La comunidad es una de las pocas que ya ha superado el objetivo marcado por la UE
07 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Asturias se encuentra entre las regiones, no sólo de España, sino de toda Europa, en la que un mayor porcentaje de su población tiene estudios universitarios. La proporción de asturiano con estudios superiores es similar a la d territorios como Oslo, Luxemburgo o Zurich.
Así lo reflejan los últimos datos publicador por la oficina estadística de la UE, Eurostat, en concreto indican que en Asturias el 58% de la población entre 25 y 34 años tiene estudios superiores. Dentro de España ese porcentaje sólo es superado por Cantabria (61%), País Vasco (67%) y Navarra (60%) y se quedan muy cerca de Asturias Madrid, Cataluña y la Rioja (que rondan el 57% y 58%).
En el caso de Asturias es preciso destacar además que los estudios superiores tienen una predominancia femenina. Los últimos datos del INE, correspondientes a los años 2021 a 2023, revelan que en el Principado se ha ido incrementado la población con estudios superiores (hasta ser más de 300.000 personas entre los mayores de 15 años), y de ese total el 53% son mujeres. Según el informe 'Las universidades españolas. Una perspectiva autonómica', elaborado por la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD); el sistema universitario asturiano es uno de los más pequeños del país. Representa el 1,4% del total de matriculados en universidades presenciales y el 1,2% de los egresados. En titulaciones y profesorado, sus cuotas son del 1,6% y del 1,7%, respectivamente. Asturias se distingue por su especialización en disciplinas científicas y tecnológicas. Es la comunidad con mayor proporción de titulados en estudios STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), con un 29,2% del total, ocho puntos por encima de la media nacional. Ocupa la primera posición en ciencias de la vida y en ciencias físicas, químicas y geológicas, la segunda en informática y la quinta en ingenierías.
En su último balance, Eurostat destaca que la Unión Europea está cerca de alcanzar su objetivo de que, para 2030, al menos el 45% de los jóvenes de entre 25 y 34 años cuenten con estudios universitarios o de nivel superior, un porcentaje ya superado por Asturias. Según los últimos datos publicados por Eurostat, en 2024 el 44,2% de los europeos de esa franja de edad ya había alcanzado la educación terciaria, una cifra que refleja un avance sostenido en la última década, aunque con marcadas diferencias entre regiones.
De las 242 regiones europeas analizadas, 84 ya cumplen o superan el objetivo fijado por Bruselas. Entre las que presentan mayores niveles de formación universitaria destacan los grandes polos urbanos y económicos del continente, donde la concentración de universidades, centros de innovación e industrias tecnológicas impulsa el acceso a la educación superior. Entre ellas figuran las regiones capitales de países como Bélgica, Dinamarca, Irlanda, España, Francia, Lituania, Hungría, Países Bajos, Polonia, Eslovaquia y Suecia. También, según Eurostat «sobresalen seis regiones del norte de España especializadas en manufactura avanzada», las regiones irlandesas vinculadas a la industria farmacéutica y tecnológica, y otras áreas como Utrecht y Groningen (Países Bajos), Brabante Valón (Bélgica), Midi-Pyrénées (Francia), además de Chipre y Luxemburgo. En todas ellas, al menos el 57,5% de los jóvenes de entre 25 y 34 años ha completado estudios terciarios.
En el otro extremo, 24 regiones europeas no alcanzan el 26,5% de jóvenes con educación universitaria. Se trata, en su mayoría, de territorios rurales o aislados, con economías centradas en el sector agrícola y escasas oportunidades de empleo cualificado. En estas zonas, la formación profesional y el aprendizaje en el trabajo siguen siendo la vía principal de inserción laboral. Entre las regiones con menores niveles de educación terciaria se encuentran la mayoría de las de Rumanía y Hungría, las islas italianas de Sicilia y Cerdeña, así como algunas regiones de Chequia, Francia, Grecia, Croacia y Portugal. Este desequilibrio territorial refleja una brecha persistente en el acceso a la educación superior, que sigue siendo uno de los principales retos para lograr la cohesión social y económica dentro de la Unión Europea.