«La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada». La cita del filósofo alemán Arthur Schopenhauer refleja a la perfección la necesidad de cuidarse no solo para vivir más, sino para vivir mejor. Hasta hace apenas unas décadas, el ser humano se preocupaba más por subsistir que por su propio bienestar, pero con el tiempo se ha producido un cambio de paradigma. Hoy en día nos cuidamos más, y eso implica adoptar un estilo de vida saludable. La alimentación, el ejercicio y unos hábitos alejados de sustancias legales pero nocivas, como el alcohol o el tabaco, permiten envejecer mejor y reducir las dolencias. Además, en los últimos años, todo lo relacionado con la salud mental ha dejado de ser un tema tabú para formar parte de la agenda social y política. Esto se traduce en que cada vez es más frecuente acudir a especialistas de estas disciplinas.
Como es habitual en cualquier ámbito de la vida, los cambios se producen por la reivindicación social, pero, para que se consoliden, las administraciones públicas juegan un papel fundamental. Un ejemplo es la ley del tabaco: las prohibiciones comenzaron a implementarse en 2005 y se endurecieron en 2010. Por aquel entonces hubo una fuerte respuesta social, pero el paso del tiempo ha constatado los beneficios de una normativa que ahora vivirá una nueva vuelta de tuerca. El Consejo de Ministros ha aprobado un anteproyecto de ley que incluye nuevas medidas frente al tabaquismo y regula productos relacionados con el tabaco. Entre otras medidas, amplía los espacios sin humo y limita la publicidad de estos productos.
Otra de las herramientas para poner freno al tabaco son los diferentes programas encaminados a ayudar a las personas que intentan dejar de fumar. Asturias cuenta con una unidad específica que guía a los pacientes en un proceso complicado, pero del que todos los que logran abandonar el hábito salen satisfechos.
Salud mental
Si hay un asunto que ha ganado peso en la agenda social y política en los últimos años, es el de la salud mental. El testimonio de personajes relevantes—como políticos, actores, cantantes o deportistas— que han reconocido haber pasado por problemas mentales, ha permitido normalizar un tipo de enfermedad que hasta hace poco permanecía oculta por el estigma que suponía compartir las experiencias en público. Todo eso ha cambiado, especialmente después de la pandemia, y ahora es una de las prioridades de las administraciones. En este contexto, el Principado de Asturias ha dado un paso significativo al firmar el Pacto por la Salud Mental en julio de 2025. Este acuerdo histórico reúne a más de un centenar de entidades sociales, profesionales y políticas con el objetivo de priorizar la salud mental en la región. El pacto complementa al Plan de Salud Mental, que busca transformar el modelo asistencial, pasando de un enfoque clínico a uno más social e inclusivo. La iniciativa reconoce los derechos de las personas con sufrimiento psicosocial y promueve su participación activa en la sociedad, garantizando su bienestar emocional y social.
El problema de la obesidad
Por otro lado, Asturias enfrenta una problemática creciente: la obesidad. No es exclusiva del Principado, pero, según datos recientes, la región presenta una de las tasas más altas de obesidad en España, con un 21,2 % de la población adulta afectada. Esta cifra sitúa a Asturias por encima de la media nacional y refleja una tendencia preocupante en la salud pública. La obesidad es un factor de riesgo para diversas enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2, la hipertensión y los problemas cardiovasculares. Además, afecta negativamente a la calidad de vida y aumenta los costes del sistema sanitario. Para abordar esta problemática, es esencial implementar políticas públicas que fomenten hábitos saludables, como la promoción de la actividad física, una alimentación equilibrada y la educación en salud desde edades tempranas.
El reto de las áreas sanitarias
En respuesta a estos desafíos —y a otros muchos, como las listas de espera—, el Gobierno del Principado de Asturias ha aprobado el Decreto 86/2025, que establece un nuevo mapa sanitario para la región. Esta reorganización reduce el número de áreas sanitarias de ocho a tres: Occidente-Costa, Centro-Suroccidente y Oriente. Cada una de estas áreas contará con un hospital universitario, lo que busca mejorar la eficiencia en la gestión de los recursos y optimizar la atención sanitaria. Esta medida responde a la necesidad de adaptar el sistema a las demandas actuales de la población y garantizar una atención de calidad en todo el territorio.