La cultura en Asturias vibra en las ciudades y se apaga en los pueblos

Sergio Muñoz Solís
Sergio M. Solís REDACCIÓN

ASTURIAS

Laboral Ciudad de la Cultura, Gijón
Laboral Ciudad de la Cultura, Gijón Noé Baranda / Turismo Asturias

La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España, elaborada por el Ministerio de Cultura, confirma que el Principado mantiene un nivel de participación cultural superior a la media del país. Sin embargo, los datos dibujan un mapa con claros contrastes entre zonas urbanas y rurales

12 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Asturias aparece, un año más, como una de las comunidades con mayor vitalidad cultural de España. Los asturianos leen, escuchan música, asisten a espectáculos y valoran con entusiasmo la oferta disponible. La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2024-2025, elaborada por el Ministerio de Cultura, confirma que el Principado mantiene un nivel de participación cultural superior a la media y que la satisfacción con las actividades presenciales es muy alta. Sin embargo, los datos también dibujan un mapa con claros contrastes: la cultura se concentra en el eje urbano que forman Oviedo, Gijón y Avilés, mientras que el resto del territorio participa con menor intensidad.

El interés por la cultura en el Principado es indiscutible. Los hogares asturianos están entre los mejor equipados de España en soportes musicales y audiovisuales, lo que muestra una fuerte vinculación con el consumo cultural desde casa. También el cine y las series mantienen un peso importante en las preferencias, con un interés medio de 6,8 puntos sobre 10, ligeramente superior al promedio nacional.

La lectura continúa siendo una seña de identidad. Asturias figura entre las comunidades con mayor hábito lector, y una amplia mayoría de la población afirma leer libros por ocio. Las bibliotecas, tanto físicas como digitales, siguen siendo un espacio de referencia, aunque su uso varía según la ubicación. En las áreas urbanas, la consulta y el préstamo son habituales; en los municipios más pequeños, las distancias y la falta de equipamientos reducen esa participación.

La asistencia a conciertos, obras de teatro o espectáculos de danza goza de buena salud, pero las cifras revelan una concentración evidente en el área central. La mayor parte de la programación estable se celebra en los grandes recintos de Oviedo, Gijón y Avilés, donde también se ubican los principales museos y centros culturales. En el resto del territorio, especialmente en las zonas rurales y de montaña, la oferta es más escasa y depende a menudo de iniciativas locales o de actividades puntuales organizadas por los ayuntamientos.

Museo de Bellas Artes de Asturias
Museo de Bellas Artes de Asturias

Esta diferencia territorial no es exclusiva de Asturias. A nivel nacional, el Ministerio de Cultura detecta una brecha significativa entre el consumo cultural en zonas urbanas y rurales: la asistencia a eventos, el acceso a bibliotecas o la suscripción a plataformas digitales son muy superiores en los entornos urbanos. La explicación se repite: más oferta, más infraestructuras y mejor conectividad. En las áreas rurales, la falta de equipamientos y las dificultades de transporte son factores que limitan la participación cultural.

En Asturias, la realidad parece ajustarse a esa tendencia. En los municipios pequeños, los encuestados citan como principales obstáculos la ausencia de actividades cercanas y los problemas de desplazamiento, mientras que en las ciudades la causa más habitual para no participar es la falta de tiempo. La cultura está disponible en el área central, pero a menudo resulta difícil acceder a ella fuera de ese triángulo urbano.

El interés, en cambio, es generalizado. El público que asiste a espectáculos o visitas culturales otorga puntuaciones de satisfacción que superan los 8,5 puntos sobre 10. El disfrute es alto y la percepción de calidad, también. La distancia entre la oferta y la demanda no radica tanto en el desinterés como en la accesibilidad. Asturias muestra así un perfil culturalmente activo, pero con un mapa desigual en el que la actividad se concentra, mientras que la periferia depende de esfuerzos individuales y de iniciativas municipales para mantener viva la programación.