Trenes que aún remolonean

Ana Molina
Ana Molina REDACCIÓN

ASTURIAS

Renfe

La evolución del AVE y el estancamiento de la red de FEVE son los grandes retos para el próximo ejercicio

01 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue la gran esperanza. La llegada del AVE Madrid-Asturias —y con ella la subida de la región a la red de alta velocidad del país— generó expectativas de transformación ferroviaria: mayor rapidez para unir Asturias con la meseta, impulso al turismo y la economía, una alternativa competitiva al coche.  Y en efecto, el tren supuso un gran salto. Sin embargo, este año y el que viene, que debían ser los del despegue, se ha visto que aquella promesa encuentra ahora varios frenos, mientras la red de media distancia y de cercanías, heredera de la antigua FEVE, sufre su propia crisis, al borde de colapso si no se concretan mejoras urgentes.

El AVE llegó a Asturias con bombo y platillo, y no era para menos. Su inauguración formal marcó un hito histórico tras décadas de obras, inversión millonaria y retrasos. El nuevo tren de alta velocidad prometía reducir el trayecto con Madrid a menos de tres horas, una ganga en comparación con las ocho o más que llevaba hasta entonces la vieja línea por Pajares.  Pero ese reto —bajar de las tres horas— sigue pendiente, incluso después de un año de funcionamiento. Los retrasos en la entrega de material rodante (los trenes Avril), las numerosas incidencias y averías, y fallos estructurales en el sistema han empañado la puesta en marcha. 

Uno de los episodios más paradigmáticos ocurrió el 1 de enero de 2025. Un fallo informático impidió que los trenes cargaran baterías, dejando sin servicio durante casi 22 horas a los corredores de alta velocidad, incluyendo el de Asturias-Madrid. Cerca de 3.000 viajeros asturianos resultaron afectados. El «efecto 2025», como se conoció, generó alarma entre los usuarios sobre la fiabilidad del sistema. El AVE existe, la infraestructura está, pero su explotación dista de ser regular y estable.

El reto de ese reto de la línea de alta velocidad Madrid-Asturias, bajar de las tres horas, sigue pendiente

A ese historial se suma ahora un horizonte lleno de incertidumbres: la liberalización del transporte de alta velocidad en España, una promesa de apertura del mercado a nuevos operadores, mayor competencia y mejores precios, ha sido desbloqueada para el corredor Madrid-Asturias.  Pero la competencia trae consigo riesgos. Los convoyes deben cumplir exigencias técnicas y, en el contexto de los recientes fallos, algunos temen que nuevos operadores duden en apostar por un corredor con reputación de inestabilidad. Esto podría traducirse en retrasos, ofertas reducidas o precios poco competitivos, frenando así la esperada «explosión ferroviaria».

Mientras tanto, la red convencional —cercanías y media distancia, muchas veces construida sobre la vieja FEVE— atraviesa una situación crítica. El servicio en Asturias y Cantabria acumula demoras, cancelaciones y averías recurrentes. Usuarios reportan frecuentes retrasos de minutos o incluso horas, y pérdida de confianza en el tren como medio fiable para desplazamientos diarios. 

Las causas son múltiples: envejecimiento de la flota, infraestructuras anticuadas, inversiones atrasadas y un plan de renovación que —si bien existe sobre el papel— se encuentra estancado. Por ejemplo, estaba previsto que en 2026 comenzasen a circular en Asturias nuevos trenes de cercanías encargados a la empresa CAF, como parte de un acuerdo para modernizar un sistema que acumulaba décadas de abandono. Pero a mediados de 2025 el propio Gobierno central ya había empezado a esquivar plazos: renunció a garantizar por escrito la entrega en 2026, y dejó la puerta abierta para que se demore aún más. Con ese escenario, numerosos sindicatos y partidos regionales han advertido que 2026 se vislumbra como otro año perdido para la red convencional.

La lamentable situación de FEVE no encuentra salida, con un Gobierno central que se resiste a ejecutar inversiones urgentes

La consecuencia tangible de ese parón es evidente: el sistema ferroviario en Asturias aparece hoy fragmentado, con un AVE que no logra cumplir las expectativas principales de velocidad, fiabilidad y continuidad, y unas cercanías que, en lugar de servir de complemento accesible y democrático, están al borde del colapso, vulnerando su función social. 

¿Qué cabe esperar de cara a futuro? Si los responsables son capaces de cumplir los compromisos de entrega de nuevos trenes, estabilización del servicio e inversión en mantenimiento, podría abrirse una segunda fase de consolidación. La liberalización del AVE, de llegar acompañada de competencia real, puede traer mejoras: más frecuencias, menores precios, mejor atención al cliente. Pero todo depende de que primero se corrija lo que hoy falla. En cuanto a las cercanías y la antigua FEVE, es urgente renovar la flota, mejorar la infraestructura y reconstruir la confianza de los viajeros. Si no, la red convencional seguirá en deterioro, desaprovechando su potencial como columna vertebral del transporte regional.