El avance de las técnicas forenses permitió unir dos historias: la desaparición de una joven avilesina y un homicidio sin resolver en Langreo
10 nov 2025 . Actualizado a las 10:05 h.Más de tres décadas después de una desaparición que desconcertó a su familia y de un crimen que había quedado sin nombre, la Guardia Civil ha conseguido identificar a una joven de Avilés asesinada en 1991, cerrando así uno de los capítulos más largos y enigmáticos de la crónica asturiana. La resolución ha sido posible gracias a los avances en las técnicas genéticas y al trabajo persistente de los investigadores, que durante años revisaron casos antiguos en busca de nuevas pistas.
La historia se remonta a octubre de 1995, cuando una mujer denunció la desaparición de su hija, de la que no tenía noticias desde 1990. Durante todo ese tiempo, había cuidado de su nieta sin saber qué había sido de la madre. Las primeras investigaciones no lograron resultados, y el caso quedó archivado como desaparición sin resolver, pendiente de cualquier indicio que pudiera reactivarlo.
En mayo de 2024, dentro de los protocolos periódicos de revisión de casos antiguos, los agentes de la Guardia Civil retomaron la búsqueda. Solicitando muestras de ADN a los familiares —primero a la madre y, tras su fallecimiento, a la hija de la desaparecida—, los investigadores buscaban coincidencias en las bases de datos forenses. Paralelamente, realizaron un análisis histórico del expediente que les llevó hasta una noticia publicada en 1991 sobre un homicidio en la localidad langreana de Barros, conocido como el crimen de Reyes.
Aquel suceso, investigado entonces por la Policía Nacional de Langreo, relataba el asesinato de una mujer apuñalada y enterrada en cal viva, cuya identidad nunca se había podido determinar. El presunto autor, un vecino de la zona, fue detenido tras confesar los hechos a su pareja. Según declaró, había recogido a la víctima cuando hacía autostop en Oviedo, y tras un forcejeo, la acuchilló y la introdujo en el maletero de su coche. La víctima murió desangrada antes de que ambos decidieran ocultar el cuerpo. Los restos fueron hallados en 1995, pero el avanzado estado de deterioro impidió cualquier identificación.
La nueva revisión permitió a los agentes cruzar la imagen del retrato robot elaborado entonces con una fotografía aportada por la familia de la desaparecida. Las coincidencias eran significativas. Con la colaboración de la Policía Nacional, se localizaron los restos óseos conservados en el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, en Madrid, donde se habían remitido tras su hallazgo.
Los científicos repitieron los análisis con técnicas genéticas de última generación, muy superiores a las disponibles en los años noventa. El resultado fue concluyente: los restos correspondían a la joven avilesina desaparecida hacía más de tres décadas.
Con esta confirmación, la Guardia Civil ha podido cerrar una investigación abierta durante 34 años y comunicar a la familia la identidad y paradero de la víctima que permanecía perdida.