Así afectará el cambio climático al castaño en Asturias

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ASTURIAS

Castaños en una zona rural de Cangas de Narcea, unos de los municipios incluidos en el proyecto.
Castaños en una zona rural de Cangas de Narcea, unos de los municipios incluidos en el proyecto. ESCOLA POLITÉCNICA SUPERIOR

Dos estudios prevén que el Principado conservará la mayor parte de su hábitat óptimo para este árbol, a diferencia de otras regiones de la península. La especie será clave para la alimentación del oso pardo

23 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El castaño fue durante siglos protagonista en el paisaje asturiano, no solo porque su presencia poblaba el territorio de norte a sur sino también porque su fruto fue uno de los alimentos fundamentales en esta tierra hasta que el descubrimiento de América trajo consigo el maíz y la patata. Desde aquel gran dominio, con el paso del tiempo la presencia del castaño se fue relegando a causa de la agricultura, las ciudades y el desarrollo industrial. Con todo, sigue siendo un árbol muy común en el suelo de Asturias. Ahora la pregunta que surge es si podrá seguir siéndolo en los próximos años a raíz del cambio climático. Dos estudios científicos recientes —uno dedicado a proyectar el futuro del castaño y otro a analizar la disponibilidad de frutos secos para el oso pardo cantábrico— coinciden en un diagnóstico optimista. 

El primer trabajo, «Impacto del cambio climático en la distribución y el ámbito potencial de presencia del castaño en la Península Ibérica» ? firmado por Pedro Álvarez-Álvarez (Universidad de Oviedo), Adrián Aviñoa-Arias (Fundación Oso Pardo), Emilio Díaz-Varela (Universidad de Santiago de Compostela), José Vicente López-Bao (Universidad de Oviedo-CSIC-Principado de Asturias) y José Carlos Pérez-Girón (Universidad de Granada)? proyecta varios escenarios climáticos en tres grandes periodos: un primer periodo hasta mediados de siglo, otro que llega aproximadamente hasta 2070 y un último tramo hasta finales del siglo XXI. En todos ellos, los modelos muestran un patrón similar: el castaño mantiene una presencia muy estable en Asturias. 

Según el estudio, las condiciones óptimas para la especie incluyen «precipitaciones superiores a 800 mm/año y una temperatura media de entre 10 y 15 °C», un rango plenamente compatible con el clima asturiano. Sin embargo, esto no implica que no vaya a haber cambios. Existe la posibilidad de que las zonas costeras y algunos fondos de valle puedan perder esas condiciones óptimas para el castaño debido al aumento de las temperaturas. Lo que ocurre es que estas contracciones se compensarían con unas condiciones más favorables en la montaña, en cotas medias y altas. Con lo cual, en la mancha forestal global habría, más que pérdida, un desplazamiento hacia la altura. 

Esta supervivencia en Asturias contrasta con la previsión de caída en otras regiones: las áreas mediterráneas —que aquí incluyen el oeste de Castilla y León, buena parte de Extremadura y amplias zonas del centro de la península— muestran fuertes pérdidas de hábitat adecuado para la especie, debido tanto al ascenso de la temperatura como a la falta de agua suficiente. 

El oso conserva su dieta

El segundo estudio remite a la relación del castaño con la supervivencia de uno de los animales más emblemáticos de Asturias: el oso pardo. Bajo el título «Predicción de cambios composicionales relacionados con el clima en especies productoras de frutos secos importantes para los osos durante la hiperfagia», José Carlos Pérez-Girón, José Vicente López-Bao, Emilio Díaz-Varela y Pedro Álvarez-Álvarez examinan cómo cambiará la disponibilidad de frutos para el oso pardo cantábrico en las próximas décadas. Durante la hiperfagia —el periodo en el que los osos acumulan reservas antes de la hibernación—, la dieta se centra en hayucos, bellotas y castañas, y en este contexto la supervivencia del castaño puede resultar muy relevante para garantizar el alimento de los osos, ya que se prevé un retroceso progresivo de hayas y robles, más sensibles a la subida de las temperaturas y a las sequías. Anticipan, en cambio, la expansión de especies más hechas al calor como los robles mediterráneos.

Un aspecto que subrayan los investigadores sobre el castaño, además de que resiste mejor el calor, es su constancia en la producción de frutos. Mientras que las hayas o algunos robles presentan alternancia de años de abundancia y años de escasez —la llamada vecería, muy conocida en Asturias porque afecta poderosamente a la manzana de sidra—, el castaño ofrece cosechas más regulares. Cuando el clima es muy variable, esta regularidad puede resultar decisiva para la supervivencia del oso pardo. Es más, la posibilidad de que aumente la presencia de castaños en zonas de media montaña, alejadas de asentamientos humanos, se ve como una ventaja añadida, porque evitaría conflictos y riesgos.

Ambos estudios coinciden en que la Cornisa Cantábrica —y de forma muy marcada Asturias— tendrá un papel crucial en la preservación del castaño como especie forestal y como recurso ecológico. El calentamiento global provocará cambios en la composición de los bosques, pero en el caso del territorio asturiano lo hará reforzando el papel que tiene el castaño frente a otras especies más vulnerables.

No obstante esta previsión positiva, los autores advierten de que se presentarán retos en el futuro. El desplazamiento hacia la altura, la competencia con especies mediterráneas y la necesidad de tratar adecuadamente los sotos tradicionales obligarán a mejorar la gestión del castaño. Según las evaluaciones de Natura 2000, los castañales de la región Atlántica presentan un estado de conservación desigual, y a la largo de la historia ha habido pérdidas importantes de machas de este árbol. Asturias debe tener esto en cuenta para implantar estrategias que garanticen la viabilidad del castaño.