Tomasín, la última frontera de la soledad

ASTURIAS

Tomasín
Tomasín

El hombre condenado por matar a su hermano y escapar 50 días en el monte ha vuelto a desaparecer entre los bosques de Tineo

14 nov 2025 . Actualizado a las 20:56 h.

Alguien le dijo algo así como «ánimo Tomasín» y él esbozó una sonrisa, fue el instante que captó una de las imágenes más icónicas de la historia de Tomás Rodríguez Villar justo en el momento en que caminaba esposado camino del juzgado porque estaba acusado de matar a su hermano y emprender luego una escapada que se prolongó por medio centenar de días. Tomasín en el monte es invisible si quiere. Pero fue capturado y condenado y cumplió con la cárcel de Asturias hasta que salió y regresó a su vida en La Llaneza, en Tineo. Pero en octubre volvió a desaparecer y la búsqueda que se ha iniciado esta semana no ha encontrado de momento su rastro.

La de Tomasín es una historia de soledad en el límite, dificultades en la adolescencia para la socialización, episodios de alcohol y luego el refugio en una cabaña en el monte a la que durante un tiempo, hasta su muerte que también fue un mes de ocutubre, su madre le subía a veces comida; con su hermano no se llevaba bien y al morir su padres los enfrentamientos crecieron. En 2011 a finales del verano su hermano mayor subió a la cabaña a regañarle y Tomasín temió por su integridad, eso dijo en el juicio, tenía a mano una carabina de aire comprimido que había modificado para que disparara cartuchos y le pegó dos tiros. Falló el primero, el segundo le dio en la frente y lo mató en el acto. 

Manuel, que era el nombre su hermano, quedó tendido a la puerta de aquella cabaña llena de desperdicios, un caso de síndrome de diógenes no en un piso sino en medio de un bosque; Tomasín escapó al monte (que conocía como la palma de su mano) y también más hacia su propio ensimismamiento; el bosque, el monte, eran su cuarto. No pudieron cogerle hasta el mes de octubre.

La historia de esa escapada es legendaria por lo prolongada que fue y su habilidad para ocultarse a los ojos de algunos de los mejores especialistas de las fuerzas del estado en búsquedas y en maestría para manejarse a la intemperie. Pero Tomasín logró zafarse muchas semanas, pudo tomarle una foto una de las cámaras de vigilancia de los osos, porque habitan estas comarcas, con un atuendo impermeable elaborado a retazos por él mismo. La crónica de Efe decía «cerca de la cabaña un coche abandonado por el propio Tomás en el que se sospecha que pudo pernoctar a veces además de en otros recónditos escondites que desveló a los agentes tras ser detenido. Unos envoltorios de chocolate le servían para apuntar la ubicación de sus zulos, en los que guardaba comida, ropa y, también, más de 40.000 euros en metálico».

En una ocasión bajó a aprovisionarse a La Espina y cogió un taxi para volver hasta las inmediaciones de La Llaneza y luego desaparecer de nuevo entre la fronda. El taxista le grabó con el móvil y le dijo expresamente que lo sentía pero que tenía que denunciarle porque le llevaban buscando un mes; Tomasín contestó «haz lo que te salga de los cojones» y volvió a desaparecer. Pero finalmente las cámaras permitieron cercarlo y los agentes le localizaron cuando caminaba de noche por un prado, asustado y con muestras de haber pasado hambre, todavía armado con el arma casera con la que segó la vida de su hermano.

En el juicio trató de inventarse que sólo había sido testigo del asesinato, que el culpable fue otro y huyó, no pudo probar que fuera víctima de un maltrato habitual, fue condenado a seis años de prisión que cumplió en la cárcel de Asturias como un interno que no dio problemas. La opinión pública se puso de su parte y su escapada le hizo popular. 

Tomás Rodríguez Villar, conocido como «Tomasín», a su salida de prisión
Tomás Rodríguez Villar, conocido como «Tomasín», a su salida de prisión TPA

Tras cumplir su condena relató a la misma salida de la prisión que esperaba regresar al bosque, volvió a Tineo, a la casa familiar y llevó una vida pacífica, siempre alejado de sus vecinos, siempre solitario pero con unas relaciones familiares. Fueron precisamente sus partientes los que alertaron que llevaban tiempo de saber de él y dieron la voz de alarma para que se emprendiera la búsqueda de estas semanas.

Ya nada es como en 2011, hay drones con cámaras térmicas que sobrevuelan los bosques de Tineo estos días en busca de un rastro de Tomasín, pero sin que haya habido fortuna, algo en lo que también ha influido que por mal tiempo tuvieran que suspenderse el operativo en determinados momentos. El dispositivo, de nuevo 14 años después un amplio despliegue --especialistas de los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de Mieres y el perro de búsqueda de grandes áreas, la Unidad Aérea, cinco patrullas de Seguridad Ciudadana y una patrulla del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA)-- se centra en los alrededores de su vivienda. Pero ya nada es como en 2011 y Tomasín tiene 55 años y cada uno de ellos pesa más sobre su cuerpo.

En la película Robin y Marian la trama imagina el regreso imposible del héroe del bosque de Sherwood, ya aquejado por la vejez. Pero en el bosque de Tomasín no hay ninguna Marian, no hay nada, sólo el aislamiento extremo, el destierro de todo menos de uno mismo, la última frontera de la soledad.