Otra «Perlora» en el corazón de Tineo: El incierto futuro del poblado de Soto de la Barca
ASTURIAS
Tras no conseguirse los fondos con los que se iban a rehabilitar varias viviendas, espacios verdes y equipamientos, el porvenir de este enclave es una incógnita. El estudioso de este emplazamiento e historiador del Arte Rubén Domínguez afirma que, «sin duda, merece una recuperación», pues es una obra de «un grandísimo arquitecto», con «una calidad arquitectónica reseñable»
28 oct 2025 . Actualizado a las 09:11 h.El futuro de la ciudad de vacaciones de Perlora ha ocupado muchas páginas y tiempo en los medios de comunicación del Principado, de manera merecida, dado su ilustre pasado ligado, además, a un contexto muy concreto: el de los servicios para trabajadores asociados con el desarrollismo.
Perlora, sin embargo, es solamente uno de los muchos ejemplos de «poblaciones» que nacieron al calor de este fenómeno. Sin ir más lejos, el poblado de Soto de la Barca es otro de ellos si bien, en este caso, ligado a las soluciones habitacionales para el trabajo, no para el ocio, como era la ciudad de vacaciones ubicada en Carreño.
Se trata, el de Soto, de un conglomerado de edificios al que se lleva tiempo tratando de encontrar una segunda vida. Recientemente el Ayuntamiento de Tineo se veía obligado a devolver los 3,5 millones de euros de fondos que recibió en 2023 para crear un proyecto de cohousing en este antiguo enclave residencial junto a la central térmica de Soto.
Esta iniciativa que contemplaba, entre otras medidas, la urbanización y rehabilitación de esta zona, cedida por Naturgy al consistorio tras el cierre de la central, no cuajó debido a que una de las empresas que se iba a encargar de los trabajos (los de urbanización, en concreto) no cumplió con los plazos de entrega de su proyecto.
En este sentido, la concesión de ayudas estaba ligada a la realización de ambas partes. Los 3,5 millones de euros se iban a invertir en la rehabilitación interior de 14 viviendas unifamiliares, de las aproximadamente 30 que hay en el poblado. También estaba previsto mejorar la urbanización y sus espacios verdes y la reforma de algunos de los equipamientos comunitarios del poblado.
El origen del poblado
La central térmica del Narcea, o central térmica de Soto de la Barca, era una instalación termoeléctrica de ciclo convencional que contaba con tres grupos térmicos de 55,5, 166,6 y 364,1 megavatios, respectivamente, que cerró y se desconectó de la red eléctrica el 30 de junio de 2020.
El proyecto de este equipamiento de producción energética se empezó a desarrollar a principios de los 60, por iniciativa de Higinio González-Mayo, para aprovechar el carbón de las minas de la cuenca alta del río Narcea y del norte de León.
Unas instalaciones de este tipo en aquellos años demandaban una gran cantidad de mano de obra. Para alojar a todos estos profesionales, tanto para los obreros como para los mandos más especializados e ingenieros, se creó un poblado de viviendas y chalets.
A pesar de que, según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística, Soto de la Barca cuenta con 24 habitantes, en el momento de máxima actividad y apogeo de la central llegó a disponer de medio millar, y en torno a la mitad de esa cifra se empleaban en las instalaciones.
Un conjunto hijo del paternalismo empresarial
El editor de contenidos de Patrimoniu Industrial e historiador del Arte adscrito al tipo de investigación Escenarios Para El Arte de la Universidad de Oviedo, Rubén Domínguez, explica en 'La vivienda moderna: arquitectura y diseño', obra en cuya redacción ha colaborado, que, en línea con las políticas paternalistas de las empresas tan propias de los comienzos de la industrialización, la entonces Hidroeléctrica de Moncabril se propuso la creación de un poblado obrero para asumir el fuerte incremento demográfico y ofrecer servicios de residencia, escolarización, comercio, ocio, además de contar con equipamientos destinados al culto.
El proyecto definitivo, rubricado en Madrid en enero de 1963, le fue encargado al arquitecto coruñés Ramón Vázquez Molezún. Además de a los de Soto de la Barca, el poblado también estaba ocupado por los trabajadores encargados de los saltos de La Florida y Calabazos, así como los de las redes de distribución.
Las viviendas bifamiliares ocupan la mayor parte de la superficie de la zona central del poblado, mientras que a las unifamiliares pareadas se destinó «la mayor parte del terreno, con unas dimensiones que oscilan entre los 74,51 y los 158,83 metros cuadrados, atendiendo a la jerarquización de sus inquilinos y adscritos a cuatro tipologías diferentes».
Rubén Domínguez destaca que «en todas ellas predomina la apertura de grandes vanos hacia las estancias de uso común y están dotadas de tres habitaciones, salón, cocina y baño». En las tipologías «de mayor rango se incorporan habitaciones y aseos para el servicio».
Todas estas construcciones «cuentan con una parcela para disfrute privado y sus paramentos incorporan en los acabados losas de piedra de cantería o plaqueta cerámica que imita el ladrillo».
Entre los edificios de uso comunitario destacan la residencia y la iglesia parroquial de Santa María, ambos de autor desconocido. El primero «es un inmueble de dos alturas que acogió estancias de club, despachos para delineantes, topógrafos e ingenieros, cocina, lavandería y dormitorios». La iglesia, situada en el extremo opuesto del poblado, «sustituye a la anterior del siglo XVIII que hubo de ser demolida con la llegada de la central». El templo fue consagrado en 1968 por el arzobispo de Oviedo, Vicente Enrique y Tarancón.
El poblado de la Central Térmica del Narcea se vio completado, en la década de 1970, con otros edificios destinados a servicio médico, centro social, escuelas y piscinas.
Un enclave que «sin duda, merece una recuperación»
En conversación con La Voz, Rubén Domínguez destaca del conjunto, «por un lado, la calidad arquitectónica de los inmuebles que forman parte del poblado, que se adscribe al movimiento moderno» y por otro «la figura del arquitecto, Ramón Vázquez Molezún, que hasta que se publicó ese trabajo era desconocido y de él solo se conocía una obra en Asturias, muy tardía, de la Universidad Oviedo en Gijón».
En este sentido, considera que, «evidentemente, más allá de lo material también forma parte casi indisoluble de la historia contemporánea de la zona, en el sentido histórico o identitario para los vecinos de esa zona, al igual que la Térmica».
El origen del poblado en sí, también es una especie de bruma de un tiempo pasado. Un paternalismo empresarial, que si bien no ha desaparecido del todo, con manifestaciones diferentes en tiempos modernos, es puramente «heredero del paternalismo del siglo XIX y que contemplaba la construcción de poblados asociados a cada fábrica, cada uno dotado con todo tipo de servicios para realmente crear una forma de vida un tanto autárquica».
Esta filosofía tenía «una doble vertiente». Por un lado, una positiva de «un establecimiento que se hace nuevo, como es la térmica del Narcea, creando un núcleo de población que acoja a toda esa gente que en ese momento no había allí» y, «por otro lado, a las empresas este tipo de políticas también les da cierto control del tiempo libre que pasan los obreros fuera de la fábrica».
Este historiador del Arte considera que el conjunto, «sin duda, merece una recuperación, pues es una obra de un grandísimo arquitecto y, además, de una calidad arquitectónica reseñable». El uso que se le ha de dar, sería «más o menos para el que fue diseñado, de viviendas y equipamientos, que va un poco en la línea del proyecto que iban a desarrollar». Eso sí, «la intervención de restauración de los diferentes espacios debe realizarse de una manera respetuosa con el diseño original de los inmuebles, con los acabados materiales de las fachadas...».
Esto implica, además, respeto también por «los propios viales y la disposición urbana del poblado». En este sentido, Rubén Domínguez pone como ejemplo el poblado obrero de Llaranes, vinculado a Ensidesa, en el que «luego las viviendas se vendieron y sigue siendo un poblado no asociado a ninguna empresa, pero que tiene la función de residencia, de colegio, de parque infantil, de iglesia...».