El gran bailaor, referente del mejor flamenco actual y príncipe de la danza Jesús Carmona, se estrenó en Gijón por todo lo alto y dejó más de 25 minutos de propina improvisada en una gran y sentida actuación, esencia de clasicismo con la pieza Unidos, en la mejor representación de flamenco en Asturias de 2025
24 nov 2025 . Actualizado a las 11:33 h.Todavía resuena el regusto con el que una se acerca a consignar, sea como buenamente pueda, el lío que montó el pasado viernes, 7 de noviembre, el danzaor —así le gusta ser nombrado— Jesús Carmona (Barcelona, 1985) y cía. en el patio-graderío del Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón (CCAI), tras la representación de la obra Unidos (2025), una pieza, esencia del mejor clasicismo flamenco, estrenada este año, en el último Festival del Cante de las Minas (Murcia), y que dejó más de 25 minutos de propina en la primera de las tres representaciones programadas en la sección Excena-Flamenca, del proyecto de la Fundación Municipal de Cultura de Gijón, Excena en Danza. Sin duda un buen cartel para esta segunda edición, que debe abrir y ponderar pulso con esto del flamenco. Si se quiere ahondar en este océano dancístico —es una buena apuesta— no solo hay que tener claras las cuestiones de programación, sino que hay que mejorar el entramado escénico del Antiguo Instituto: escenario y graderío. La falsa caja escénica y el graderío resultan verdaderamente incómodos, tanto para público como para artistas. Se lleva demasiados años así. Toca repensar e invertir.
Unidos, una pieza que se asienta sobre el molde del más estricto y exacto clasicismo, nace con la pretensión de acercar al público a los palos más significativos del flamenco, mientras inmiscuye forma y efigie (estampa) flamenca sobre tabla a la manera Carmona, una estética que remeda el buen gusto por hacer las cosas bien dejando ver las costuras del flamenco más puro. (Para los tiempos que corren en lo cultural, esto se nos antoja superlativo). Esa estética, engastada de esencia vernácula y estilismo abierto de hombría, renueva, sin proponérselo, el aura del duende en la necesaria necedad del erotismo (el buen flamenco siempre la conlleva, y con esto no hay que confundirse) que todo gran creador de flamenco, en este caso Carmona, lleva dentro. Bien es cierto, y debe decirse, que la pieza se estrenó de la mano de su compañera de vida, la también artista Lucía Campillo, no presente en Gijón, y que, por ello, para la visita a la villa de Jovellanos, tuvo que adaptarse un poco, dados los empeños en la programación del catalán para Gijón. Mereció la pena.
Y es que no hay como conocer a un artista desde sus inicios, es decir, de lo que debe hacerse y ejercitarse muy bien al principio para entender luego cosas, coreografías, como El Salto (2019), The Game (2021), Baile de Bestias (2021), o la más reciente Super-viviente (2024). Su manera de abordar la introspección, que la pauta corporal del flamenco proporciona al artista, es tan sugerente como rica en todos los modos que propone. Componer y descomponer flamencando lo que uno quiere contar, requiere, en primer lugar, de la disposición de una gran base técnica; sin ella poco puede hacerse. Es el caso de Carmona. Por ello, cuando uno ve Baile de Bestias, o mismamente El Salto, comprende la inmensidad de una danza, la de Jesús, que por mucho que se descomponga o altere nunca representa desperdicio alguno; al contario avanza y alcanza otro rango de comprensión y riqueza. Y eso ha sabido apresarlo muy bien el artista barcelonés. No así otros.
Su inquietud por intelectualizar el cuerpo es una de las claves que sobre el escenario mejor arroja su trabajo. Por eso se puede decir, sin temor a confundirse mucho, que es uno de los danzadores, dentro del panorama nacional, que mejor traslada a escena lo que verdaderamente quiere expresar. Vehicular pensamiento, exponer ideas y saber dar cohesión interna a un planteamiento como obra bailada es un don que pocos (o muy pocos) bailarines tienen. Crear, coreografiar y bailar a la vez no todo el mundo alcanza a desarrollarlo con autenticidad, actualidad y coherencia. De momento, él es el príncipe. O el Rey, según se mire.
Es por eso que estos años, a veces, el Carmona de ahora recuerda, salvando las distancias, a otro gran bailarín —en sus antípodas— al argentino y príncipe del ballet clásico Julio Bocca, que, durante más de una década, vivió un no parar internacional, que acabó, como todo el mundo sabe, pasándole buena factura. Hablando de quien nos ocupa, menos mal que el catalán dijo adiós a la dirección del Ballet Español de la Comunidad de Madrid, ese proyecto en el fondo tan poco claro en su independencia y objetivos, igual que todo lo que opera en la capital del Reino en lo referente a lo cultural. Y para ejemplo, ya comentado en varias ocasiones, la gestión y dirección de los Teatros del Canal, un espacio que nació pensado e ideado fundamentalmente para la danza, y que consiguió ser todo un referente internacional para este arte. (Quién lo ha visto y quién lo ve).
Al lío del lío
Pero volviendo al lío que nos ocupa, Unidos es a todas luces una «vuelta a casa» como el mismo ha manifestado. La pieza fue estrenada este mismo verano en el Festival Internacional del Cante de Las Minas, esa cita a la que tarde o temprano se llega o se vuelve, y que trece años después de haber obtenido el premio Desplante, a Carmona se le acoge como uno de sus hijos más predilectos. Esta obra supone el reencuentro del artista con lo que es más propio de todo lo que hace: estar dentro del flamenco-raíz: zapateado (percusión), estatismo, braceo, giros, quebradas, cadera inmóvil, saeta, tronío, palos; en definitiva: sonidos, postura, hechuras y desplantes. O traducido: taranto, fandango, bulería, seguiriya y soleá.
Carmona siempre ha sujetado postura en unos ejes buenísimos; no en vano su técnica sigue siendo prodigiosa, porque como no puede ser de otra manera su formación de clásico español, rinde al máximo cuando se da plena dificultad. Prueba de ello, por ejemplo, es su aclamada pieza El Salto (2021), donde, de principio a fin, se evidencian seguridades que diferencian la técnica y el físico del bailaor, en este caso bailaores, que dan alta medida de arquitectura flamenca en todo momento. Ese flow estructural bascula al baile un plus de suave perfección que no todo el que se dice bailaor tiene. Sujetar el eje en flamenco es básico; tanto es así que, hoy, y de forma general, eso que viene en llamarse flamenco contemporáneo se pasa un poco por el arco de triunfo lo de sujetar y atesorar bien el eje, cuando debería saberse que, para revolverse y desequilibrarse en un eje, primero hay que tenerlo.
Unidos abraza madurez, templanza, el duende como tercio en los medios; vamos, dicho en italiano: la doble efe: finezza flamenca, que, por momentos de pura excitación se marea de su propia borrachera; el estacato en tabla se balanceaba de alguna manera. Tan es así, que, ya mediando la despedida, nos avenimos a salir de caja escénica, y llegarnos a otro espacio, ya muy delante del público y a modo de proscenio, decir a la grada y a Gijón, que los paraguas también bailan, que el metal y la escalera también razonan danza.
Mientras, enfrente, desde abajo y a su vera, sentados y animados por lo acontecido, Ángel Flores, Eleazar Cerreduela y Manu Masaedo seguían al quite las evoluciones del jefe, del que ya intuyen cuándo la improvisación se inunda de alegría primero y de guiño, después. Guiño que se produjo en escena como prodigio en la simplicidad de una orden; de decir con un gesto: seguimos con esto, que sí, que quiero. Algo así es lo que sucede cuando uno ya no entiende el esfuerzo como esfuerzo, sino como corriente; esa adrenalina del espíritu que hace que uno se diga a sí mismo: «Vaya con esta gente del norte». La verdad es que desde la grada el público se diría que estuvo enamorado. Y no es para menos: el percuta, el cantaor y el guitarra, ya desmicrofonados, improvisaron sentados y al borde del escenario, un fin de fiesta tan cercano y cálido para con el público gijonés, que la gente al salir solo murmuraba: «Qué pasada».
Y es que ha sido hermoso porque ha sido auténtico; porque lo regalado se ha hecho con el corazón queriendo sin mirar nada más, sin tener en cuenta lo material que obviamente media entre el contrato y el estruendo.
Finalizado el espectáculo, fuera de cajas, y esperando para solicitar autógrafo:
- Periodista (P): Qué bien ha estado, cómo se notaba que estaba a gusto, que estaba contento.
- Técnico responsable de la empresa de sonido del espectáculo (T): Sí, mucho.
- P: ¿Se le notaba bastante que le estaba gustando hacerlo, ¿no cree?
- T: ¡Vaya que si se le notaba!
- P: De lo contrario, no lo hubiera hecho; quiero decir que no se hubiera estirado tanto…
- T: Aquí soy el técnico, pero eso ya le digo yo, que no, que no lo hubiera hecho.
- Entonces, solo queda decir: gracias, Jesús; gracias por ese tiento y por tu momento.
Ficha técnica y artística
Unidos, 2025
Coreografía y dirección: Jesús Carmona
Danzaor: Jesús Carmona
Músicos:
Percusión: Manu Masaedo
Cante: Eleazar Cerreduela
Guitarra: Ángel Flores.
Regiduría y coordinación técnica: Lola Alonso.
Distribución: Danzaor Carmona.
J. Carmona: Mejor Bailarín Sobresaliente del XX Certamen de Danza Española y Flamenco de Madrid en 2011, obtiene el Premio Desplante en el 52º Festival Internacional de Cante de las Minas de la Unión, el Premio El Ojo Crítico de Danza 2019 que concede RNE; en 2020 obtiene el Premio Nacional de Danza en la modalidad de Creación (2020) y el Premio Benois de la danza al mejor bailarín del mundo.
Centro de Cultura Antiguo Instituto, 7 de abril, a las 21:00 horas. Duración: 60 minutos aproximadamente. Excena Flamenca de Excena en Danza. Departamento de Innovación Cultural. Fundación Municipal de Cultura de Gijón y Universidad Popular. 2025, Gijón.
Yolanda Vázquez es periodista especializada en danza. (Dedicado a Luis Muñiz)