Alejandra Chamoun, oftalmóloga: «En invierno también hay que proteger muy bien los ojos de las radiaciones ultravioletas. Pueden producir lesiones irreversibles»
ASTURIAS
La especialista explica que al igual que hay que utilizar cremas de protección solar y cremas hidratantes para la piel durante a diario y sin limitaciones, también se deberían usar lágrimas artificiales «todos los días del año» para mantener una buena salud ocular
05 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Con la llegada del invierno, solemos abrigarnos mejor, proteger la piel del frío y tomar precauciones frente a la humedad, el viento o la nieve. Sin embargo, hay una parte de nuestro cuerpo que a menudo pasa desapercibida: los ojos. Las bajas temperaturas, el aire seco, el viento y la intensa radiación que refleja la nieve pueden afectar más de lo que pensamos a nuestra salud visual.
Para conocer qué riesgos existen y cómo prevenirlos, hablamos con la oftalmóloga Alejandra Chamoun. En la entrevista concedida a La Voz de Asturias, la experta explica por qué el invierno también exige cuidar y mantener una buena «higiene ocular» y qué medidas sencillas podemos adoptar para proteger nuestra vista en esta época del año.
—Aunque solemos asociar el cuidado de los ojos al verano, ¿por qué es igual o incluso más importante protegerlos durante el invierno?
—Hay que tener en cuenta que el invierno es una de las estaciones del año en la cual los ojos están más expuestos a factores externos, como son el frio, el aire o la radiación UV reflejada en la nieve, que puede ser incluso más intensa que en verano. Además, podemos sumar a todos estos factores la sequedad ambiental que producen las calefacciones en nuestros hogares.
—¿Qué efectos puede tener el frío intenso y el viento típico de las zonas de montaña sobre la salud ocular?
—Por un lado, ambos factores pueden provocar una sequedad ocular por evaporación acelerada de la lagrima, lo cual deja a nuestro ojo desprotegido frente a posibles irritaciones, infecciones o producir queratitis de repetición. Por otro lado, aunque parezca paradójico, y aunque nuestros ojos sufran de sequedad, ambos factores inducen un aumento de la producción de lagrima, la cual aumenta en cantidad, produciendo un molesto lagrimeo, pero no de calidad, por lo que el ojo aun con esa cantidad de lagrima sigue desprotegido. Además, siendo época de infecciones respiratorias, estas también pueden afectar a nuestros ojos produciendo molestas conjuntivitis víricas.
—¿Qué síntomas deberían alertarnos de que el frío o las condiciones invernales están afectando a nuestros ojos?
—Podríamos notar por todo lo referido anteriormente sensación de arenilla o cuerpo extraño atribuida al ojo seco, ojo rojo e irritaciones por la misma razón. También fotofobia si aparecen heridas en la córnea por sequedad, pero él síntomas más referido, sin duda, es el lagrimeo.
—Cuando vamos a la nieve, ¿qué riesgos específicos existen para los ojos, más allá del deslumbramiento?
—Tenemos que tener en cuenta que en la nieve la radiación UV se multiplica por la incidencia de los rayos en la nieve y el reflejo de los mismos sobre nuestra superficie ocular y retina. Una exposición continuada durante una jornada de nieve sin protección ocular puede derivar en afecciones como la queratitis actínica/quemadura de la córnea por el efecto de la radiación, la cual produce una intensa sensación de malestar, ojo rojo, dolor, fotofobia e incluso visión borrosa. Otra afección es el daño en la retina por exposición prolongada a radiación UV, que puede causar una quemadura irreversible en la parte central de la retina llamada mácula, repercutiendo en nuestra visión central.
Protección en la nieve
—¿Qué tipo de gafas o filtros son más recomendables para esquiar o pasar el día en la nieve?
—Los más indicados son las gafas de sol o mascara de esquí categoría 3 o 4, preferiblemente envolvente para proteger del frio, aire y radiación lateral; un filtro UV 100% certificado (UV-A y UV-B); y en condiciones de mucha luminosidad se recomiendan lentes polarizadas y, por el contrario, en días de baja visibilidad o ventisca lentes amarillas o naranjas que mejoran la sensibilidad al contraste.
—La «ceguera de nieve» (queratitis actínica ocular) es un problema frecuente. ¿Cómo se puede prevenir y qué hacer si aparece?
—La única prevención posible es proteger a los ojos de una sobreexposición a radiación UV, tanto en adultos como en niños. Los síntomas más frecuentes son: sensación de arenilla o incluso dolor, ojo rojo, lagrimeo, y fotofobia que se trata de la molestia a la luz o claridad. Si percibimos estos síntomas, hay que consultar de manera preferente con un especialista en oftalmología, ya que se trata de una afección que si no se trata como es debido puede producir lesiones irreversibles, como leucomas corneales que son cicatrices permanentes. El tratamiento pasa por una lubricación con lágrimas artificiales y geles hidratantes acompañados de corticoides tópicos que ayudan con la inflamación y en ocasiones se complementa el tratamiento con un colirio ciclopléjico, el cual dilatando la pupila disminuye las molestias con los cambios de luminosidad impidiendo que el esfínter del iris de dilate y se contraiga.
—¿El uso de lágrimas artificiales es recomendable en invierno? ¿Qué tipo y con qué frecuencia?
—El uso de lágrimas artificiales es recomendable todos los días del año, yo siempre les hago la comparación a mis pacientes con la crema de protección solar y cremas hidratantes, las cuáles deben ser usadas a diario y sin limitaciones, si bien es cierto que las características de las lágrimas artificiales cambian según las necesidades de cada paciente y la época del año. Eso de que todas son iguales no es cierto. Lo ideal siempre es que la base de la lágrima sea ácido hialurónico en sus diferentes densidades. A este compuesto pueden añadirse otros como la ectoína, que es un antinflamatorio sin efectos secundarios sobre la superficie ocular que puede ser utilizado a largo plazo. Es muy útil en pacientes con alergias, picor, escozor recurrente, pero incluso existen lagrimas con filtro UV. En invierno, por tanto, lo ideal es utilizar una lágrima, como dije antes, con ácido hialurónico de alta densidad, con un porcentaje mayor de fosfolípidos o incluso en formato gel.
Fortalecer el tratamiento si hay enfermedades oculares
—¿Qué cuidados deben tener de forma especial las personas que ya tienen problemas o enfermedades oculares?
—Si ya partimos de una situación de sequedad ocular, en invierno deberemos fortalecer el tratamiento ya sea intensificando el número de veces que nos instilamos lágrimas artificiales a lo largo del día o utilizando una de mayor densidad que nos hidrate más. Además, en casa o en nuestro trabajo las calefacciones siempre tienden a resecar el ambiente y, por ende, nuestros ojos, por lo que utilizar humidificadores siempre puede ser una buena opción
—Y si se usan lentes de contacto, ¿hay que tomar precauciones ante las condiciones climatológicas propias del invierno?
—Los usuarios de lentes de contacto sea invierno o verano siempre deben hidratar sus ojos con lágrimas artificiales. Deben tener en cuenta que las lentillas se comportan como un cuerpo extraño a nivel de la superficie ocular y que, en mayor o menor medida, siempre absorben parte de nuestra lágrima. Siempre les insisto a mis pacientes que usan lentillas en que no es lo mismo limpiar que hidratar el ojo, es como lavarse las manos o ponerles crema, son conceptos complementarios pero diferentes. Los líquidos de lentillas y el suero fisiológico pueden servir para limpiar los ojos, pero nunca para hidratarlos, para ello deberemos utilizar lagrimas artificiales y existen algunas que se pueden instilar incluso cuando llevamos la lente de contacto puesta.
—¿Qué consejos prácticos daría para mantener una buena salud visual durante los meses fríos, tanto en zonas urbanas como en entornos de montaña?
—Resumiendo los conceptos anteriores y extrapolándolos a que pueden ser puestos en práctica durante todo el año, durante los meses de invierno deberemos ser especialmente cuidadosos con aspectos como mantener una buena hidratación ocular con el uso de lágrimas artificiales de manera diaria y con frecuencia, siendo lo ideal mínimo 2-3 veces al día. También utilizar protección ocular, preferiblemente con lentes o máscaras de esquí, con los filtros indicados, sin olvidarnos de proteger siempre los ojos de los más pequeños. Por último, hay que consultar con un especialista en oftalmología ante la aparición de síntomas o signos que nos alarmen, sobre todo, tras alguna actividad en la que hayamos estado expuestos de manera prolongada a radiación UV.