El sector de la sanidad pública amenaza con nuevas movilizaciones si no se atienden sus demandas de cambios estructurales profundos
06 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los médicos vuelven a estar en pie de guerra. El sistema sanitario asturiano, dentro del contexto del Sistema Nacional de Salud, ha atravesado en 2025 por una de sus fases más tensas y conflictivas en años, reflejo de problemas estructurales que suman desgaste profesional, saturación asistencial y frustración de pacientes y profesionales.
Asturias, como otras comunidades autónomas españolas, ve cómo la presión asistencial no deja de crecer mientras la capacidad de respuesta se ve limitada por plantillas insuficientes, consultas desbordadas, listas de espera prolongadas y condiciones laborales que muchos facultativos consideran inadecuadas para ofrecer una atención de calidad.
La crisis no es exclusiva del Principado: en el ámbito nacional, médicos y profesionales sanitarios han venido denunciando desde hace tiempo que la sanidad pública mantiene un déficit de recursos humanos y materiales que se traduce en jornadas extenuantes, guardias que no se reflejan en la carrera profesional ni en la jubilación y una sensación general de precariedad funcional que erosiona tanto la calidad de vida de los trabajadores como la de los pacientes que dependen de ella.
En este marco de malestar persistente, los médicos asturianos se han sumado a las convocatorias de huelga que se han repetido durante 2025 como parte de un movimiento más amplio de protesta de la profesión médica en todo el país.
Del 9 al 12 de diciembre de 2025 se desarrolló una huelga nacional convocada por la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) y el Sindicato Médico Andaluz (SMA), con seguimiento significativo en Asturias y otras comunidades, para rechazar el borrador del nuevo Estatuto Marco del personal del SNS propuesto por el Ministerio de Sanidad y exigir un estatuto profesional propio que reconozca las particularidades de la profesión médica y garantice mejores condiciones de trabajo.
La protesta asturiana se ha vivido entre servicios mínimos que han dejado hospitales y centros de salud afectados y cifras de seguimiento que varían según las fuentes, con sindicatos hablando de un apoyo mayoritario en centros y la administración regional ofreciendo cifras más moderadas, reflejo de la intensidad del conflicto y de la disputa por la percepción pública del mismo.
Los médicos reclaman, además de una regulación más justa de las guardias, que estas horas computen para la jubilación y que se ajusten retribuciones y jornadas para acabar con la precariedad de una profesión que exige altas responsabilidades, largas formaciones y condiciones laborales que muchos juzgan insostenibles.
Las movilizaciones médicas en Asturias y en el resto del país no surgen de la nada: llegan después de años de demandas no satisfechas sobre plantillas insuficientes, presión asistencial creciente en primavera y otoño por afecciones respiratorias y otras patologías, saturación de urgencias y listas de espera que condicionan la atención.
A juicio de los sindicatos, la reforma del Estatuto Marco no da respuesta a las necesidades específicas de los médicos, que sostienen que un marco general para todos los trabajadores del SNS no puede reflejar la complejidad y responsabilidad de su labor, mientras que el Ministerio de Sanidad defiende que la propuesta respeta la cohesión del sistema y que cuestiones como retribuciones específicas o jornadas dependen de las competencias de cada comunidad autónoma.
La amenaza de nuevas movilizaciones en 2026 —incluida una huelga indefinida anunciada por varias organizaciones sindicales a partir de enero si no se alcanzan acuerdos satisfactorios— evidencia que el conflicto está lejos de cerrarse.
Los médicos asturianos, al igual que muchos de sus colegas en otras regiones, sostienen que sin cambios estructurales profundos que mejoren condiciones laborales, organizativas y de reconocimiento profesional, el sistema sanitario seguirá perdiendo talento y enfrentando dificultades para prestar una atención sanitaria pública de calidad en un contexto de demanda cada vez más exigente.