Este lutier del siglo XXI llegó a la fabricación de guitarras clásicas por la música electrónica

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

ASTURIAS

Duyos colabora con la formación de los jóvenes del colegio mayor La Estila, donde le ofrecieron un espacio en desuso «con muy buenas condiciones» para montar en él su taller artesanal. Allí construye guitarras clásicas para clientes de distintas partes del mundo este asturiano al que le gusta tener un oficio que le permite mudarse el día de mañana si quisiera hacerlo.
Duyos colabora con la formación de los jóvenes del colegio mayor La Estila, donde le ofrecieron un espacio en desuso «con muy buenas condiciones» para montar en él su taller artesanal. Allí construye guitarras clásicas para clientes de distintas partes del mundo este asturiano al que le gusta tener un oficio que le permite mudarse el día de mañana si quisiera hacerlo. PACO RODRÍGUEZ

David Duyos instaló su taller artesanal en Santiago hace 3 años y hace instrumentos artesanales para clientes de todo el mundo

25 may 2025 . Actualizado a las 10:15 h.

La historia de David Duyos es la de un niño criado en el seno de una familia humilde, en un pueblo costero de Asturias (Caravia), el cual empezó a tocar con 10 o 12 años una vieja guitarra que tenían en casa cogiendo polvo. No se imaginaba entonces que acabaría construyendo con sus propias manos este instrumento. «Empecé por culpa de la música electrónica», afirma este artesano de 38 años, con taller en Santiago.

«Siempre me gustó mucho la música y comencé a hacer diseño de sonido sintetizado. Es decir, a hacer piezas musicales por software. Y yo, que soy de naturaleza curiosa, incluso diría que en exceso, quise saber más sobre cómo producir música desde cero en los sistemas tradicionales: cómo es una caja de resonancia, las vibraciones... Acabé realizando un curso de construcción de guitarras, porque es el instrumento acústico que mejor conozco, con un maestro asentado en Elda (Alicante), Carlos Juan Busquiel». En aquella época David vivía en Valladolid y trabajaba como delegado comercial en un periódico. Una reducción de plantilla hizo que se quedara sin este empleo y vio la oportunidad perfecta para dedicarse a un oficio tradicional que lo enganchó desde el primer momento.

PACO RODRÍGUEZ

«Me lancé a ello en el 2021. Las primeras guitarras las hice para familiares y amigos guitarristas. Como pequeño empresario, me tocó buscarme la vida y visitar ferias y festivales de guitarra para mejorar y crecer en esta profesión. Ahora estoy haciendo mi guitarra número 22 y ya tengo alguna en tiendas bastante buenas. Casi todo lo que hago en este momento es para fuera de España. Hoy, sobre el banco de trabajo, hay una para EE.UU. y otra para Polonia, por ejemplo», indica un hombre que reconoce ser bastante perfeccionista. «Hay que tener en cuenta que este es un nicho de mercado muy reducido y que los procesos de producción son lentos. Como mínimo, hacer una guitarra me lleva dos meses. El primer mes es solo de construcción y estoy otro mes entero con el barniz... por eso siempre intento tener una construcción y otra en barnizado, para sacar al menos un instrumento cada mes y tener una producción anual de una decena o docena de guitarras», matiza. 

«Yo crecí tocando guitarras baratas, pero cuando escuchas cómo suena una guitarra artesanal es otra historia. Los lutieres trabajamos mucho para gente que acaba el conservatorio o que ya son músicos profesionales y demandan un instrumento con una buena calidad de sonido, muchas veces personalizado. La industria trabaja con unas medidas estándares, pero salvo que seas muy famoso no van a hacerte una guitarra un poco más grande o pequeña para ti, que se ajuste a tus condiciones físicas, con un mástil más grueso si tienes los dedos algo más gordos de lo habitual... ahí es donde se recurre a la artesanía», dice un asturiano que se asentó hace 3 años en la capital gallega y compagina la lutería con otros trabajos para ser solvente a nivel financiero.

Las herramientas tradicionales forman parte de su día a día (cepillos, formones, cuchillas de ebanista...), pero en su taller también saca provecho de las nuevas tecnologías para optimizar ciertas partes del proceso de construcción artesanal y, por ejemplo, usa piezas impresas en 3D como plantilla para tallar los clavijeros. «Utilizo máquinas eléctricas para cuatro cosas muy contadas del proceso. Y, cuando me instalé aquí enseguida entré en contacto con otros colegas de la Asociación Profesional Galega de Construción de Instrumentos Musicais, conocida como Labra. Una del as cosas chulas de este mundo es que hay un ambiente buenísimo. Es algo que valoras cuando vienes de un mundo especialmente competitivo, en el mal sentido, como es el de la publicidad. Aquí, sin embargo, la gente está dispuesta a echarte una mano y explicarte, lo que siempre se agradece. En Labra hay mucha gente interesada en la aplicación de la tecnología a los procesos artesanales y yo, por ejemplo, recurro a plantillas en 3D que hacen en la tienda Vakaloura, con lo que evito tener que hacerlas a mano y, como tienes todo parametrizado en el ordenador, me permite hacer cualquier cambio que me pida el cliente o probar alguna idea nueva de una forma muy cómoda», subraya David. 

Hacerse un nombre en un mundo el que hay talleres con hasta tres generaciones de historia no es fácil, constata este artesano. «Es normal. Tú no eres nadie y a la gente le cuesta confiar de entrada. Por otra parte, es realmente duro esforzarse tanto para hacer un trabajo, hacer un buen trimestre y entrar pérdidas por pagar impuestos. Es bastante dramático ver cómo todo se te va en costes, en alquileres y tasas. La solución sería facturar más, pero las cosas no siempre funcional tal y como tú quieres o al ritmo que te gustaría», añade. Sobre los materiales que usa, confiesa que desearía producir más guitarras con maderas que no estén en peligro de extinción, «pero lamentablemente lo que veo es que no se venden. Desde Labra fomentan mucho la madera local, que funciona perfectamente a nivel sonido y estabilidad. Sin embargo, el mercado demanda palo santo, que es un material súper bonito y se trabaja muy bien, pero está amenazado. Y, cuando te sales del palo santo, no vendes. ¡Es terrible ser idealista y pobre!», concluye.