Más de 100.000 hectáreas deforestadas en Asturias desde 2001: incendios, especies invasoras y plagas, las principales causas

Sergio Muñoz Solís
Sergio M. Solís REDACCIÓN

ASTURIAS

Un bombero vigila las zonas aún humeantes y con riesgo de incendio en Asturias
Un bombero vigila las zonas aún humeantes y con riesgo de incendio en Asturias Paco Paredes | EFE

La comunidad ha perdido el 17% de su masa forestal en dos décadas, con 2023 como el peor año registrado; los expertos alertan de la necesidad de un establecer un modelo claro entre la explotación forestal y la conservación del bosque autóctono

25 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

A finales de marzo de 2023, toda Asturias olía a quemado. La comunidad sufrió una de las oleadas más graves de incendios forestales que se recuerdan, resultando especialmente perjudicados concejos del occidente como Valdés, Allande o Tineo. Según los datos del observatorio Global Forest Watch, Asturias ha perdido 107.000 hectáreas de cobertura arbórea entre los años 2001 y 2024, lo que representa un alarmante 17% de su masa forestal desde el año 2000.

Los datos, que confirman una tendencia sostenida a lo largo de los años, muestran que los episodios más graves coinciden con años de incendios forestales de gran magnitud. El peor año registrado fue 2023, con 11.500 hectáreas deforestadas, seguido de 2016 con 10.200 hectáreas. Ambos ejercicios estuvieron marcados por múltiples focos de fuego que arrasaron miles de hectáreas de monte.

Aunque los incendios son la causa más visible, los expertos advierten de que la deforestación en Asturias responde también a otros factores como las explotaciones madereras, la sustitución de bosques autóctonos por plantaciones forestales de especies más rentables como el eucalipto, y una gestión forestal con margen de mejora.

Borja Jiménez-Alfaro, director científico del Jardín Botánico Atlántico y profesor del departamento de Biología en la Universidad de Oviedo, considera que las cifras pueden resultar engañosas y que «presentan una dicotomía importante»: «Por un lado habría que agrupar la parte forestal, que incluye repoblaciones y plantaciones de especies, a veces exóticas, y por otro, las masas naturales como los hayedos o los robledales». Según el investigador, la mayor parte de estas pérdidas arbóreas «corresponden a plantaciones dedicadas a la explotación forestal», pero este no es la única causa. En los últimos años, también se ha propagado la enfermedad de la Banda Marrón, provocada por un hongo que «ha mermado muchas poblaciones», resultando los pinos entre las especies más damnificadas.

El factor humano también resulta clave. Entre el 1 de enero y el 10 abril del año 2023, se produjeron en Asturias un total de 524 incendios, de los cuales doce afectaron a una superficie superior a las 500 hectáreas, resultando un balance final de 38.554 hectáreas calcinadas en apenas tres meses. La mayoría de los incendios están causados por actividades humanas. Menos del 1% de las incendios que hubo en Asturias entre 2009 y 2018 fueron por causas naturales (rayos), mientras que el 61% fueron intencionados y el 22% causadas por accidentes o negligencias.

Terreno afectado por un incendio forestal en Asturias
Terreno afectado por un incendio forestal en Asturias GOBIERNO DE ASTURIAS | EUROPAPRESS

Sin embargo, pese a que los datos puedan resultar preocupantes, Jiménez-Alfaro destaca que el bosque autóctono asturiano «está recuperándose», debido en parte al abandono del medio rural. «Estamos en un proceso de regeneración de bosques naturales, aunque es una tarea muy lenta», comenta el profesor. Esta recuperación de entornos «conlleva un incremento exponencial de biodiversidad, generando más interacciones entre especies, más animales y diversidad de plantas y mejores suelos». Además, la regeneración de bosques posee «un efecto mitigador del cambio climático» debido a la transpiración vegetal y su impacto sobre los niveles de carbono: «Son todo ventajas».

El investigador destaca que Asturias es el principal reducto boscoso natural de todo el país, superando «con diferencia» al resto de comunidades de la cornisa cantábrica. «La cuestión ahora es decidir qué modelo seguir, si priorizar las explotaciones forestales o la recuperación de bosque natural», indica el experto, si bien precisa que ambas vías «son compatibles»

De cara al futuro, Jiménez-Alfaro considera importante tener claro el plan que se seguirá en las extensiones de monte que se han visto dañadas por los incendios o por las plagas: «El principal problema es que se quieren traer nuevas especies exóticas, cuyo comportamiento en el ecosistema se desconoce». Entre ellas, el eucalipto brillante (Eucalyptus nitens), una potencial especie invasora.