Nacho Calviño, presidente de Unicef Asturias: «Poner a la infancia en el centro no es opcional, es un deber social»

J.C. REDACCIÓN

ASTURIAS

Nacho Calviño, presidente de Unicef Asturias
Nacho Calviño, presidente de Unicef Asturias

Calviño alerta sobre la pobreza infantil, la salud mental, la brecha digital y la urgencia de reforzar los servicios públicos

20 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Nacho Calviño, presidente de Unicef Asturias, aprovecha el Día Internacional de los Derechos del Niño para subrayar la necesidad de colaborar con las emergencias, especialmente con los países en guerra, porque «aunque los conflictos o las emergencias humanitarias sucedan lejos de Asturias, los niños que las sufren tienen los mismos derechos que cualquier niño que vive aquí».

—¿Cómo describiría la situación actual de la infancia en Asturias? ¿Cuáles son los retos más urgentes?

—Es indudable que Asturias ha avanzado progresivamente en bienestar y en Servicios Públicos durante los últimos años, pero, a pesar de ello, la infancia sigue enfrentándose a problemas pendientes de resolver. Hemos de tener en cuenta que el 36% de los menores asturianos están en riesgo de pobreza o exclusión, lo cual limita enormemente el desarrollo y las oportunidades que tendrán estos niños. Por otra parte, en Unicef estamos preocupados por otros aspectos tan importantes como son la salud mental infantil y el uso de la tecnología.

—Varias localidades asturianas ya forman parte de la red de Ciudades Amigas de la Infancia. ¿Qué implica realmente este reconocimiento?

—El programa Ciudades Amigas de la Infancia es el programa estrella del trabajo que realizamos en Asturias. Ya hace casi 20 años desde que empezamos a implementar esta iniciativa y estamos muy satisfechos de sus resultados, por haber conseguido, no sólo un alto número de municipios, sino también que la inmensa mayoría de ellos se mantengan en el tiempo.

Se trata de una iniciativa que busca que los municipios sitúen los derechos de la infancia en el centro de sus políticas públicas. Para obtener este reconocimiento, las entidades locales deben comprometerse a fomentar la participación infantil, garantizar entornos seguros y saludables, mejorar el acceso a servicios básicos y promover oportunidades educativas, culturales y de ocio inclusivas.

En la práctica, el programa impulsa la creación de consejos de infancia, la planificación urbana con enfoque infantil y la colaboración entre ayuntamientos, familias, escuelas y organizaciones sociales para construir comunidades más justas, sostenibles y respetuosas con los niños y niñas.

Por tanto, ser Ciudad Amiga de la Infancia no es solamente obtener un reconocimiento, se trata de un compromiso político y social y significa integrar los derechos de los niños en el urbanismo, la educación, la cultura y la participación. En Asturias tenemos muchos ejemplos inspiradores ya que 43 municipios poseen el reconocimiento de Ciudad Amiga de la Infancia y varios se encuentran dando pasos firmes para sumarse al programa.

—¿Cómo trabaja UNICEF Asturias para involucrar a la ciudadanía en la defensa de los derechos de la infancia?

—Por una parte, utilizamos el programa Ciudades Amigas de la infancia, del que ya hemos hablado, así como el programa, también creado por Unicef, de Centros Referentes en Derechos de Infancia que reconoce a entidades educativas que integren los derechos de la infancia en la vida escolar, que garanticen la participación infantil, que creen un entorno seguro y protector, y que promuevan la ciudadanía global y la solidaridad en las aulas.

Además de nuestros programas de Ciudades Amigas y de Centros Referentes, nuestra labor se basa en sensibilizar y educar, llevando a cabo campañas en centros escolares, colaboraciones con empresas y programas comunitarios que sirven para recordar que la infancia debe estar entre las prioridades diarias de la sociedad.

—¿Cómo valora la colaboración con el Gobierno del Principado y los ayuntamientos?

—Hay una buena relación entre Unicef Asturias y el Gobierno del Principado, así como una voluntad de colaboración real. Asturias ha avanzado mucho en protección de la infancia, pero también es cierto que aún queda camino por recorrer. En ese sentido se están dando pasos para que exista una nueva Ley de Infancia autonómica que ponga los derechos de los niños en el centro de todas las políticas públicas.

Por otra parte, la relación con los ayuntamientos es muy buena, especialmente con los 43 municipios reconocidos por Unicef como Ciudades Amigas de la Infancia que llevan a cabo un trabajo extraordinario, actuando de forma coordinada con la comunidad, las familias y las instituciones para que cada niño y niña crezca en un entorno inclusivo, saludable y respetuoso. Además de estos 43 municipios estamos abiertos a nuevas incorporaciones, de hecho ya estamos trabajando con otras entidades locales que desean unirse al programa.

—¿Qué avances destacaría en materia de protección infantil a nivel autonómico?

—En los últimos años, en Asturias se han dado avances significativos en protección infantil a nivel autonómico: el Principado ha puesto en marcha una Estrategia para la Promoción de Derechos y la Erradicación de la Violencia contra la Infancia y Adolescencia (2024-2030), que marca una hoja de ruta ambiciosa para prevenir y combatir cualquier forma de maltrato, visibilizar a las víctimas y garantizar entornos seguros.

Además, se han adoptado recientemente nuevos protocolos frente a la violencia en actividades de ocio y tiempo libre y en el deporte, lo que fortalece la prevención en espacios clave para los menores.

—¿Qué medidas considera prioritarias para reducir la pobreza infantil en Asturias?

—Para reducir la pobreza infantil en Asturias pueden aplicarse medidas que actúen tanto sobre la situación económica de las familias como sobre las oportunidades de los niños. Entre las más relevantes estaría el incremento de las ayudas económicas a hogares vulnerables, la ampliación de prestaciones por hijo a cargo y el refuerzo de políticas de conciliación que permitan a madres y padres acceder a empleos estables y dignos. También es clave mejorar el acceso a vivienda asequible y asegurar servicios públicos de calidad en todo el territorio, especialmente en las zonas rurales.

Además, es fundamental garantizar que ningún niño quede excluido por motivos económicos. Para ello, se puede impulsar la gratuidad o el coste reducido de actividades extraescolares, reforzar la alimentación saludable en comedores escolares, asegurar la equidad digital y ampliar la atención a la salud mental. Por último, la coordinación entre administraciones, escuelas, servicios sociales y entidades sociales —incluida UNICEF— permitiría ofrecer un apoyo integral a las familias y romper el ciclo de pobreza.

—¿Cuáles son los principales desafíos que afronta España para garantizar los derechos de los niños?

—España afronta varios desafíos importantes para garantizar plenamente los derechos de los niños. El primero es, como en el caso autonómico, la pobreza infantil, que afecta a casi uno de cada tres menores y limita su acceso a oportunidades educativas, de salud y bienestar. A ello se suma la violencia contra la infancia, que incluye el acoso escolar, la violencia doméstica, los abusos y la exposición a contenidos perjudiciales en entornos digitales. Otro reto creciente es la salud mental infantil y adolescente, con un aumento de los casos de ansiedad, depresión y conductas autolesivas entre los menores y una respuesta institucional a dicho aumento que aún resulta insuficiente.

España necesita una estrategia estatal más estable y transversal, que garantice continuidad en las políticas de infancia más allá de los ciclos políticos, y una mejor coordinación entre administraciones para que la protección de los niños sea real, efectiva y homogénea en todo el territorio.

—UNICEF trabaja en primera línea en zonas de guerra. ¿Qué panorama se encuentran hoy los niños en esos contextos?

—El panorama que encuentran hoy los niños en zonas de guerra es devastador. Millones de ellos viven bajo bombardeos, desplazamientos forzosos y la destrucción total de sus comunidades. Muchos pierden a sus familias, tienen un acceso extremadamente limitado —o nulo— a agua potable, alimentos, refugio y atención médica, y ven interrumpida su educación durante meses o años. Además, están expuestos a traumas profundos, reclutamiento por grupos armados, violencia sexual y abusos que dejan secuelas de por vida.

En conflictos como los de Gaza, Sudán, Yemen, Siria o Ucrania, la infancia es siempre la más perjudicada. UNICEF estima que más de 400 millones de niños viven actualmente en zonas de conflicto o alta tensión, y que sus derechos más básicos —a la supervivencia, la protección y la educación— se ven vulnerados a diario. Ningún niño debería crecer con miedo. En este sentido nosotros continuamos trabajando para proporcionar ayuda humanitaria inmediata y apoyo emocional en estos entornos extremos.

—¿Cómo puede colaborar la sociedad asturiana con la labor de UNICEF en emergencias internacionales?

—La sociedad asturiana ha mostrado siempre una gran solidaridad. Para la ayuda a las emergencias se puede colaborar con la labor de UNICEF de varias formas, todas ellas valiosas y complementarias. La más directa es haciéndose socio, lo que nos permite enviar con rapidez agua potable, alimentos terapéuticos, kits médicos, refugios y material escolar a los niños afectados por conflictos o desastres. También cabe la posibilidad de hacer donativos puntuales dedicados a las emergencias. Es importante recordar que el 100% de los fondos recaudados por Unicef para emergencias es destinado a los países destinatarios de la emergencia.

Por otra parte, las empresas y entidades asturianas pueden apoyar mediante alianzas, patrocinios o programas de responsabilidad social. En conjunto, cada gesto —grande o pequeño— ayuda a que UNICEF pueda seguir actuando en los lugares donde los niños más lo necesitan.

—¿Qué mensaje enviaría a quienes creen que estos problemas están demasiado lejos de nuestra realidad?

—El mensaje clave es que la infancia no tiene fronteras. Aunque los conflictos o las emergencias humanitarias sucedan lejos de Asturias, los niños que las sufren tienen los mismos derechos que cualquier niño que vive aquí. Un niño en un hospital asturiano y un niño refugiado tienen los mismos derechos. Pensar que «no es nuestro problema» solo alimenta la distancia, cuando en realidad vivimos en un mundo profundamente interconectado y lo que ocurre en otros lugares afecta a nuestra estabilidad, a nuestros valores y al tipo de sociedad que queremos construir.

Además, apoyar a la infancia en crisis es una forma de defender principios universales como la dignidad, la justicia y la protección de los más vulnerables. Cada gesto, por pequeño que parezca, ayuda a cambiar vidas reales. Como suele recordar UNICEF, «proteger a un niño, esté donde esté, es proteger nuestro futuro común».