La economía sumergida baja en Asturias, pero sigue cerca de los 4.000 millones anuales
ASTURIAS
El dinero «negro» que se mueve en la región es el 15,4% del PIB, un porcentaje que ha bajado seis puntos desde 2004, según un estudio que desglosa datos por comunidades
14 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La economía sumergida en Asturias sigue siendo un tema de gran relevancia para entender la realidad económica de la región. En 2022, según un estudio del Consejo Económico y Social (CES) de Murcia, esta economía no oficial representó aproximadamente el 15,4% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región, lo que equivale a unos 3.976 millones de euros si se tiene en cuenta que el PIB de ese año fue de 25.822 millones de euros. Aunque esos casi 4.000 millones de euros es una cifra significativa, el análisis en términos porcentuales muestra una tendencia a la baja en comparación con años anteriores.
En 2004 esa economía sumergida alcanzaba el 21,7% del PIB regional, con un valor cercano a los 3.971 millones de euros en términos absolutos. Así, el descenso de más de 6 puntos porcentuales en casi dos décadas refleja avances en la formalización de la economía asturiana, aunque todavía persisten desafíos importantes. Y es que, que el dato absoluto sea tan similar, pone de manifiesto cómo la economía sumergida sigue siendo una parte relevante del entramado económico, afectando tanto a las finanzas públicas como a la percepción del mercado laboral en la región. Tal es así que la catedrática de economía aplicada de la Universidad de Oviedo, Begoña Cueto, advierte que «esa competencia desleal» que es la economía sumergida «puede suponer un freno al crecimiento de la región».
Del estudio del CES de Murcia, que, aunque analiza más en profundidad la economía de dicha región, ofrece datos de las diferentes comunidades, se desprende que el porcentaje de dinero «negro» que se mueve en Asturias es ligeramente inferior a la media nacional. En concreto, si esa media estatal la cifra en 2022 en el 15,8%, la de Asturias era del 15,4% que, cabe reseñar, es el porcentaje más bajo en casi dos décadas. No obstante, en el caso del Principado, el descenso de la economía sumergida no fue constante desde el año 2004, ya que el documento recoge repuntes en los años 2010 y 2012 al 18,9% y al 19,1%, respectivamente, cuando en 2008 el porcentaje de dinero «negro» había descendido al 18,1%. Si bien a partir de 2012 la curva de la economía sumergida continuó bajando y llegó al 16,5% en 2018, en 2020, año de pandemia, el porcentaje volvió a crecer hasta el 17,3%.
La catedrática de economía aplicada de la Universidad de Oviedo, Begoña Cueto, explica que el grado de economía sumergida en España varía en función de la estructura productiva de las diferentes comunidades autónomas ya que «hay sectores con más propensión a la economía sumergida». Estos son la agricultura, la construcción, la hostelería y los servicios personales. No obstante, los esfuerzos de la administración, en general, y de la Agencia Tributaria, en particular, por frenar la economía no oficial están dando resultados en tanto en cuanto el porcentaje del PIB que supone la economía sumergida ha ido bajando en todas las comunidades.
Mayor «moral fiscal» y más digitalización
Begoña Cueto también vincula la reducción del porcentaje de la economía sumergida «a una mayor conciencia de que los ingresos públicos son para servicios públicos». La misma lo denomina «la moral fiscal» en pro de una mayor calidad de las instituciones y su repercusión en los ciudadanos. Así, señala que «hay mayor control y también mayor concienciación».
Además, destaca la catedrática de economía aplicada la importancia de la digitalización «en todos los sentidos», ya que toda transacción económica «deja huella», lo que permite a la administración pública y a la Agencia Tributaria ejercer un mayor control. «El pago con tarjeta se ha extendido y de esa forma es un pago que queda registrado», indica la misma, que añade que el aumento de las compras por internet tiene como beneficio que «todo lo online queda registrado y es más difícil de esconder».
A esto suma Begoña Cueto que en los últimos años se han adoptado «normativas para los pagos en efectivo», estableciéndose cantidades límite para los pagos al contado y requiriéndose información «de para qué y con qué fin se retiran determinadas cantidades de dinero del banco». En definitiva, comenta, «se van sofisticando los métodos de control».
Por supuesto, dice, los expertos ven que aún «hay margen para mejorar las medidas de control y las sanciones que impone la Agencia Tributaria y la Administración Pública», aunque la catedrática de la Universidad de Oviedo también reivindica la vía de «concienciar». «Hay que recordar al ciudadano para que sirve tener servicios públicos y que sean servicio de calidad, conciencia de lo que pagamos y de lo que percibimos y que para eso se necesitan ingresos», manifiesta Begoña Cueto. Por tanto, defiende que «la moral fiscal es necesaria, además de la parte punitiva y sancionadora».
Otro aspecto sobre el que llama la atención la experta en economía aplicada es en la «competencia desleal» que supone la economía sumergida, «alguien que no paga impuestos frente a empresas que pagan muchísimos impuestos», llama la atención la misma, que advierte que «la economía sumergida puede suponer un freno al crecimiento de la región». La advertencia para el cliente que se beneficia de la economía sumergida porque «es más barato porque es un servicio que no contribuye» es que «supone una falta de seguridad» en tanto en cuanto «una factura es un seguro del servicio y de la calidad» que cuando no se tiene ya se depende «de la buena voluntad porque no hay un papel detrás que avale». Por tanto, su consideración es que constituye «un fraude por todas partes».
¿Es posible erradicar la economía sumergida?
A la pregunta de si es posible llegar a erradicar la economía sumergida, Begoña Cueto responde que «diría que no», y hace referencia al estudio del CES de Murcia que también compara la economía sumergida de los diferentes países europeos: «todos los países, en mayor o menor grado, tienen economía sumergida», aunque hay algunos, como Austria o Países Bajos, en los que supone entre el 7% y el 8% de su PIB. «Lo que hay que intentar es reducir al mínimo la economía sumergida, porque erradicarla es muy complejo», considera la catedrática de economía aplicada de la Universidad de Oviedo, que plantea como reto, por lo pronto, que España baje del 10%.
«Luchar contra la economía sumergida no es sencillo y requiere muchos recursos», añade Begoña Cueto, que pone el acento en que «se necesitan sistemas de inspección en todos los servicios de la administración pública», además de herramientas informáticas. «Lo que es cierto es que el avance en las tecnologías de la información han generado nuevos sistemas de control y cada vez es más difícil estar en la parte oscura de la economía, pero se necesita dedicar muchos recursos», comenta la experta, que incide en trabajar la idea «de que defraudar no está bien, que es delito y que es complicarse», por lo que el consejo para quienes mueven dinero «negro» es «que no lo hagan», concluye.