El futuro eléctrico de la región pasa por un momento crítico entre el abandono de los combustibles fósiles y un sistema muy tensionado
02 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Durante décadas, Asturias fue una potencia eléctrica basada en el carbón y otras fuentes convencionales. La estrategia de descarbonización con el cierre progresivo tanto de las minas y, en consecuencia, de las centrales térmicas, obligaba a la comunidad a reconvertir su sistema energético. Sin embargo, la transición a renovables no ha logrado equilibrar completamente el déficit que se ha originado, y la región ha pasado de ser exportadora de energía a depender cada vez más de electricidad producida fuera.
De acuerdo con datos recientes, la potencia instalada en el Principado ronda los 3.827 MW; de estos, algo más de 1.600 MW corresponden a tecnologías renovables, es decir, un 41,8% del total. En 2024, el porcentaje de generación eléctrica procedente de fuentes renovables alcanzó el 43,5%, un dato relevante, aunque impulsado en gran parte por la caída de la producción con carbón y gas, más que por un crecimiento dramático de las fuentes limpias.
No obstante, esos nuevos recursos no han crecido al ritmo que se ha visto en otras comunidades españolas: Asturias no ha destacado ni por su fotovoltaica, ni por una expansión masiva de eólica, en comparación con territorios vecinos. Según un informe reciente sobre empleo e industria vinculada a renovables, en Asturias las energías limpias generan trabajo (5.300 empleos), con expectativas de crecimiento si se apuesta por desarrollo industrial local. Pero hay que apostar por ello.
Más allá de la generación eléctrica, la región aspira a convertir esa transición en un motor de empleo y desarrollo, especialmente en zonas afectadas por cierres térmicos o minería tradicional.
En los últimos años se han lanzado diversos concursos públicos para facilitar la implantación de nuevos proyectos renovables y de almacenamiento. Un ejemplo es el concurso por derechos de acceso a la red en los llamados «nudos de transición justa», vinculados al cierre de centrales térmicas. Destacan los nudos Narcea (400 kV) y La Pereda (220 kV). El primero concentra recursos en el suroccidente asturiano, y el segundo en zonas del valle del Caudal.
En total, los concursos abiertos recientemente suman 836 MW de capacidad para generadores renovables o almacenamiento, con prioridad a proyectos que minimicen impacto ambiental y maximicen efectos socioeconómicos locales (empleo, industria, autoconsumo, etc.).
Además, la apuesta por el hidrógeno verde ha ido ganando impulso, aunque ahora mismo está en cuestión. Proyectos estratégicos en la región plantean convertir antiguas centrales térmicas en infraestructuras de hidrógeno, e instalar sistemas de almacenamiento eléctricos, una apuesta por una energía más limpia y flexible, especialmente útil para industrias intensivas en consumo.
Para algunas empresas e industrias, especialmente las electrointensivas, el uso de energía renovable podría ofrecer precios competitivos y un marco más estable a medio plazo. Pero aún parece un escenario un tanto lejano.
¿Ha habido un parón en energía renovable en Asturias? La respuesta corta es que sí; los datos recientes muestran señales de ralentización, y hay una serie de obstáculos estructurales que explican ese parón.
Las razones incluyen una moratoria en algunos proyectos, demoras en la tramitación, y la oposición social a nuevas infraestructuras (eólica, solar) en ciertos territorios y, paradójicamente, entre sectores ecologistas. Además, la capacidad de red, es decir, la posibilidad de conectar nuevos productores a la red eléctrica existente, ha sido un cuello de botella ciertamente infernal. Muchas solicitudes de conexión han sido bloqueadas o demoradas por falta de margen en los nudos principales de distribución.
El resultado es una cierta descompensación: mientras se reduce la generación con carbón, y con ella la autosuficiencia histórica de Asturias, el crecimiento de renovables no compensa suficientemente, lo que resulta en una dependencia creciente de la electricidad importada desde fuera.
¿Más apagones?
Un problema clave emerge hoy en Asturias: su zona central, la más poblada y fuertemente industrializada, sufre una fuerte tensión en la red eléctrica. La patronal regional, Federación Asturiana de Empresarios (FADE), advierte de un «cuello de botella crítico»: los nudos de 132 kV, adecuados para industria y grandes consumidores, están «colapsados en su práctica totalidad».
El plan estatal para el periodo 2025?2030 incluye una inversión estructural de más de 260 millones de euros para reforzar la red eléctrica de Asturias, especialmente mediante una nueva infraestructura clave: el llamado Anillo Energético de Asturias en su tramo central. Pero su finalización no se espera antes de 2029.
Mientras tanto, la saturación de la red pone en jaque tanto la instalación de nuevos parques renovables como nuevas inversiones industriales o proyectos de hidrógeno o digitalización que requieren un suministro fiable. Como ha señalado FADE, «sin capacidad de red no se pueden electrificar procesos ni atraer nuevos proyectos estratégicos».
Este cuello de botella estructural explica en buena medida por qué Asturias puede tener renovables instaladas, pero no logra transformar su modelo energético ni asegurar un abastecimiento suficiente para industria y consumo. La red no acompaña.
Pese a las dificultades, hay motivos para la esperanza. En primer lugar, los concursos de transición justa abiertos hasta 2026 ofrecen capacidad de red para decenas de nuevos proyectos renovables, lo que puede dar un impulso necesario al sector.
Además, el impulso al hidrógeno renovable y al almacenamiento eléctrico podría convertir a Asturias en un eje de transición energética, con ventajas industriales y de sostenibilidad. Si se completa el refuerzo de la red central y el anillo energético antes de 2030, la infraestructura podrá satisfacer tanto demanda industrial como nuevas fuentes renovables, y abrir la puerta a una electrificación más ambiciosa.
A medio plazo, si estos planes se cumplen, Asturias podría consolidar un modelo de generación menos dependiente de combustibles fósiles, con mayor peso de renovables, almacenamiento y tecnologías limpias. Esto no solo ayudaría a reducir emisiones, sino también a modernizar su industria, crear empleo y apostar por un desarrollo económico sostenible.
Pero todo dependerá de vencer los frenos: la saturación de la red, los retrasos administrativos, la oposición social en ciertos territorios, y la capacidad de movilizar inversiones en generación limpia y redes eléctricas.
De modo que Asturias ha iniciado su transición energética hacia un modelo más limpio, con un parque renovable significativo en potencia instalada y producción. Pero ese proceso, aunque real, avanza con lentitud. Las renovables crecen, pero no lo hacen con la intensidad que otros territorios han mostrado. Y mientras la generación térmica se reduce, la red eléctrica y la infraestructura no han sido capaces de absorber la demanda nueva generada ni los proyectos pendientes.