La artista se entrevista con La Voz de Asturias en los días previos a su concierto en Asturias en el festival «Luanco al Mar»
01 ago 2025 . Actualizado a las 14:54 h.María de los Ángeles del Carmelo Rozalén Ortuño (Albacete, 1986), conocida artísticamente como Rozalén cuenta ya con más de diez años de carrera artística. Durante su trayectoria se ha consolidado como una de las cantautores más importantes de nuestro país. En Spotify, la plataforma más importante de reproducción de música en streaming, cuenta con más de tres millones de oyentes mensuales y en escasos días actuará en Asturias un año después de su última actuación en el Principado para continuar con la despedida de «El abrazo», su último disco y uno de los más especiales de su carrera.
—Llega a Asturias para dar el último concierto de la gira «El Abrazo» en el Principado tras actuar el año pasado en Gijón, ¿qué espera de este evento?
—Estamos en la parte despedida de «El Abrazo». El año pasado fue cuando salió el disco, ahora estamos en la recta final y he hecho algunos cambios del año pasado a este, pero es un disco que tiene una parte muy emotiva, muy de nostalgia, de duelo, y otra de celebración pura. Entonces el concierto también es muy así, hay una parte un poquito más íntima, un poquito más de mirar hacia adentro, y luego de celebrar a tope porque, vamos, si no fuera por estos ráticos... ¿Qué sería de nosotros?
«Vitalmente me ha tocado el despedirme de muchos seres queridos y cuando el duelo y la muerte están tan cerca, todo te cambia»
—En otras ocasionas habla de «El Abrazo» como su disco más emocional, ¿qué cree que lo hace así?
—Yo os voy cantando mi vida. Desde el primer disco, en todos hay mucha intensidad, mucha emoción, pero en este ha pasado que vitalmente me ha tocado el despedirme de muchos seres queridos y cuando el duelo y la muerte están tan cerca, todo te cambia. Yo creo que la manera en que ves la vida te cambia. Entonces, sí que creo que hay más canciones de diferentes amores que nunca, de nostalgia. Los dos grandes temas del arte siempre han sido el amor y la muerte y aquí están muy presentes porque no solamente hay canciones también de amor a mi pareja, también hay una a mi sobrino, a los amigos de toda la vida.
—¿Cree que estas emociones son las que provocan que el público conecte más con su música?
—Sí que creo que es algo que todos sentimos y en otros discos a lo mejor había alguna parte un poquito más reivindicativa, que aquí por supuesto que también hay, hay algún disparo como la de «Mis Infiernos», que es la que hago con Kase O y con R De Rumba, pero estoy más amorosa que nunca porque cuando se te va muriendo la gente que quieres, que sientes que se te apaga ahí la infancia, pues tienes más ganas de decir: "Pero si es que lo importante son las pequeñas cosas y tengo que abrazarlas y tengo que disfrutarlas y tengo que decir más te quiero". Sí que creo que desde mi primer disco no pasaba que tanta gente nos decía: "Me siento muy identificada con las canciones", pero claro, ¿quién no ha perdido a un ser querido, no? ¿Quién no dice en algún momento adiós a un padre? Bueno, entonces, sí, están las emociones aún más latentes que en otros discos.
«Mis conciertos son ver a una panda de amigos encima del escenario contándote sus movidas»
—Es una artista que muestra mucho sus sentimientos en las canciones, ¿le sale natural o le cuesta mostrar sus emociones al gran público?
—La gente me dicen mucho que es como si me conociera, es como si formara parte de la familia y a veces lo digo: «Claro, es que voy contando todo lo que me pasa». Bueno, casi todo, pero sí que me gusta mucho mostrarme tal y como soy, aquí no hay un personaje. Me gusta hasta mucho hablar de mis fragilidades, de las cosas que no llevo bien, tanto en las canciones como encima del escenario o en una entrevista. Yo creo que también es que yo no iba a ser esto. Sí que canto desde niña, toco instrumentos, hacía mis conciertos y tal, pero yo estudié para ser psicóloga. De repente, pues pasa esto, pero no hay un pensamiento de voy a crear aquí un personaje artístico. La gente lo que ve ahí encima del escenario, es lo que hay. De hecho, hasta mi banda es mi banda de siempre, llevo con el batería desde mis 16 años. Mis músicos, los de Murcia, pues los conocí cuando estudié la carrera. Es ver a una panda de amigos encima del escenario contándote sus movidas.
—Durante este año ha descubierto una nueva faceta suya, la de actriz en la obra «Chavela: la última chamana», ¿qué balance hace de estos meses actuando y cómo ha sido combinarlo con la música?
—Yo este año solo de Chavela llevo ochenta y pico funciones y las que me quedan, claro. Creo que las artes se retroalimentan. Esto ha sido como un retazo para mí porque si ya me siento una impostora en la música, pues imagina de actriz. La verdad que estoy súper agradecida porque me lo propusieron, porque insistieron, y luego me he pegado un currazo de ensayar. Estoy rodeada de súper actrices, la directora Carolina Roman también me ha metido mucha caña y luego es que, claro, es que estamos haciendo una inimitable, o sea, de lo primero que me dijeron es: «No intentes imitar a Chavela, porque es imposible». Entonces es como volver a ser una niña, pues jugar mucho con lo que te pasa cada día, siempre tus emociones a favor de obra. Mis conciertos siempre son de lo que yo creo y esta vez yo estoy al mando de una directora. Son otros los que me dicen lo que quieren de mí en el escenario. Es una pasada lo que me está haciendo crecer, conocer mucho más de la figura de Chabela, conocer más de una profesión como el teatro, que es duro, que es muy fuerte todo lo que vives, y encima son los tres últimos días de Chabela. La muerte también está presente, es un viajazo emocional que te pasa por encima, y bueno, pues combinarlo, una cosa me relaja de la otra, y creo que se complementan mucho, que aprendo de cada una de las artes.
—¿Cuáles son los mayores retos que se está encontrando como actriz?
—Hay una cosa que me está costando mucho, que es la contención, porque yo me muevo mucho en el escenario, soy súper expresiva, y Chavela no lo era. Entonces el andar de otra manera, el cantar expresando mucho con la cara, pero sin mover el cuerpo.. Sí, sí, el trabajo de contención no pensaba que a mí me costaría tanto, pero claro, es que tienes que intentar acercarte a los movimientos y a la manera de ser de otros artistas, entonces, pues sí, eso me está enseñando mucho, y me está costando.
«Todo el mundo echa las responsabilidades a los artistas y sigue comprando su entrada para ir a ese festival»
—Ha habido una polémica recientemente en la industria de la música con la compra de múltiples festivales por parte del fondo proisraelí KKR. Usted ha mostrado en múltiples ocasiones su apoyo a Palestina, ¿qué opina de todo el revuelo que se ha generado a raíz de esta adquisición?
— Evidentemente sabéis cuál es mi posición. Yo aplaudo a quienes incluso se están quitando trabajo para intentar ser coherentes, pero hay una cosa que yo alucino: todo el mundo echa las responsabilidades a los artistas y sigue comprando su entrada para ir a ese festival. Entonces es como, oye, perdonad, pero que esto es una cuestión de absolutamente toda la sociedad. Tú no puedes criticar a un artista porque no piense como tú o porque no se moje mientras tú sigues comprando la entrada para ir a disfrutar, o sea, ¿esto qué es? Se tú coherente y mójate, implícate. Eso es lo que me rechina de todo esto, que siempre se exige a los artistas que piensen como tú, que tengan tu verdad, que defiendan lo tuyo, pero luego tú no haces por eso que estás exigiendo a los demás.
—En muchas ocasiones desde el público se exige a los artistas o a las figuras públicas que se posicionen en temas sociales y políticos, ¿cree que los cantantes deben posicionarse en este tipo de debates?
—Yo no voy a hablar de lo que hacen o no los demás. Yo tengo una manera de ver la vida desde pequeña. Los artistas que yo he seguido, pues sí que la gran mayoría tenían un compromiso social, pero es que creo que se juzga mucho lo que hace todo el mundo, pero no miramos cada uno lo que hacemos. Entonces, yo me centro en lo que yo quiero hacer, en lo que quiero decir. A veces, a mí me ha costado más dormir por callarme que por hablar. Cada uno es coherente con su forma y a veces no lo somos, es que es imposible a veces también ser coherente todo el rato, pero yo me centro en lo mío. A veces entiendo perfectamente que la gente no se moje, porque los linchamientos que recibimos, hay que ser muy fuerte para aguantarlos y no todo el mundo lo está. Yo creo que tengo que preocuparme por mi camino, pero no juzgo el de los demás.
—Cuenta ya con una carrera de más de una década, ¿cuáles son los mayores retos de una carrera así de longeva?
—Cuando estamos llegando ya al punto que estamos nosotros, la gente nos va diciendo: «Es que ya te estás consolidando». A mí, claro, me cuesta verlo todo desde fuera porque como estoy desde dentro, no sé cómo me ven de fuera. Pero bueno, es verdad que nosotros, por suerte, pues por ejemplo, el número de entradas vendidas cada vez es siempre un poquito mayor. O sea, no hemos llegado al momento de estancar ni nada de eso, pero yo siempre he tenido miedo a que me olviden, a aburrir, a que la gente deje de escucharte. Y eso creo que también es como algo que está ocurriendo por la presión social y del sistema, de la carrera, siempre hay que sacar un hit y eso es agotador. Estamos teniendo la suerte de que la gente con nosotros es bastante fiel. Tenemos un público muy transgeneracional. Parece que lo nuestro es una carrera como más de fondo, no de pelotazos, sino de que el cáldico se vaya haciendo a fuego lento.
«Si innovas mal, si no innovas mal, siempre tienes ahí el dedo acusador, pero creo que al final, a la conclusión que llego es que lo único importante es hacer algo honesto»
—A estas alturas de su trayectoria, ¿cómo afecta la presión tras tantos años?
—Es mucha la presión que recibimos y mentiría si dijera que no la siento. Incluso me la impongo yo, como que ahora tienes que estar siempre ahí, siempre arriba, siempre dar noticia y eso es imposible. ¿Hay que hacer lo que siempre has hecho o quieres innovar? Si innovas mal, si no innovas mal, no sé, es como que siempre tienes ahí el dedo acusador por parte de fuera, pero creo que al final, a la conclusión que siempre llego es que lo único importante es hacer algo honesto, pero hacerlo también es difícil. Entonces, el año que viene quiero parar precisamente porque creo que toca precisamente digerir. Ed Seeran dijo hace poco en «La Revuelta» que hay que aburrirse para crear y, si estamos todo el rato con la carrera, es imposible hacer algo que valga la pena. Hay que respetar los silencios, hay que mirar mucho al infinito para que tu mente se oxigene y salgan cosas potentes. Entonces, como llevo mucho tiempo sin parar, creo que lo mejor que podemos hacer por el arte es respetar los espacios y los tiempos y bueno, pues el sistema no te deja hacerlo así.
—La industria musical actualmente exige publicar canciones cada poco tiempo, mientras que música como la suya exige vivir experiencias, ¿cómo afecta esa contradicción a la hora de componer?
—Claro, es que si no vives no cantas. Entonces es contradictorio eso. Hay estilos de música o artistas que quizás sí que lo que necesiten sea precisamente eso, la ligereza. Un tema fresquito para que dure unos meses, pero en nuestro caso, que también hay canciones muy divertidas, pero hay otras muy profundas. Entonces, en nuestro caso eso no saldría bien.
«Mi crush como colaboración es Residente, que nos hemos conocido, pero claro, eso es como mirar muy, muy alto»
—En su discografía cuenta con múltiples colaboraciones y todas ellas muy variadas, ¿sigue habiendo alguna soñada que aún no se haya dado?
— Pues aunque parezca increíble, hay muchos artistas con los que yo no he colaborado (risas) y que claro que me encantaría. Pero bueno, sí, es muy fuerte, el nuestro es un caso muy particular porque he grabado con Boikot, Reincidentes, con Raphael, Miguel Bosé... Es como: «Hola, ¿qué tal? ¿Qué está pasando?» Hay muchos artistas con los que a lo mejor he cantado directo pero no he grabado, muchos nuevos que a mí me están inspirando muchísimo. Un sueño, pues mi crush es Residente, que nos hemos conocido, pero claro, eso es como mirar muy, muy alto. Es que yo apenas he pedido colaboraciones. Siempre me han sido pedidas y a mí me cuesta mucho, tiene que surgir como de manera natural. Y bueno, creo que es más importante que me centre en hacer canciones y que sean buenas, lo demás, pues si se da, pues maravilla.
—En diferentes ocasiones ha hablado de su gusto musical, que es muy variado yendo desde Rigoberta Bandini a Bad Bunny por ejemplo, ¿cuáles son los artistas que más está escuchando ultimamente?
—Pensaba que me ibas a decir Sociedad Alcohólica, que es lo que me dicen siempre (risas). Sorprende mucho que a mí me guste mucho el punk y el rock, pero es así. Soy súper melómana y el último disco de Bad Bunny, la verdad es que me lo estoy escuchando mucho y me encanta. También en la última visita a Puerto Rico, pues me fui a escuchar la plena y Edu Cabra, de Calle 13, fue el que me dijo, escúchate a los «Callejeros». Las cosas de «La Raíz», la verdad es que me están motivando mucho. Fíjate, «El Nido», que son de Burgos... Pero es que de repente me pongo un disco de Víctor Manuel de la época de la polca. Es que escucho muchísima música todo el rato, tiro mucho también de las listas que me hace el algoritmo. Lía Kali, la chavalita joven rapera, me flipa. El último de Rigoberto también me parece muy interesante, Zahara, me pongo mucho rock también. Escucho mucha música todo el rato, de todo.
—Por último, a pocos días de su actuación en Luanco, ¿qué recuerdos guarda de Asturias y de sus conciertos en el Principado?
—Tengo ya una cantidad de cosas fuertes con Asturias. Mi primera vez en Asturias fue de la mano de Víctor Manuel en su 50 aniversario, esa fue mi primera vez en Oviedo. Me sacó a cantar «Luna», ahora que se ha venido a Leturalma, que han venido él, Rodrigo Cuevas y Marisa Valle Roso. Imagínate cuando me presentó, dijo: «Quédense con este nombre, con Rozalén, porque ella no es un ave de paso, ha venido para quedarse». Ya después de eso, todas las cosas que me han pasado, no sé, las veces que he tocado, por ejemplo, ya han sido dos en Gijón, en la Semana Grande, en Oviedo también, en Avilés, ya no solo los conciertos, sino las amistades que tengo allí con Rodri, con Marisa, los premios que he recibido también de colectivos de allí. No sé, es un sitio donde yo me siento muy en casa y también yo creo que vosotros sentís que yo soy de allí. Entonces, pues es lo guapo de esto, que hay muchos lugares donde yo ya parece que me puedo empadronar y Asturias pues es una de ellas, claro.