El caldo asturiano ha experimentado un aumento exponencial de su calidad en los últimos años, y se está ganando el reconocimiento de los enólogos en una tierra hasta ahora dominada por la sidra
01 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.
Los vinos de Cangas del Narcea llegaron a ser una rareza que apenas despertaba interés. Sin embargo, los caldos amparados hoy por la Denominación de Origen Protegida (DOP) Vino de Cangas han aumentado tanto su producción como su calidad, y no han hecho más que ver crecer su prestigio entre enólogos y críticos. Todo un mérito para esta viticultura que parecía abocada a desaparecer.
Su historia se remonta al siglo IX, cuando los primeros monasterios impulsaron el cultivo de la vid. Fue el Monasterio de San Juan Bautista de Corias, en el siglo XI, el que consolidó esta tradición, fijando técnicas que aún hoy inspiran el trabajo en bodega, y la viticultura alcanzó su esplendor en torno a 1900, con más de 2.000 hectáreas de viñedo en producción.
Sin embargo, en las décadas siguientes, sufrió un enorme declive. Solo unas pocas cepas resistieron el abandono. Hoy, son apenas 55 hectáreas las que siguen activas, pero lo hacen con un vigor renovado, gracias al trabajo de un puñado de viticultores que han luchado por la recuperación de una identidad enológica propia.
Sus viñedos centenarios, plantados en pendientes de más del 30?%, son trabajados completamente a mano y certificados como viticultura heroica por el CERVIM
La DOP de Cangas es una de las pocas de España con certificación del Centro de Investigación, Estudio, Salvaguarda, Coordinación y Valorización de la Viticultura de Montaña (CERVIM, por sus siglas en francés). Este organismo internacional reconoce y promueve las zonas vitivinícolas que practican la viticultura heroica, un tipo de cultivo que se da en condiciones extremas. Efectivamente: los viñedos de Cangas se sitúan en pendientes con desniveles superiores al 30%, a menudo en bancales excavados en suelos de pizarra y piedra. Sin máquinas, cada cepa se trabaja a mano, desde la poda hasta la vendimia. La certificación reconoce tanto la dificultad como el valor singular de los vinos.
El mapa vitícola de Cangas abarca varios concejos del suroccidente asturiano: Cangas del Narcea, Degaña, Ibias y Allande. Todos comparten un mismo suelo difícil y un clima atlántico moderado por el abrigo de las montañas. Esta combinación crea un microclima con más horas de sol y menos precipitaciones que el resto de Asturias, lo que permite una maduración óptima de la uva, incluso en cosechas adversas para el resto del país.
Con variedades autóctonas como Albarín blanco y Carrasquín, los vinos de Cangas ofrecen frescura, mineralidad y una identidad única en el panorama vinícola español
Las cepas son en su mayoría centenarias y se cultivan con variedades autóctonas. El Albarín blanco es la reina de las blancas, y el Carrasquín y el Verdejo Negro alimentan los tintos. El Albarín negro, poco productivo pero de gran potencial, completa el perfil varietal de una zona que ha sabido preservar su herencia genética.
Los vinos de Cangas, según los expertos, destacan por su frescura, su acidez y su mineralidad. Los tintos jóvenes ofrecen aromas de frutas del bosque, hierbas y suelo húmedo, y los crianzas tienen notas balsámicas y terrosas, con taninos elegantes. Los blancos, por su parte, sorprenden con su intensidad aromática y equilibrio: manzana, melón, albaricoque y flores blancas se combinan en un trago largo, expresivo y con nervio.
La DOP Cangas registró en 2023 su mejor cosecha histórica con 235.021 kilos de uva, multiplicando por tres su producción respecto al año anterior
La vendimia de 2023 fue un punto de inflexión. Mientras en el resto de España la producción caía un 27?% por culpa de la sequía, Cangas registró su mejor campaña histórica con 235.021 kilos de uva, un 267,2?% más que el año anterior, más de la mitad de Albarín blanco, una variedad que se ha convertido en la punta de lanza del renacer vitícola asturiano.
La DOP fue reconocida oficialmente en 2014. Hoy agrupa a más de 50 viticultores y seis bodegas elaboradoras, con una producción de cerca de 100.000 litros anuales y perspectivas de crecimiento sostenido. El reconocimiento internacional ha llegado a través de guías especializadas y premios, pero sobre todo, por el interés creciente de consumidores que buscan vinos con alma, territorio y autenticidad.