María Prieto, fisioterapeuta: «No solo las mujeres adultas sufren problemas de suelo pélvico. También los hombres y los niños»

La Voz

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La fisioterapeuta María Prieto es especialista en suelo pélvico
La fisioterapeuta María Prieto es especialista en suelo pélvico

La especialista detalla la función de esta zona y ofrece pautas para conservarla en buen estado

09 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El suelo pélvico es una de las partes del cuerpo más olvidadas. A pesar de su importancia para la calidad de vida y la salud integral, tanto en hombres como en mujeres, rara vez se le presta la atención que merece hasta que surgen alteraciones que afectan el día a día. Para evitar la incontinencia, las disfunciones sexuales o los problemas posturales es fundamental mantener esta estructura fuerte y saludable. ¿Y cómo lograrlo? Según la fisioterapeuta especialista en este ámbito María Prieto (Oviedo, 1996), mantener esta zona en buen estado pasa por una valoración temprana, ejercicios específicos y hábitos cotidianos bien cuidados.

—¿Qué es exactamente el suelo pélvico y qué función tiene en nuestro cuerpo?

—El suelo pélvico es un conjunto de músculos, ligamentos y fascias cuya función principal es cerrar la pelvis por la parte inferior. En la mujer sostiene la vejiga, el útero y el recto, mientras que en el hombre, la vejiga y el recto. Su papel más importante es mantener la continencia urinaria y fecal, aunque también interviene en la función sexual, en la postura y en la función reproductiva.

—¿Qué factores son los que contribuyen a que se debilite el suelo pélvico?

—Hay ciertos malos hábitos que realizamos con frecuencia que pueden debilitar el suelo pélvico como levantar peso sin respetar la postura ni la musculatura. También ocurre en pacientes con tos o estreñimiento crónico, ya que el esfuerzo repetido al empujar para defecar genera una presión extra sobre esta zona. Todo aquello que aumente la presión hacia ese suelo pélvico y provoque una hiperpresión puede, a medio o largo plazo, acabar debilitándolo. También el ejercicio, depende de cómo se ejecute, puede perjudicar. Actividades de impacto como el crossfit, el pádel o correr, e incluso otras que en principio no parecen de impacto, como pilates o yoga, pueden afectar al suelo pélvico si se realizan con una técnica incorrecta. Por eso, no existe un deporte “bueno” o “malo” para el suelo pélvico: lo que marca la diferencia es la forma en que se practican los ejercicios y si la técnica es adecuada.

—¿Cuáles serían los síntomas o señales que nos indicarían que ese suelo pélvico ya está debilitado o que comienza a debilitarse?

—Muchos de los primeros síntomas del debilitamiento del suelo pélvico suelen manifestarse como incontinencia. En el caso de la incontinencia urinaria, puede ser de esfuerzo —por ejemplo, al estornudar o toser—, o de urgencia, cuando la persona no logra llegar al baño a tiempo. En estos casos, algunos pacientes necesitan orinar con mucha frecuencia en distintos lugares para evitar escapes. También existe la incontinencia por rebosamiento, en la que la vejiga no avisa y acaba desbordándose. La incontinencia también puede ser anal, ya sea de gases o de heces. La de gases se manifiesta como la pérdida involuntaria de flatulencias, mientras que la fecal es más severa y suele darse en pacientes que han sido sometidos a cirugías de colon, colostomías... En estas situaciones, recuperar el control fecal puede resultar muy complicado, especialmente si el paciente ha llevado una bolsa durante varios meses.

—¿Cuándo se considera incontinencia urinaria?

—En el momento en que notamos aunque sea una sola gota, ya se considera incontinencia. Muchas veces se piensa que la incontinencia solo aparece cuando la persona se orina por completo o necesita llevar un pañal. Sin embargo, el hecho de reírse o estornudar y notar una gota, si ocurre con frecuencia, ya corresponde a una incontinencia urinaria

—¿Cuándo debemos de poner la situación en manos de un especialista?

—Cuando aparecen síntomas como dolor pélvico, sensación de peso, como si un bulto sobresale por la vagina, pérdidas de orina, gases o heces, o incluso sensación de hinchazón abdominal que podría estar relacionada con una diástasis abdominal —que también abordamos desde la fisioterapia—, es importante prestar atención. El dolor durante las relaciones sexuales o las molestias en esta zona son señales que deberían motivar la consulta con un fisioterapeuta especializado. Muchas veces las personas acuden cuando ya necesitan tratamiento, pero existe una parte fundamental de prevención. Antes de la menopausia o antes de buscar un embarazo, trabajar el suelo pélvico de forma preventiva es lo ideal para evitar prolapsos o incontinencias.

María Prieto posee formación específica en entrenamiento durante el embarazo y posparto, así como especialización en ecografía funcional y técnicas invasivas en suelo pélvico
María Prieto posee formación específica en entrenamiento durante el embarazo y posparto, así como especialización en ecografía funcional y técnicas invasivas en suelo pélvico

—¿Cómo es el proceso de diagnóstico?

—Cuando una persona llega a consulta, lo primero que hacemos es una valoración inicial. En esta primera evaluación realizamos una ecografía de la pared abdominal para medir la diástasis de los rectos y valoramos la musculatura profunda del abdomen, incluyendo los oblicuos y el transverso abdominal. Dependiendo del control motor de la paciente cuando tose o estornuda, de cómo responde su musculatura abdominal y de la fuerza y el tono del suelo pélvico, se realiza la valoración tanto tumbada como de pie. Esto último es importante porque muchas personas sienten peso por un prolapso o tienen pérdidas de orina principalmente en posición de pie, y es necesario evaluar el efecto de la gravedad y el peso de los órganos. En muchos casos, con la intervención de fisioterapia se puede abordar el problema directamente. Si no, colaboramos con ginecólogos, urólogos o coloproctólogos según la zona afectada y el tipo de problema. También acompañamos a las pacientes en los procesos prequirúrgicos y posquirúrgicos. Por ejemplo, si una paciente va a operarse de un prolapso, es fundamental fortalecer previamente el suelo pélvico, porque una cirugía sin esta preparación no solucionará el problema completamente. El objetivo es que la operación salga bien y asegurar una buena recuperación.

—En el momento que se tiene el diagnóstico, ¿cómo se trabaja o cuáles son los tratamientos a seguir para recuperar la salud de ese suelo pélvico?

—Después de la primera valoración, trabajamos con ejercicios de reeducación y entrenamiento personalizado. Utilizamos técnicas manuales, biofeedback, electroestimulación, neuromodulación e incluso tecnologías más avanzadas, como INDIBA ginecológica u ondas de choque. Algunas pacientes necesitan tratamiento con estas herramientas para acortar los plazos de recuperación, tratar cicatrices o aliviar dolor.Sin embargo, en otros casos, como pacientes oncológicas, no solemos usar tanta tecnología; nos centramos en ejercicios y terapia manual. Lo mismo ocurre con las embarazadas, ya que no se puede aplicar tecnología; en estos casos, trabajamos con ecografía para enseñar la correcta ejecución de los ejercicios, junto con técnicas manuales y ejercicios específicos.

—¿Qué hábitos pueden aplicar las personas en su casa, en su día a día para mantener su suelo pélvico saludable?

—Muchas veces nuestro objetivo es hacer un abordaje integral, combinando la terapia que realizamos en la clínica con ejercicios para hacer en casa. También trabajamos en modificar hábitos que pueden ser perjudiciales para el suelo pélvico como, por ejemplo, empujar para iniciar la micción cuando lo correcto sería sentarse y relajarse; o al defecar, algunas personas con estreñimiento empujan demasiado, lo que también puede debilitar el suelo pélvico. Otro hábito incorrecto es cortar el chorro de orina durante la micción; muchas personas piensan que fortalecerá la musculatura, pero en realidad puede provocar un vaciado incompleto de la vejiga y, en algunos casos, favorecer infecciones urinarias. Además, enseñamos a cuidar la postura, levantar pesos de manera correcta, realizar ejercicio físico seguro y aprender a gestionar la presión intraabdominal y controlar la respiración durante la actividad física

—¿Cómo pueden afectar los problemas en el suelo pélvico en la vida diaria de una persona?

—Muchas personas ven afectada su calidad de vida debido a los problemas de suelo pélvico. La incontinencia de orina o heces, por ejemplo, pueden generar inseguridad al salir de casa, ya que puedes tener escapes cuando están dando un paseo o tomando algo. Esto tiene además un gran impacto psicológico, por eso, en muchos casos, es necesario trabajar de la mano con psicología para abordar esta carga emocional. Las pérdidas urinarias también pueden limitar la práctica de ciertos deportes, especialmente los de impacto. Además, los problemas de suelo pélvico pueden afectar la vida sexual. El dolor durante las relaciones puede reducir el deseo y, en consecuencia, influir negativamente en la relación de pareja En casos más graves, como descenso de algún órgano o prolapsos severos, algunas personas requieren cirugía. En estas situaciones, podemos acompañar a la paciente durante todo el proceso, desde el tratamiento prequirúrgico hasta la recuperación postoperatoria.

—No solo las mujeres pueden tener un suelo pélvico débil. ¿Por qué los hombres también pueden verse afectados?

—Es mas conocido en las mujeres que en los hombres porque hay varias etapas de nuestra vida — embarazo, posparto, menopausia o menstruación— en las que es más fácil que tengamos síntomas de suelo pélvico pero los hombres también pueden tener problemas en el suelo pélvico. En el caso de ellos, el suelo pélvico sostiene la vejiga, el colon y el recto, y participa en la función urinaria y sexual. Muchos casos que vemos en hombres se relacionan con cirugía, como la de próstata por cáncer, vejiga o colon, ya que estos procedimientos pueden debilitar el suelo pélvico y provocar incontinencia o disfunciones sexuales. Algunos hombres también presentan síntomas por otros factores, como enfermedades neurológicas, por ejemplo, esclerosis múltiple. Atendemos además a hombres jóvenes e incluso deportistas que pueden experimentar dolor al eyacular o durante el orgasmo si el suelo pélvico está demasiado tenso. Al igual que en las mujeres, un suelo pélvico con exceso de tensión también puede causar molestias. Hoy en día, con el ritmo de vida tan acelerado, es frecuente que exista esta tensión en la musculatura.

—Los problemas de suelo pélvico no son tampoco cosa de adultos...

—Exacto. Los niños también pueden sufrir problemas en el suelo pélvico. También hay pacientes pediátricos que presentan problemas, como la enuresis, que es la incontinencia urinaria nocturna. Algunos niños tienen miedo a defecar, lo que puede generar estreñimiento crónico; al sentir dolor al evacuar, tienden a evitar hacerlo. Por ello, incluso sin tener ninguna alteración grave, estos niños pueden beneficiarse de la fisioterapia del suelo pélvico. Además, existen pacientes pediátricos con alteraciones congénitas o malformaciones que también pueden recibir tratamiento de fisioterapia del suelo pélvico.

—¿Qué otros mitos sobre el suelo pélvico le gustaría desmentir?

—Un error común es pensar que el suelo pélvico solo afecta a mujeres mayores, cuando en realidad también vemos problemas en chicas jóvenes, deportistas e incluso en hombres. Otro mito es que las pérdidas de orina tras el parto son «normales». Lo frecuente no significa que debamos normalizarlo. Lo ideal es consultar a un especialista para valorar la situación, determinar si es necesario hacer ejercicios y evaluar la gravedad, teniendo en cuenta el momento posparto: no es lo mismo estar a una o dos semanas de haber dado a luz vaginalmente que 10 meses después. Tampoco todos los ejercicios son adecuados para todas las personas. Por ejemplo, los ejercicios de Kegel —contraer y relajar el suelo pélvico— no siempre son beneficiosos. Algunas personas tienen exceso de tensión en esta musculatura, y aumentar esa contracción puede ser contraproducente. Entonces, el abordaje del suelo pélvico debe ser integral: ejercicios hipopresivos, de fuerza, trabajo postural, abdominal, de glúteos y de toda la musculatura circundante, no solo centrarse en contraer y relajar el suelo pélvico. Y hay que intentar cuidarlo para que no nos de problemas.

—¿Algún otro consejo que le gustaría dar sobre cómo cuidar el suelo pélvico?

—Hay que escuchar nuestro cuerpo y no normalizar los síntomas. Las pérdidas de orina o el dolor durante las relaciones sexuales son frecuentes, pero eso no significa que debamos aceptarlos. Si sentimos algo que no parece normal, es importante consultar a un profesional. Y si la respuesta no nos convence o no nos ayuda, conviene buscar a alguien especializado y formado en suelo pélvico. Cuidar esta zona es tan importante como cuidar la alimentación, el ejercicio físico o cualquier otra parte del cuerpo. Hacer revisiones periódicas, como cuando vamos al ginecólogo o al dentista, ayuda a mantener un control sobre nuestra salud pélvica. Además, cuanto antes se consulte, antes se puede mejorar el problema, con menos sesiones y menos tratamiento.