La sospecha de un tráfico ilegal para explicar la desaparición de reses choca con el sistemas de trazabilidad de los animales y los registros
05 nov 2025 . Actualizado a las 14:39 h.La denuncia por la desaparición de una vaca de raza asturiana de los valles de una explotación de Boal, cuyos propietarios sospechan que podría haber sido robada para su venta en la zona próxima de la provincia de Lugo, y la de otra vaca y un ternero de otra ganadería en Santa Eulalia de Oscos, pone sobre la mesa la cuestión del mercado ilegal de ganado. El pasado mes de junio, la Guardia Civil desarticulaba un grupo criminal dedicado al robo de ganado en explotaciones de Lugo y Ourense. La investigación se inició tras detectarse un repunte de este tipo de delitos en la zona. Por lo tanto, está práctica ilegal existe, pero es difícil de ejecutar y deja rastro, por las garantías de trazabilidad y registros de los animales, desde su nacimiento a los movimientos y ventas que se hagan con ellos o su muerte, desaparición o eliminación.
Isabel Vilalba, secretaria xeral del Sindicato Labrego Galego, apunta que con la ley en la mano, si bien siempre se pueden dar supuestos de tráfico ilegal, «pois hai casos de persoas que desaparecen e nunca se chega a saber que foi delas», son muy dificiles de llevar a la práctica sin que queden evidencias.
Cada animal tiene un crotal oficial que lo identifica de forma única; los nacimientos y movimientos (entradas y salidas de las granjas) se comunican a través de la Oficina Agraria Virtual o llamando al 012 o directamente a la Administración y se registran en bases de datos, y el animal debe ir acompañado del Documento de Identificación Bovina (DIB) en sus traslados nacionales, expedido por la autoridad competente.
Además, para hacer el seguimiento en la explotación y el matadero, los ganaderos deben notificar la entrada y salida de animales en un plazo de 7 días; cada granja lleva un libro donde se registran los movimientos del ganado, y para hacer el sacrificio en el matadero se debe tener toda la documentación en vigor.
Con todos estos registros, la práctica de cambiar el crotal también deja huella, pues habría que explicar qué pasó con la res original que lo tenía. Además, los controles se han intensificado con la dermatosis modular contagiosa, viral del ganado bovino.
Con la vía cerrada al sacrificio de animales robados en un matadero, queda la hipótesis de que se haga para consumo propio. Pero si un animal desaparece también queda registrado y deja un rastro. Si son casos contados puede suponerse que fuesen víctimas de lobos, sin dejar huellas, o que cayesen en zonas de difícil acceso. Pero de ser un número elevado, la alarma saltaría en los registros.
En definitiva, un fraude podría ocultarse a corto plazo, pero en la siguiente campaña de saneamiento se evidenciarían las irregularidades por la desaparición de reses, dejando un rastro posible de seguir para cercar a los infractores: «É moi difícil que haxa unha mala praxis nese sentido, porque é un proceso moi documentado. Pode darse? Si, e de feito déronse, pero é moi difícil porque non creo que algún matadoiro se arrisque a sacrificar animais se non ten todo documentado», concluye Isabel Vilalba.
Puede ocurrir que un ganadero adquiera el animal robado que le ofrecen ignorando que es ilegal. De hecho, la ganadería de Boal donde ha desaparecido una vaca ofrece una compensación económica a quien, de ser ese el caso, se lo notifique. Podría ser así por la repercusión que ha tenido la noticia en las redes sociales, divulgando fotos de la vaca.
En junio, la Guardia Civil detuvo a cuatro personas por hurto de animales en la provincia
El pasado mes de junio la Guardia Civil detenía a los cuatro integrantes de un grupo criminal especializado en el robo y hurto de animales en explotaciones ganaderas de la provincia de Lugo. Los detenidos con edades comprendidas entre los 25 y 53 años de edad, residían en Láncara y Carballedo, y cada uno de ellos tenía una función determinada en su organización. Así, uno ubicaba e informaba del lugar a desarrollar la actividad delictiva; otro era el encargado de la logística del grupo, aportando vivienda, fincas y vehículos para el transporte, y por ultimo estaban los miembros que accedían a los recintos ganaderos para cometer las sustracciones.
Tras sustraer los animales elegidos y fracturar su crotal identificativo, los transportaban hasta el lugar de venta o a una finca anexa a la vivienda de uno de los detenidos a la espera de su venta ilícita.
El radio de su actividad delictiva rondaría principalmente la provincia de Lugo con algún hecho puntual en provincia de Ourense, eligiendo en algún caso explotaciones ganaderas que conocían por haber sido vecinos de un pueblo cercano a la misma, situación que les otorgaba información privilegiada para la comisión del robo.
Alguno de los animales robados fueron vendidos a otro integrante del grupo. Solo uno de ellos era titular de una ganadería. Al resto no les conocía actividad remunerada alguna.