Así es la finca autosuficiente en Asturias lista para emergencias: «Con el apagón estamos a tope»
ASTURIAS
«No tenemos miedo de nada, pero pensamos que hay que estar un poco preparados», afirma Miguel Ferrero, experto en supervivencia y líder del proyecto
19 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando el 28 de abril se produjo un apagón eléctrico que afectó a toda España, no todo el mundo lo vivió igual. Mientras la mayoría de la gente vivió el apagón como un simple fallo temporal del suministro eléctrico, para este grupo preparacionista podía haber sido el inicio de algo más serio. A lo largo de las primeras horas del corte, evaluaron la situación y estuvieron listos para poner en marcha su propio plan de contingencia: trasladarse a una finca autosuficiente que tienen preparada en Asturias.
«Lo que pusimos en los mensajes fue, que si esto duraba más de 72 horas, activábamos el refugio y ya nos íbamos para allá», explica Miguel Ferrero, líder del grupo, que se dedica desde hace años a formar a personas en supervivencia. Esa indicación no era alarmista, sino una medida práctica dentro de la planificación que tienen establecida.
El lugar al que se referían está en el medio rural asturiano. Se trata de una finca diseñada para ser energéticamente independiente y capaz de alimentar a un grupo reducido durante un tiempo indefinido. Allí cultivan alimentos, crían animales, tienen acceso a agua potable sin necesidad de red y producen su propia electricidad.
«Se pueden meter más, pero ya vamos a dejar de ser autosostenibles», señala Ferrero, que destaca que la finca tiene capacidad ideal para unas veinte personas. La cifra es importante: forma parte de un cálculo que tiene en cuenta los recursos disponibles, el espacio habitable y la capacidad de producción de comida y energía. Aunque el proyecto está pensado para activarse en caso de emergencia, no es un espacio vacío: habitualmente viven allí cuatro personas que se turnan para pasar la mayor parte del tiempo en la finca. Sin embargo, el lugar puede quedar completamente solo.
La elección de Asturias no fue casual. Según Ferrero, el clima, la fertilidad del suelo y la disponibilidad de agua hacen de la región un entorno favorable para este tipo de proyectos. «Ahora mismo, es de los sitios que más libre está de radiación nuclear, porque no hay ninguna central cerca. Pero luego encima tienes el mar cerca una producidad muy buena durante todo el año y hay bastantes ríos que proveen agua».
«Tiene unas fronteras geológicas muy interesantes», añade, en referencia a su aislamiento natural, algo que consideran una ventaja en contextos de emergencia. «De verdad que de las zonas de España probablemente sea de las mejores para hacer una cosa de estas», concluye.
El grupo que participa en este proyecto es reducido. No se trata de una comunidad abierta ni de un movimiento con ánimo de crecer mucho más. Actualmente está compuesto por unas treinta personas, el número máximo que admiten. «Tenemos lista de espera, pero no metemos a nadie hasta que no abandone alguien», explica. «Somos familias, amigos, que se juntan para optimizar recursos y para apoyarse. Cada uno tiene que hacerse los grupos con la gente que quiere y con la gente que le importa», dice Ferrero.
Escuela de supervivencia
Más allá del refugio, Ferrero dirige también una escuela de supervivencia en Madrid, Noname Sports. A diferencia del grupo privado, esta escuela sí es abierta y cualquiera puede asistir a sus cursos. La formación es totalmente práctica. Los cursos enseñan desde técnicas básicas —cómo hacer fuego, encontrar agua o construir un refugio— hasta cuestiones más complejas relacionadas con la autosuficiencia y la permacultura: «Les enseñamos a orientarse, a hacer refugios, nudos, a hacer trampas para cazar, saber filtrar agua, cosas muy de la naturaleza y de volver a lo esencial del ser humano. También les enseñamos a cultivar de forma orgánica, a cultivar hongos, setas y árboles frutales, y hacer arquitectura ecológica o construcciones ecológicas, a aprovechar energía solar y un montón de cosas más».
Ferrero indica que el interés por este tipo de formación ha crecido notablemente: «Después del COVID empezó a subir bastante. Y ahora con el apagón estamos a tope también. La gente se lo está tomando en serio».
Para Ferrero, la preparación no nace del miedo, sino de la responsabilidad: «No tenemos miedo de nada, pero simplemente pensamos que hay que estar un poco preparados para este tipo de momentos. Y bueno, pues ya hemos visto que hemos tenido una pandemia, una dana, un apagón, también hemos tenido inundaciones y es que pueden pasar cosas que teniendo un mínimo de preparación, es muy diferente cómo se llevan y el resultado que pueden tener». En ese sentido, observa un cambio social reciente: si hace unos años habría respondido que la mayoría de la población no estaba preparada para afrontar crisis como un gran apagón, ahora cree que hay más conciencia. «Cada vez la gente está siendo más consciente. Ya van comprando y teniendo sus reservas de agua y sus reservas de comida», apunta.
Además, destaca que vivir en contacto con la naturaleza no solo tiene un valor práctico, sino también emocional. «La gente que está ahí metida en las ciudades cuando salen a la naturaleza, se recargan de energía, de iones, de conocimiento ancestral. Vuelven a sus raíces», reflexiona. En su caso, esta forma de vida le da más tranquilidad y menos incertidumbre: «Me hace sentirme más seguro, más confiado, tener menos problemas, miedos... porque si pasa alguna cosa, tienes una preparación».
En paralelo, Ferrero está involucrado en el desarrollo de las Cyber Hut, unas viviendas experimentales completamente autosuficientes que fueron concebidas para entornos extremos como Marte, dentro del trabajo de la agencia espacial Astroland, en Cantabria. A raíz de los cambios climáticos y riesgos ambientales en la Tierra, el proyecto se adaptó al contexto terrestre: una casa en circuito cerrado que recicla agua y residuos, genera alimento con sistemas hidropónicos y produce su propia energía. También monitoriza parámetros de salud mediante inteligencia artificial. Ya hay prototipos instalados en Cantabria y Madrid, y existe una lista de espera para futuras unidades.