La ciencia toma el mando

B.BLASCO REDACCIÓN

ASTURIAS

Imagen de archivo de una investigadora realizando pruebas en un laboratorio
Imagen de archivo de una investigadora realizando pruebas en un laboratorio Eplisterra

El Principado apuesta en su último presupuesto por el sector público como motor de la investigación y el avance en el campo científico

06 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El área de ciencia del Principado de Asturias llega al nuevo año con proyecciones ambiciosas y una fuerte apuesta, al menos sobre el papel, por consolidar un ecosistema de investigación propio, atraer talento y transformar el tejido productivo regional mediante innovación y desarrollo tecnológico.

Es un momento en que el Gobierno autonómico ha hecho de la ciencia la locomotora de su inversión pública para el próximo año. En diciembre de 2025, la consejería de Ciencia, Industria y Empleo presentó un presupuesto de 621,75 millones de euros para 2026, un 5,2 % más que el año anterior y que sitúa al área como la principal inversión autonómica con cerca de 293,7 millones destinados a innovación, talento y empleo, lo que representa más del 27 % de toda la inversión pública planificada por el Principado.

Este despliegue presupuestario responde al compromiso de reforzar las políticas de ciencia y tecnología, consolidar la carrera investigadora, atraer talento y modernizar la economía basada en conocimiento científico.

Una de las novedades más destacadas previstas para entrar en funcionamiento en 2026 es el denominado «CSIC asturiano», una estructura inspirada en el modelo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas que comenzará a tomar forma con la incorporación de las primeras cinco plazas del nuevo cuerpo científico autonómico integradas en el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida).

Esta iniciativa, que se apoya en la primera Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación de Asturias aprobada en 2025, busca dotar a la comunidad de un verdadero organismo propio de investigación para ejecutar proyectos de I+D+i en ámbitos estratégicos, fomentar la colaboración entre universidades, centros públicos y empresas, y atraer recursos tanto nacionales como europeos.

La ley también promueve instrumentos como la compra pública precomercial y la creación de bancos de prueba experimentales que permitirán ensayar tecnologías emergentes en entornos reales antes de su comercialización.

Ese fortalecimiento del sistema asturiano de ciencia se complementa con programas de apoyo a la excelencia investigadora ya en marcha o que se prolongarán hasta 2026. Por ejemplo, el Principado ha financiado con 11,2 millones de euros la actividad de 80 grupos de investigación hasta finales de ese año, consolidando financiación récord para equipos en diversas disciplinas que incluye salud, energía limpia, materiales avanzados, agricultura inteligente o ciencias sociales y humanidades.

Este impulso se combina con la captación de casi tres millones de euros del Ministerio de Ciencia para formalizar once contratos Ramón y Cajal, considerados uno de los principales mecanismos para atraer y retener talento científico de alto nivel durante cinco años en centros como la Universidad de Oviedo y entidades vinculadas al CSIC en Asturias.

La estrategia del Principado no solo busca aumentar la financiación, sino articular un ecosistema de I+D+i sostenible y competitivo. En este sentido se refuerzan programas como Misiones Científicas, que amplía temáticas y consorcios para proyectos públicos y privados, y se alinean prioridades científicas con la Estrategia de Especialización Inteligente, que incluye áreas como biotecnología aplicada a la salud, comunicación cuántica o hidrógeno renovable, lo que abre puertas a sinergias entre instituciones y sectores productivos.

Las perspectivas del área de ciencia para 2026, por tanto, reflejan una combinación de crecimiento presupuestario, creación de estructuras propias de investigación, incorporación de talento de alto nivel y un enfoque estratégico que vincula ciencia con desarrollo socioeconómico. Aunque los retos de consolidar una comunidad científica robusta y retener investigadores en el largo plazo siguen presentes, la agenda para 2026 coloca a Asturias en una senda de modernización y transformación basada en el conocimiento y la innovación.