Carlos Nores, biólogo: «Las especies más vulnerables actualmente en Asturias son las amenazadas por el cambio climático»
ASTURIAS
El experto ve necesario hacer una revisión general a la fauna asturiana contando con los especialistas para actualizar el listado de especies en peligro de extinción o en situación de vulnerabilidad de la región, que el Libro Rojo editado en 2007 cifraba en más de un centenar
11 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La fauna asturiana es rica en especies, rica, incluso, en especies únicas. La mala noticia es que hasta un centenar de especies están en peligro o en situación amenazada en nuestra región, por lo que Asturias enfrenta actualmente diversos desafíos por la amenaza de supervivencia de muchas de ellas. Desde mamíferos hasta aves y reptiles, muchas especies se encuentran en situación vulnerable debido a la pérdida de hábitats, la contaminación y, de manera muy importante, por el cambio climático. De las 545 especies de vertebrados que se estima que hay en Asturias, el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Fauna Vertebrada del Principado de Asturias recoge las que tienen algún grado de amenaza catalogándolas en cuatro categorías: especies en peligro de extinción, especies sensibles a la alteración de su hábitat, especies vulnerables y especies de interés especial. Pero también hay especies de invertebrados que también están en peligro, si bien el Libro Rojo de la Fauna Asturiana ya advertía en 2007, cuando se editó, que hay un elevado número de especies en nuestra comunidad cuya situación es poco conocida, una situación de desconocimiento que se definía como «preocupante», porque 23 especies examinadas en dicho libro se incluían ya en alguna lista o catálogo, por lo que se estimaba «necesaria» la adopción de medidas especiales de protección.
Carlos Nores, biólogo, coordinador de la Unidad de Conservación y Gestión de la Fauna Silvestre del INDUROT y uno de los coordinadores en 2007 del Libro Rojo de la Fauna Asturiana, considera que, para comprender mejor y actualizar la magnitud de la problemática de las especies amenazadas de nuestro territorio, es fundamental realizar una revisión exhaustiva de la fauna en la región, contando con la experiencia y el conocimiento de especialistas en biodiversidad, porque un análisis permitiría identificar las especies más amenazadas y diseñar nuevas estrategias efectivas de conservación.
El escenario actual de especies en peligro de extinción o en situación de vulnerabilidad en Asturias dice Carlos Nores que «es variado» porque, si bien «las especies cuya amenaza depende de la persecución directa por el ser humano han mejorado, en general», alerta de que «las amenazadas por el cambio climático han empeorado su situación». A su entender, «es difícil de cuantificar» si la actual situación de la fauna asturiana es muy diferente a la recogida en 2007 en el Libro Rojo de la Fauna, «si no se hace otra revisión completa de la situación». Esa actualización la ve necesaria porque, según señala, «en los últimos años ha aumentado mucho la información sobre algunos tipos de especies», como pueden ser los pequeños y medianos carnívoros, gracias a las cámaras automáticas, aunque «apenas existe nueva información sobre otras», como pueden ser los micromamíferos. Además, llama la atención sobre que «el conocimiento sobre la situación de los invertebrados es escaso y fragmentario»: «recientemente, se han elaborado mapas actualizados de algunos grupos (peces y mariposas) en Asturias, pero no ha vuelto a haber un esfuerzo general coordinado», manifiesta Nores.
Es por ello, y teniendo en cuenta que desde la edición del Libro Rojo de la Fauna Asturiana han pasado casi 20 años, que el experto dice que «conviene hacer una revisión general a la fauna asturiana contando con los especialistas» ya que lo que se está haciendo es a nivel estatal, por parte del Ministerio de Transición Ecológica, en colaboración con algunas sociedades de estudios de los principales grupos faunísticos y algunas comunidades autónomas, entre ellas el Principado de Asturias: «se están rehaciendo los atlas y libros rojos pero a nivel nacional», señala.
Según su consideración, las especies más amenazadas actualmente en Asturias son «las que se suponen amenazadas por el cabio climático» y, precisa, «no solo por su situación actual, sino porque es más difícil actuar localmente sobre las causas de su regresión». Entre las especies que cita están el urogallo, el gorrión y acentor alpinos o el desmán ibérico. También pone el acento en los invertebrados y, en este sentido, apunta que «las zonas de mayor diversidad de mariposas en Asturias están en zonas de alta montaña y la alta montaña, en general, es una de las zonas más sensibles al calentamiento global», lo que conlleva que «las especies pueden refugiarse yendo cada vez más arriba». La pregunta que plantea Carlos Nores es: «pero ¿qué van a hacer cuando se les acabe la montaña?». «Mención especial, añade el biólogo, merecen el salmón y la anguila, que tienen una enorme significación social (más que económica)» y resalta que «el problema no es tanto su número actual, sino su tendencia regresiva y por la incertidumbre sobre las causas de su regresión, común a toda Europa».
¿Por qué los planes de recuperación del urogallo no han funcionado?
Respecto a por qué los planes de recuperación del urogallo no han funcionado como los del oso, Carlos Nores explica que «el oso pardo tuvo una disminución continuada mientras que se le persiguió al ser considerado un animal dañino», motivo por el que en varios momentos estuvo a punto de desaparecer, sobre todo, a mediados y a finales del siglo XX. «Únicamente cuando la población local fue consciente de que representaba para ellos un beneficio económico, a través del turismo rural, hubo un cambio de perspectiva social que fue el motor de su recuperación», manifiesta el mismo, que destaca «el gran esfuerzo que se hizo para conseguir que la población local fuese un aliado y no se le tratase como si fuera el enemigo».
En el caso del urogallo, en cambio, el experto indica que «el problema no es social, sino que está condicionado por el cambio climático», aunque matiza, a su modo de pensar, «que no se conoce bien de qué forma operan las causas directas de su disminución». Por tanto, para él, esto «dificulta la puesta en práctica de medidas eficaces, si es que las hay». Una apreciación que hace, además, es que «cada colectivo tiene su propia idea y suele despreciar las ideas de los demás. Hay muchas hipótesis, difíciles de demostrar, de las que se habla como si fuesen evidencias, pero no son más que ideas, posibilidades que pueden ser importantes o no».
Por tanto, tanto para el urogallo como para el resto de especies en peligro o amenazadas se hace necesario adoptar medidas, actuaciones o iniciativas. Pero ¿cuáles tendrían que desarrollar desde las administraciones estatal o regional para reducir las especies en situación de vulnerabilidad? «Las administraciones tienen que atender las demandas de la conservación de la biodiversidad, además de los sectores productivos, por lo que el equilibrio entre dos planteamientos, en ocasiones antagónicos, es muy complicado», responde Carlos Nores, que añade que «si a esto le sumamos la dispersión de conocimiento o la falta de estudios que coordinen estos conocimientos, es difícil tener la visión adecuada del problema para tomar las medidas necesarias». Así, la conclusión que plantea es que «la solución de muchos de los problemas ambientales requiere cohesión social, mientras que la impresión actual es que el medio ambiente es una excusa para la fractura social».
Gestión del lobo fuera del LESPRE
Y una prueba de ello es la diversidad de opiniones que se pueden encontrar respecto a que el lobo en Asturias haya salido del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). Sobre esta cuestión lo que recuerda el biólogo y coordinador de la Unidad de Conservación y Gestión de la Fauna Silvestre del INDUROT es que «el Comité Científico del entonces Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente no consideró que el lobo estuviese amenazado en España y rechazó su inclusión en la categoría legal de ‘vulnerable’, aunque recomendó su inclusión en el LESRPE por «su importancia como patrimonio cultural, científico, así como los servicios ambientales que produce», así que apostilla que «esto implica que el criterio para su inclusión en el LESRPE es subjetivo».
Su opinión es que «es razonable mantener los planes de gestión» del lobo porque, dice, «en realidad, la gestión asturiana es lo más parecido a mantenerlo en el LESRPE, pero haciendo los controles con menos papeleo. Es lo que en Europa se llama «la gestión francesa» que, no obstante, matiza que «aquí ya se utilizaba antes que en Francia. Probablemente ellos lo copiaron de Asturias». Lo que tiene claro Carlos Nores es que «aquí el lobo nunca fue especie cinegética y seguirá sin serlo».