Rodrigo Fáez presenta su primer libro, «La mochila lo es todo»: «Fue una especie de terapia; necesitaba soltar ciertos anclajes del pasado»
ASTURIAS
«La gestión del Sporting es regulera tirando a mala; le pondría un cinco o un seis», opina el periodista gijonés sobre el paso de Orlegui por el club rojiblanco
14 nov 2025 . Actualizado a las 14:41 h.Rodrigo González Fáez (Gijón, 1982), más conocido simplemente como Rodrigo Fáez, es una de las caras más visibles del periodismo deportivo, especialmente si estás inmerso en redes sociales. El asturiano fue uno de los primeros informadores que dieron el paso a crear contenido y piezas informativas en redes, además de colaborar con grandes creadores para hacer entretenimiento. En los medios de comunicación convencionales ha trabajado junto a profesionales como Josep Pedrerol y en gigantes como beIN Sports, COPE o el FC Barcelona. Ahora combina su trabajo en ESPN con su canal de YouTube, en el que cuenta con cerca de medio millón de suscriptores y triunfa con su serie «24 horas con deportistas profesionales», que acumula millones de reproducciones. Su última aventura ha sido escribir un libro, «La mochila lo es todo», en el que repasa su trayectoria profesional y comparte reflexiones sobre la profesión.
—¿Cómo surge la oportunidad de escribir este libro?
—Me llaman desde la editorial Planeta, que siempre se han portado muy bien conmigo, y a mí me sorprendió, porque entiendo que haya gente que quiera contar su historia y su trayectoria, pero yo no me veía ni con fuerzas ni, seguramente, con ganas. Pero sí que es cierto que me dieron total libertad desde el principio, y sí lo agarré con bastantes ganas. En vez de ir de más a menos o de menos a más, siempre fui bastante constante, y fue un libro que fuimos escribiendo en trenes, en coches, en aeropuertos, en salas de espera, y la verdad es que no me supuso demasiada dificultad, que era un poco el miedo que tenía por el poco tiempo que tengo yo libre en el día a día. Fue una cosa de dos meses y medio: entre que me llamaron, me avisaron, me puse y terminé el libro, fue una cosa muy rápida, porque me salía todo muy orgánico.
—¿Era algo que se habías planteado alguna vez o todavía no lo había pensado hasta que se lo propusieron?
—Sí que me lo había propuesto en un par de ocasiones anteriormente, pero uno fue para hablar de un jugador que no salió y otro era para hablar un poco de otras historias diferentes, más enfocadas a los viajes que a mi trayectoria en YouTube. Siempre, en estos dos últimos proyectos, intentando tirar más de YouTube y, sobre todo, intentando contar la intrahistoria. Pero sí que es cierto que lo que diferencia esta idea de las dos anteriores es que es única y exclusivamente mi trayectoria.
«Es una opción para que los jóvenes que están estudiando y que quieren dedicarse a esto vean que no todo es de color de rosa»
—Por lo que cuenta, podría ser útil para aquellos jóvenes que estén estudiando Periodismo o se planteen hacerlo, ¿no?
—Es una opción para que los jóvenes que están estudiando y que quieren dedicarse a esto vean que no todo es de color de rosa, que no todo es tan sencillo como parece, que no es montar una cámara, hablar con un jugador y darle fuerte a YouTube o al periodismo. Al final, creo que es un poco lo que diferencia. Es una especie también de intención de decir a mucha gente que me ha preguntado —y que estoy súper agradecido—, pero como no tienes opción de hacer reuniones con cada estudiante, es de aúnarlo todo en un mismo proyecto e intentar enseñar lo que, como mínimo, a mí me ha ocurrido. No enseñar sobre lo que va este sector, sino contar mi historia, que puede ser igual, parecida o diferente completamente en cada caso.
—¿Siempre tuvo clara la idea sobre la que quería que se desarrollase el libro?
—Yo creo que siempre lo tuve claro, porque a la editorial siempre le dije desde el principio que yo no quería hablar de otras personas, porque primero no tenía el tiempo, segundo, tampoco tenía la paciencia y, tercero, luego, hablar de otras personas requiere un lío tremendo a nivel de permisos, de derechos… Es un rollo que no te puedes imaginar. Por lo cual, yo dije: si es algo que a mí no me cuesta mucho tiempo y me viene bien para, primero, desahogarme a nivel personal, para dar un poco las indicaciones de lo que yo he tenido que sufrir —que también es una especie como de liberación personal para contar ciertas cosas que creo que se pueden contextualizar bien en un contexto tan complicado como es el de estas últimas temporadas, por el hecho de las prisas, por el hecho de que nadie tiene la pausa necesaria—, entonces yo, desde el principio, sí que lo tenía claro. Así se lo hice llegar a la editorial, a los responsables, y desde el principio me dijeron que sí, que estaban encantados con la idea, y al final llegó a buen puerto.
—Ha explicado que fue un proceso bastante rápido el escribirlo, ¿cuál fue entonces la mayor dificultad que se encontró?
—Seguramente la mayor dificultad a nivel de contenido es cuando hablas de ti mismo, porque yo soy una persona muy tímida, a pesar de que igual no lo parezca, porque, como decía José Ramón de la Morena, me pongo la careta y da la sensación de que soy una persona muy abierta, muy dicharachera, pero no. Lo digo abiertamente en el libro: no me gustan las reuniones de más de cinco o seis personas, no me gusta estar con gente a la que no conozco y que invade el espacio personal. Soy una persona muy tímida por un montón de cosas, que me cuesta hacer ciertas cosas que parecen sencillas de cara al público, pero que a mí me cuestan horrores.
«A mí no me gusta ser el foco, yo siempre lo digo»
—¿Cuéles podrían ser esas cosas que tanto le cuestan?
—Hablar con gente que no conozco, hacer encuestas por la calle… Al final, creo que el entorno personal o todo lo que conlleva mi personalidad, eso no me cuesta expresarlo en el libro, pero sí contar ciertas cosas que han ocurrido y que, seguramente, en algún momento me quede a medias tintas porque puedo dañar a gente cercana, y no quiero, por lo menos de momento. Por lo cual, está bien para contextualizar, pero lo que más me costó fue eso, sin duda: el abrirme y, sobre todo, que esto me sirviera un poco también como terapia para soltar ciertos anclajes que tenía hace años.
—Y, teniendo en cuenta esa personalidad, ¿cómo has vivido estos días de sacar el libro, exponerte más a la crítica, entrevistas de promoción? ¿Cómo lo estás llevando personalmente?
—No es fácil. A mí no me gusta ser el foco, yo siempre lo digo. Incluso en el libro intento, en varias ocasiones, dejarlo claro: que al final los protagonistas son otros, no nosotros. Nosotros somos medios de comunicación —por algo lo de «medios»—, que somos un nexo de unión entre la audiencia y los protagonistas de verdad, que son los jugadores. Y no es algo cómodo, porque ya te digo que me cuesta mucho, sobre todo las presentaciones. En Madrid no avisé casi a nadie, por esa vergüenza que tengo torera, que me cuesta un mundo. En Gijón sí que es cierto que avisaron más mis padres y mi hermana que yo, pero al final tienes que hacer un poco lo que te he contado antes: poner la careta, intentar contar tu libro, como dice además el mítico Paco Umbral, que dice: «yo he venido aquí a hablar de mi libro». Hablo de mi libro y pista. Pero creo que es una sensación extraña, porque no he estado nunca tan expuesto a entrevistas ni me han hecho tantas entrevistas como a día de hoy.
—El libro se titula «La mochila lo es todo». En diferentes entrevistas afirmaba que era un termino que acuñó gracias a Josep Pedrerol. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con él?
—Fue una experiencia dura, muy dura, porque Pedrerol es una persona que te exige muchísimo, y creo que está bien que te exijan, porque luego fue tal el aprendizaje que tuvimos en tan poco tiempo que, a día de hoy —y ya han pasado tres años—, cada vez que me llega una noticia siempre pienso lo mismo: «¿Qué haría Josep?». Conseguir las informaciones, las noticias, darles forma y, sobre todo, intentar que lleguen de una forma apacible o atractiva a la gente es algo que es único en Josep, y eso sí que lo aprendí muchísimo. No fue fácil, porque fue una experiencia durísima, cada día te salía una cosa diferente, pero también era un reto diario, y ese reto diario era algo que no se aprende ni en las facultades, ni en el colegio, ni en ningún curso de posgrado.
—Sin embargo, ¿qué balance hace ahora con el paso de los años?
—La verdad es que estoy muy agradecido, porque sí, ha habido momentos muy complicados, muy jodidos, de querer mandarlo todo a tomar por saco, otros de sonreír, de pasarlo bien y de decir que todos los sacrificios valen por algo gracias a días muy buenos. Pero, en general, creo que fue una muy buena experiencia, y a día de hoy que, cuando nos vemos, siempre comentamos algo, siempre estamos en contacto, y digamos que fue corto pero intenso. Veremos a ver si en el futuro nos juntamos.
«Miras hacia atrás y te dices: “joder, diez años jodidos, complicados, con altibajos, pero que merecen muchísimo la pena”»
—Con esa timidez que comentaba y después de que le definan como «el pesado de la camarita», fue uno de los primeros periodistas en publcar en YouTube y juntarse con creadores de contenido, algo bastante habitual hoy en día ¿Cómo se sentía en aquel momento?
—Ahora me siento orgulloso, porque miras hacia atrás y tiene un sentido: es abrir el camino a muchos otros con un carro que nosotros formamos. Sí, creo que es un camino en el que, a día de hoy, me siento muy orgulloso. Construimos un carro que ha ido teniendo integrantes de todo tipo para intentar subirse a una ola que nosotros iniciamos. Yo, en el periodismo deportivo; otros compañeros, como XBuyer o DJMariio, en gaming, en cualquier otro tipo de entretenimiento. Y la verdad es que me siento muy orgulloso, porque no fueron fáciles los inicios, y eso es una realidad. Ya no era lo típico que te decían: «el friki, el pesadito de la camarita…». O sea, eran seguramente etiquetas que a mí no me gustaban, pero que al final yo lo tenía muy claro desde el principio, que esto era algo diferente, algo distinto y algo que iba a venir bien no solo a mí, sino también al conjunto general del periodismo deportivo y de la creación de contenido.
—Ahora, pasado diez años, ¿cómo se siente viendo la forma en la que ha evolucionado todo?
—Miras hacia atrás y te dices: «joder, las noches de madrugada, que tenías unas ojeras tremendas —que por cierto sigo teniendo y que no voy a perder, me parece a mí—, todo aquello tiene sentido. Todo aquello tiene una razón, que era la de la comunicación, la de cambiar un poco también el paradigma de los medios, democratizarlos a todos los niveles», que es lo que en su día bauticé como esa democratización de los medios. Ahora no necesitas un padrino o un nexo de unión para entrar gracias a alguien en una televisión o un medio de comunicación, sino que ahora alguien con un teléfono móvil ya puede crear contenido, ya puede dar noticias, ya puede hacer reportajes sin la necesidad de tener a alguien que te diga qué hay que hacer, cómo lo hay que hacer, cómo te tienes que vestir y, sobre todo, qué tienes que decir. Y eso es algo que, al final, miras hacia atrás y te dices: «joder, diez años jodidos, complicados, con altibajos, pero que merecen muchísimo la pena».
«Hay una cosa que está por encima de la timidez y es el hecho de conseguir un objetivo»
—¿Y cómo fue esa lucha interna suya contra la timidez? ¿Cómo se sentía teniendo que ponerse delante de la cámara?
—Hay una cosa que está por encima de la timidez y es el hecho de conseguir un objetivo. Yo, de repente, me dicen o me digo a mí mismo, como decía antes, hay que hacer este vlog, tienes que hablar con gente, porque si no hablas con gente el vlog no va a tener la calidad suficiente como para que cualquier persona gaste diez minutos de su vida en ver un vídeo. Por lo cual haces de tripas corazón e intentas dar ese pasito hacia adelante que en otras ocasiones seguramente no lo hubiera dado. Y al final es cuestión de tener muy en la cabeza lo que es el guión, sabes que es algo que tienes que conseguir y seguramente que en algún vlog no tenga los mejores testimonios, por eso, porque yo intento ir siempre a minimos en ese aspecto porque me cuesta mucho y por también seguramente falta de tiempo, pero la verdad que luego es espectacular. Ves el resultado y dices, mira, ha merecido la pena y luego que pase una semana hasta el siguiente vídeo para intentar no pasar tanta vergüenza porque es que de verdad me cuesta mucho. Siempre me digo a mí mismo que quién soy yo para preguntar a alguien si quiere entrar dentro de mis vídeos, pero bueno, lo haces y pista.
—¿Actualmente le parece indispensable para un periodista que tenga redes sociales y sea activo en ellas?
—Yo creo que sí que es imprescindible. Es más, lo que yo siempre digo es que hay que ser 360, en el sentido de saber qué hacer en televisión, saber qué hacer en prensa escrita, saber qué hacer en un pódcast o en la radio, y eso es algo mucho más sencillo a día de hoy. Antes no tenías la facilidad de crear contenido, de subir informaciones en TikTok, o en Instagram, o en Twitter, cosa que a día de hoy está al alcance de absolutamente todo el mundo. Yo lo noto muchísimo en la gente joven, que tiene mucha más facilidad para hablar, tiene menos miedo a la cámara, y eso creo que es algo importante. A día de hoy, el periodista necesita tener activas las redes sociales, necesita cuidarlas porque, desgraciadamente, somos empresas con patas, y eso es lo que habla más de nosotros que el propio medio de trabajo. Muchas veces, e incluso el otro día en una entrevista con mis jefes me lo decían, lo primero que hacemos nada más nos llega un currículum no es ver si este chico tiene el típico teaser en el que se enseñan sus cosas: vamos a sus redes sociales para ver cómo se comunica, cómo se comporta, qué hace, y eso creo que es imprescindible para el periodista moderno. Hay gente que lo hace, hay gente que lo cuida y hay gente que no. Creo que hay varios caminos, también te digo, hay matices.
—Actualmente están destacando de forma tremenda en YouTube sus 24 horas —vídeos en los que pasa un día rutinario con diferentes deportistas, principalmente futbolistas—.¿Cuál cree que es el secreto de este éxito y cómo es para usted contactar con los protagonistas y explicarles el formato?
—Creo que al público le mola mucho el hecho de poder entrar a ciertos entornos a los que los medios de comunicación no han podido entrar, como sus casas, ver jugar al golf al futbolista en cuestión o ver cómo hace un café. Al final, ese tipo de detalles los humaniza muchísimo, y es algo que en los últimos años hemos perdido también. Yo, cuando hablo con los jugadores, siempre me dicen lo mismo: «Es que no quiero hacer una entrevista normal, esto me gusta más porque ven los aficionados cómo soy, no hay un filtro». Y al final, los protagonistas —siempre les digo a Morata, Borja Iglesias, a Luis García, a toda la gente que va a venir a partir de ahora— siempre les digo que esto es un folio en el cual yo he de escribir, pero para ellos también es un folio en blanco. Por tanto, hay unos que ponen más de su parte y otros que ponen menos. Intentamos guiarles para que, sobre todo, tengan la mejor de las imágenes de cara al público, y es sencillo en el sentido de que a ellos les gusta porque es cómodo, porque yo busco otro tipo de periodismo/entretenimiento en este tipo de formatos, y creo que al final es lo que a la gente le gusta.
«Siempre le digo a los futbolistas que no preparen nada, que improvisemos todo»
—¿Qué cree que los diferencia de documentales de otras plataformas?
—Hemos visto muchos documentales de Amazon o de Netflix donde está todo muy preparado, donde el jugador enseña ciertas cosas, pero a cambio de que le paguen. En este caso, no he pagado absolutamente a nadie, tampoco me han pagado a mí, y lo único que queremos es que la gente sea feliz, enseñe cómo es su día a día y poco más. Al final es eso: cuando me dice algún jugador «pero déjame preparar algo», siempre le digo que no prepare nada, que improvisemos todo, porque al final lo que yo quiero es que no parezca esto preparado y que seas tú en un día normal, y yo con una cámara siendo testigo de ello.
—Usted también ha trabajdo dentro de clubes de fútbol —en el Barcelona durante cerca de un año—, ha podido vivir desde dentro cómo funcionan los dos «bandos». ¿Qué cree que deben mejorar los medios de comunicación y los equipos para que haya una relación más fluida y un mejor contenido relacionado con el deporte?
—Son dos mundos que tienen que ir de la mano, empezando por ahí. Creo que no se solapan. Lo que tiene de bueno la cercanía, por ejemplo, de los medios digitales, no la tienen los medios convencionales, y viceversa. También los medios convencionales tienen rigor, tienen información en un porcentaje importante que en YouTube no tienen. Al final, lo que creo que ocurre, sobre todo con los medios tradicionales, es que hay muchos gestores que todavía tienen mucho miedo y que viven del cortoplacismo. Y eso es el miedo: de ahí los titulares muy amarillistas, intentando buscar más el morbo antes que la información y la calidad. Lo que a mí me apena muchísimo —incluso hay muchas veces, y se lo digo a mis jefes— es que para mí es más sencillo hacer un vídeo de YouTube que pedir una entrevista para ESPN. Y estamos hablando de que ESPN es el medio número uno a nivel mundial, a nivel de audiencia, de lo que es, de cómo es, etc. Pero es así, es una realidad, porque la gente busca otro tipo de contenido, y cuando digo la gente me refiero tanto a la audiencia como a los profesionales, que buscan otro tipo de formatos. Hay ciertos formatos que están muy anclados en el pasado, que no se han sabido reciclar, y que nosotros venimos a rescatar un poco, porque no estamos creando nada nuevo, pero sí que estamos enseñando una cara diferente del futbolista, muy alejada de esa burbuja en la que todos pensamos que viven de millones de euros, de cachimbas, de discotecas, de estar con chicas... y luego, al final, te das cuenta de que los chicos o los futbolistas son gente bastante más normal de lo que parece. Lo que pasa es que tienen la gran ventaja de dedicarse a lo que nos gusta a todos y, encima, ganar dinero —y mucho— con ello.
—El blindaje que siempre se dice que existe de los clubes a los futbolistas, ¿cree que nace más de los futbolistas o de los propios clubes que quieren sobreprotegerlos?
—Hay de todo, porque yo me he encontrado con clubes que son súper abiertos. Sin ir más lejos, el Sporting es de los clubes que mejor funciona en ese aspecto: te da libertad absoluta para poder contactar con jugadores, siempre y cuando ellos quieran. Pero yo creo que, al final, hay de todo. Me he encontrado otros clubes que no, que por el hecho de haber hecho una entrevista precisamente con otros clubes rivales, pues de repente te cierran la puerta. Y me he encontrado con jugadores que no quieren saber absolutamente nada de nada, ni de medios de comunicación ni de entrevistas normales. Entonces, yo creo que es un cómputo, un mix, de absolutamente todo, porque creo que ni hay un culpable claro ni hay un inocente palpable. En ese aspecto, creo que es un poco culpa de todos, pero también obviamente culpa nuestra, de los medios de comunicación, porque hay que hacer una autocrítica, hay que reciclarse por dentro y cambiar muchísimo el medio de comunicación clásico. Es algo que algunos lo intentan, otros no. Se mezcla absolutamente todo, y es lo que nos deja claro cómo es la situación a día de hoy de la comunicación deportiva, que digamos, no es la mejor.
«Creo que la gestión de Orlegui es mejorable, porque creo que la gestión deportiva es regulera tirando a mala»
—Uno de los grandes momentos de su carrera fue cuando Cristiano Ronaldo, al momento de ganar la Champions League, en una entrevista con usted deja caer que su etapa en el Real Madrid ha terminado. ¿Cómo vive ese momento y toda la repercusión que conlleva?
—Al principio no lo escuchaba bien y me sorprendió muchísimo, porque no puede ser que me esté contando esto, sobre todo en este momento y en este lugar. Pero sí que es cierto que luego le repreguntas y ya es cuando coge carrerilla y te dice «ha sido muy bonito», lo que luego ya conocemos todos. Pero, sobre todo ahí, yo creo que no me doy cuenta hasta que me empieza a sonar el teléfono móvil, porque la entrevista es en directo, no es ni un falso grabar ni nada raro. Me empieza a sonar el móvil y hay un momento en que no aparezco en plano, pero estoy viendo que me están llamando desde Estados Unidos, y digo: «Joder, esto ya ha trascendido, y no ha terminado la entrevista ni de emitirse ni de realizarse». Y después de los Estados Unidos me llaman desde Asia, desde México, desde Brasil, Argentina, España... También cuando se lo tengo que contar a compañeros de Cristiano Ronaldo, que antes de encender la camarita les tienes que decir: «Oye, ha ocurrido esto, que no te pille de sorpresa, te voy a contextualizar un poco lo que acaba de pasar». Y sí que es cierto que alguno me decía: «¿Pero qué cojones me estás contando? ¿Cómo ha soltado esto ahora, que estamos aquí con familia, con amigos, celebrando?». Es que creo que no se había ni levantado la copa. Entonces claro, entre una cosa y otra, pues mucha gente mosqueada, otros no tanto, la mayoría sorprendidos, pero sobre todo flipando, porque nadie se esperaba que en ese momento Cristiano fuera a decir eso. A día de hoy, yo le estoy muy agradecido por habernos escogido, o por haberme elegido, pero está claro que lo tenía muy claro. Y ahí es donde se demuestra que el mundo ha cambiado y que son ahora los jugadores los que sí saben utilizar los medios —ya sean digitales o analógicos— y tienen la sartén por el mango.
—Es usted uno de los aficionado más mediáticos del Sporting. En estos años se ha criticado mucho la gestión de Orlegui con el club, más desde el ascenso del Real Oviedo liderado por el Grupo Pachuca. ¿Qué opina de cómo está funcionando el equipo rojiblanco en estos últimas temporadas?
—Pues creo que es mejorable, porque creo que la gestión deportiva es regulera tirando a mala. Ahí está la cantidad de fichajes que han venido y, al final, el equipo está en el mismo eslabón donde estaba con los Fernández. Han mejorado muchas cosas, pero la gestión deportiva, que para mí es clave, tiene muchísimo que mejorar. He sido muy crítico y lo seguiré siendo, porque creo que hay gente preparada dentro del grupo para tomar ciertas decisiones mejor, pero de momento las están tomando no sé exactamente por qué. Me da la sensación de que es una pena, porque esta temporada, por ejemplo, el nivel es muy igualado y, a poco que tengas un equipo con fondo de armario, el equipo va a estar ahí. Pero me da la sensación de que o se refuerzan en invierno o va a ser muy complicado mantener el ritmo de los de arriba. Pero bueno, en general, creo que les pondría un 5 o un 6, pero no más, porque como no espabilen, creo que al final la inversión de tantos millones que han hecho les va a quedar en absolutamente nada. En este caso, Pachuca ha hecho las cosas mejor, es una realidad: el Oviedo está en Primera, y yo espero que eso les haga espabilar en algún momento, pero de momento lo veo raro.
—Respecto a esta temporada, ¿cuál cree que debe ser el objetivo del Sporting?
—La obligación del Sporting siempre es la de subir. Es una obligación histórica y es una presión que puede ser negativa en algún momento, pero que tiene que ser positiva. Tú ves cómo está El Molinón cada 15 días y es una barbaridad después de la basura de la temporada pasada, después de los últimos 30 años del club. Habrá 24.000 y pico socios, más los 23.000 que están yendo al campo, que no falla absolutamente nadie salvo los que estamos fuera. Es tremendo y yo creo que no está al alcance de casi ningún club, y eso es algo que tiene que hacer que esta gente espabile, porque la afición sí que está a la altura. Hay mucha gente abonada, personas que han tenido que pedir un minicrédito para abonarse en los últimos dos años, y luego ves el esfuerzo que hacen a nivel de gestión deportiva y te da un poco de rabia. Pero el objetivo siempre tiene que ser subir, a pesar de que, a día de hoy, creo que la plantilla no está para mucho más que mitad de tabla, salvo que en enero traigas a tres jugadores diferenciales y que la cosa vaya para arriba, pero con este fondo de armario es complicado.