Psicóloga, sobre el «Blue Monday»: «En enero te preguntas cuánto gastaste en Navidad, llegan los propósitos y empieza la frustración»

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ASTURIAS

El «blue monday» es, supuestamente, el día más triste del año.
El «blue monday» es, supuestamente, el día más triste del año. iStock

Este lunes, 19 de enero, es considerado el día más triste del año: «La rutina es un factor protector de la salud mental; de hecho, en los chicos, muchos de los problemas vienen de que no tienen rutinas establecidas»

19 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En España tenemos desde hace décadas un entusiasmo fuera de toda duda por acoger sin filtro las campañas o fiestas de origen anglosajón con trasfondo comercial. Primero fue San Valentín, después llegaron Papá Noel, Halloween y el Black Friday, y ahora le toca el turno al «Blue Monday», el que la agencia de viajes Sky Travel calificó como el día más triste del año en una campaña de marketing en el año 2005. Ese día es hoy: el tercer lunes del mes de enero. ¿Y porqué ese día y no otro? Por el trabajo del psicólogo británico Cliff Arnall, que presentó una fórmula «matemática» para calcular cuál sería ese día tan deprimente.

Lo cierto es que la fórmula no tiene ningún rigor científico y ha sido desacreditada una y otra vez, a pesar de lo cual la idea del «Blue Monday» ha seguido creciendo. Pero, ¿podría tener cierto sentido pensar que ese lunes del mes de enero puede ser realmente un día triste, aunque no sea «el más triste»? La psicóloga Angélica Rodríguez, coordinadora de la Comisión de Psicología de la Salud del Colegio Oficial de la Psicología del Principado de Asturias (COPPA), lo tiene claro. «¿Es el día más triste del año? No. Ahora, hay un fundamento para pensar que esta época de enero puede ser algo triste».

La fórmula de Arnall aludía al clima frío y oscuro del invierno, las deudas tras las compras navideñas, el tiempo transcurrido desde las fiestas, los propósitos de Año Nuevo que empiezan a no cumplirse, y los bajos niveles de motivación que todo ello acarrea. La psicóloga asturiana sí encuentra factible que todos estos factores ayuden a que estemos un poco más tristes, porque «el mes de diciembre coges el cerebro y le metes una aceleración brutal, con la obligación de ser feliz, pasarlo bien, y hasta un estrés lumínico terrible que habría que considerar; y después del día 6 apagan las luces y se apaga todo». Y el cerebro «es más lento para adaptarse de lo que llegamos a entender, tarda en prepararse; la adaptación para la Navidad viene de mucho más atrás, porque antes noviembre era un mes anodino y ahora todos los fines de semana hay algo, te preparan para la Navidad; y mucha gente coge cada vez más vacaciones de Navidad; pero para enero no hay esa preparación, llega y cambia toda la configuración». 

En enero, aparecen otros «criterios de realidad, te preguntas cuánto habré gastado, buscas más control, y te propones cosas nuevas que no haces y empieza la frustración; hay muchas cosas que hacen que enero tenga una sintomatología más triste, que te veas más apagado, más nervioso». Para la psicóloga, hay también un factor importante que es el de la pérdida de la rutina durante las fiestas. «Será peor si no hemos mantenido una mínima rutina durante la Navidad, aunque sea distinta de la habitual, pero mantener algo. La rutina es un factor protector de la salud mental; de hecho, en los chicos, muchos de los problemas vienen de que no tienen rutinas establecidas». 

Si te saltas esa rutina, el cerebro «es lento para adaptarse» cuando se vuelve a la normalidad, y eso afecta al estado de ánimo. Para evitarlo, la psicóloga aconseja mantener una rutina mínima durante las vacaciones, y unos días antes empezar a acomodar los hábitos a los que llegarán en enero: por ejemplo, empezar a levantarse algo más temprano. 

Y después, para hacer frente a esa propensión a la tristeza, es también muy bueno no hacerse grandes propósitos y sí establecer rutinas fáciles y muy asequibles, «ir haciendo cosas que diariamente quieras hacer, que te gusten». Por ejemplo, en vez de proponernos aprender inglés, animarnos simplemente a estudiarlo diez minutos al día, sin pensar en los resultados. Que la propia rutina sea el logro, que «al cerebro le viene bien; hay que ponerle retos que no estén muy alejados de lo que haces en el presente, y en vez de quitarle espacio al trabajo o a compartir el tiempo con mi familia, se lo quito por ejemplo a estar en las redes sociales».

Es posible que hoy sea un día triste, gris y poco atractivo, pero tampoco es para tanto. Así como hay quien no se pliega del todo a los excesos de la Navidad, es posible también no ser víctima del exceso de contención de enero. Basta con centrarse en pocas cosas y hacerlas bien, y ver la vuelta a la rutina no como algo malo sino como una forma de orden que, bien entendida, es una fuente inequívoca de salud.