El biólogo asturiano David Martínez Viejo ha analizado el impacto del cambio climático en estos animales
14 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El biólogo asturiano David Martínez Viejo emprende en los próximos años una investigación que puede esclarecer mucho la huella que el cambio climático deja realmente en la naturaleza. Ha empezado a desarrollar su tesis doctoral en la Universidad de Oviedo estudiando la vulnerabilidad de los anfibios ibéricos frente al cambio climático mediante trabajo de campo, laboratorio y modelos predictivos.
Como explica el biólogo, los anfibios —ranas, salamandras y tritones— «son mucho más que animales curiosos: son bioindicadores fundamentales porque reflejan de forma muy precisa la salud de los ecosistemas», y además «cumplen funciones ecológicas esenciales: regulan las poblaciones de insectos (muchos de ellos plagas o transmisores de enfermedades), sirven de alimento a aves, mamíferos y reptiles, y contribuyen a mantener el equilibrio en lagos, ríos y bosques». Por esta razón, su desaparición tendría «un efecto en cascada sobre toda la biodiversidad».
David Martínez señala que estos animales acaban siendo «muy maltratados por el cambio climático», porque «dependen de las masas de agua, que al subir las temperaturas cada vez son más escasas». Este hecho los convierte en un instrumento de medida extraordinario para comprobar el impacto real del aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones.
Su investigación se centra en cinco especies clave: la rana patilarga (rana ibérica), el complejo rana temporaria/rana parvipalmata, el tritón pirenaico (calotriton asper), el tritón alpino (ichthyosaura alpestris) y la salamandra común (salamandra salamandra). Estas especies son representativas de ambientes de montaña y están especialmente amenazadas por el calentamiento global. Por otra parte, los anfibios, aunque en distinta medida, son también muy sensibles a los agentes contaminantes, ya que, dado que su respiración es en parte cutánea, están dotados de una piel más fina, con barreras más débiles que las de otras especies, lo que los hace menos resistentes a los daños. Uno de sus problemas, por ejemplo, es la contaminación por hongos.
El trabajo de la tesis es singular: no se limita a estudiar las especies en general, sino poblaciones concretas con rasgos evolutivos propios, conocidas como unidades evolutivas marginales. Estas poblaciones, al vivir en zonas extremas o periféricas, pueden albergar una variabilidad genética clave para la supervivencia futura de cada una de las especies.
El investigador combina trabajo experimental en laboratorio, evaluando la tolerancia de los anfibios a la temperatura y la desecación; trabajo de campo en el Pirineo y otras montañas, recogiendo datos ambientales y observando cómo viven en su entorno natural; y modelización climática avanzada, usando modelos que simulan la interacción entre la fisiología de los animales y las proyecciones climáticas futuras.
Gracias a este sistema, podrá predecir qué zonas seguirán siendo habitables para los anfibios, qué poblaciones están más amenazadas y dónde podrían encontrarse futuros refugios climáticos. Según el autor, la importancia de la tesis es doble, ya que por una parte «aporta información sobre la respuesta de los anfibios al cambio climático y sobre cómo se generan adaptaciones locales». Y, por otra, desde el punto de vista social «servirá para diseñar estrategias de conservación más eficaces, protegiendo no solo a las especies, sino también a esas poblaciones únicas que representan una reserva de diversidad genética».
A fin de cuentas y en última instancia, según el biólogo asturiano, el objetivo es responder a una pregunta de gran relevancia: «¿Cómo podemos proteger la biodiversidad en un planeta que cambia tan rápido? Los anfibios, por su papel ecológico y como bioindicadores, nos advierten de las alteraciones ambientales y nos ayudan a anticipar problemas que también afectarán a la sociedad humana», concluye.