a la abeja autóctona ya que podrán tomar decisiones más informadas para mantener y mejorar sus colmenas, asegurando la pureza genética de sus reinas.
La protección de la abeja negra no solo tiene un valor ecológico, sino también económico. En la UE, se estima que la polinización por insectos genera unos 15.000 millones de euros anuales en producción agrícola. En Asturias, cultivos como el manzano y el arándano dependen en gran medida del trabajo de estas incansables polinizadoras junto con el valioso grupo de polinizadores silvestres. Estudios han demostrado que hasta el 92% de los ingresos generados por el cultivo de manzanas provienen del servicio de polinización. Esto subraya la importancia de proteger a los insectos polinizadores y promover una apicultura sostenible basada en razas locales, más resilientes y adaptadas al entorno asturiano.
Proteger a las abejas, proteger el futuro
Los linajes genéticos que se han identificado no son solo datos en un laboratorio. Representan la historia evolutiva de las abejas en Asturias, una historia que ha estado forjándose durante siglos y que hoy se enfrenta a la amenaza de la hibridación con abejas de otras regiones y del cambio climático. Proyectos como este nos recuerdan que el patrimonio natural que heredamos es frágil y que preservar la pureza genética de las abejas autóctonas y al resto de polinizadores locales no es solo un deber científico, sino un compromiso con las generaciones futuras.
La labor del equipo de investigación no termina aquí. Ahora, el reto es trabajar junto a las administraciones públicas y los apicultores para implementar estos hallazgos y desarrollar estrategias de conservación a largo plazo. Proteger a la abeja negra ibérica no es solo una cuestión de identidad regional, sino de sostenibilidad y seguridad alimentaria para toda la comunidad.
La abeja negra asturiana no es solo un insecto; es una pieza clave en el equilibrio ecológico de la región y un símbolo de la rica biodiversidad de la Península Ibérica. Recuperar su patrimonio genético es, en última instancia, una forma de honrar nuestra conexión con la naturaleza y garantizar un futuro más sostenible para todos.
Apoyo de FICYT
Proyectos de este tipo no podrían llevarse a cabo con éxito sin el apoyo de las administraciones. «Desde FICYT nos han prestado asesoramiento en lo relativo a la gestión de los proyectos y han apoyado nuestra labor de transferencia del conocimiento generado para que llegue tanto al sector apícola como a la sociedad en general», detalla Rosa.
Otra de las empresas asociadas al proyecto es FAPAS, interesada en la conservación medioambiental y que lleva años apoyando la apicultura tradicional por varias vías como la conservación de las propias abejas pero también a través del servicio que prestan a otras especies de interés como puede ser el oso. FAPAS ha aportado al proyecto muestras de enclaves remotos en los que había mayor seguridad de que las abejas de la zona no hubieran entrado en contacto con otras razas distintas a la abeja negra (Apis mellifera iberiensis).