Asturias brilla con luz propia durante todo el año. Cada estación tiene su encanto y ofrece un amplio abanico de posibilidades que hacen que cada vez más turistas se acerquen a conocer la región. Lo dicen las estadísticas —año tras año baten nuevos récords de visitantes—y cualquiera puede comprobarlo con solo darse un paseo por las zonas más carismáticas de la comunidad. Pero, si hay unos meses en los que el Principado despliega todos sus encantos, es el verano. Las fiestas y el buen ambiente inundan todos los puntos de la tierrina. Desde las verbenas de los pequeños pueblos a las fiestas de zonas urbanas o los cada vez más multitudinarios festivales. Asturias restalla todos los veranos, y 2025 no será una excepción.
Las fiestas de verano son el latido de la región. Sería injusto establecer una clasificación de las más importantes porque es un tema muy subjetivo, pero sí que hay un puñado de celebraciones que destacan por su originalidad y arraigo. Una de las más impresionantes es La Descarga de Cangas del Narcea, una explosión de pólvora que cada 16 de julio, durante las fiestas del Carmen, convierte el cielo del suroccidente asturiano en un espectáculo de fuegos ensordecedor.
Otra cita imprescindible es el Xiringüelu, en Pravia, una romería que se celebra el primer domingo de agosto en el Prau Salcéu, junto al río Nalón. Declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, es conocida por su ambiente festivo, sus mesas al aire libre, los grupos de amigos ataviados con camisetas personalizadas, música, comida y litros de sidra.
El verano asturiano se completa con otras celebraciones relevantes como el Descenso Internacional del Sella, el más conocido en España, que cada primer sábado de agosto convierte el tramo entre Arriondas y Ribadesella en una fiesta fluvial única, combinando competición deportiva y verbena multitudinaria.
Verano en las tres grandes
Las tres principales ciudades asturianas ofrecen una agenda veraniega intensa y variada. Oviedo, capital del Principado, celebra en septiembre las Fiestas de San Mateo, una de las más queridas por los ovetenses. Esta fiesta es el colofón a un verano que en los últimos años ha ido ganando en atractivo debido al incremento en el número de actividades que ofrece.
Y si hay una ciudad que bulle en verano es Gijón. Sus grandes citas son la Semana Grande y la Semana Negra, pero el periodo estival no da tregua en Gijón. Comienza en junio con un calendario repleto de actividades de lo más variadas y no hay descanso hasta finales de agosto.
Avilés, por su parte, vive un renacimiento cultural que se palpa especialmente en verano. A sus fiestas de El Carmen o San Agustín se suman, por ejemplo, los espectáculos del Centro Niemeyer, que en julio y agosto programa cine al aire libre, conciertos y actividades familiares.
Festivales: música para todos los gustos
El verano asturiano también es sinónimo de festivales. Por destacar un puñado de ellos, en Gijón, el Metrópoli llena la ciudad de cultura pop, cómic, cine y música durante varias semanas. También destacan el Festival Intercéltico de Avilés, que reúne sonidos de las naciones celtas, y el Aquasella, en Arriondas, uno de los grandes eventos de música electrónica de España. En los últimos años, el Boombastic, en Llanera, se ha consolidado como el más multitudinario de la región.
Playas, el sabor del Cantábrico
La costa asturiana despliega un catálogo de playas salvajes, familiares, recónditas o abiertas, siempre verdes y limpias. Por destacar algunas, en el occidente destacan Penarronda y Frejulfe; en el centro, Xagó, Salinas y la urbana San Lorenzo; y en el oriente, joyas como Torimbia, Cuevas del Mar o Gulpiyuri, esta última única por ser interior y salada. Cada asturiano tiene sus favoritas y el listado puede incluir las citadas anteriormente u otras totalmente diferentes.
Asturias está de moda, y por eso cada vez son más las personas que escogen la región para desconectar en sus vacaciones. En este especial te ofrecemos una selección de la amplia oferta de actividades y experiencias que puedes vivir y, a las ya mencionadas, se suman los museos o las rutas para hacer con niños o para disfrutar de la bicicleta. Y ya sabes, si no te da tiempo a todo, siempre puedes repetir.