Estos son los 35 edificios incluidos en la Lista Roja por riesgo de ruina en Asturias
ASTURIAS
Iglesias al borde del derrumbe, fábricas sin uso y palacios que se deshacen: la supervivencia de 27 de ellos está en manos privadas
19 feb 2026 . Actualizado a las 12:17 h.La Lista Roja de Hispania Nostra es un inventario que habla de edificios con valor patrimonial que se encuentran en riesgo de desaparición por abandono, degradación o ruina en toda España. En los últimos tiempos, se ha convertido en una buena guía para saber la preocupación que cada comunidad autónoma tiene por sus edificios señeros. En esta lista, Asturias tiene 35 inmuebles de todo tipo, de los que 27 son de propiedad privada, lo que quizá haga más difícil su recuperación.
El último en incorporarse, el pasado 5 de enero, es la antigua iglesia parroquial de Santa Eulalia, en Puertas de Cabrales, un edificio de origen románico de valor considerable. La ficha de Hispania Nostra sobre este inmueble habla de un «punto de no retorno» y de la urgencia de aplicar una campaña de protección para evitar un derrumbe que haga imposible cualquier recuperación.
Junto a este, hay otros muchos edificios religiosos: la iglesia de San Pedro de Plecín, en Alles (Peñamellera Alta), y la iglesia de San Cipriano de Infiesto, en Piloña, ambas en Lista Roja desde hace años; la capilla de San Andrés, en San Andrés de Linares (Salas); la ermita de Nuestra Señora de Ricao, en Caleao (Caso), y la ermita de San Roque y Santa Apolonia, en Villalegre (Avilés).
Además de iglesias y capillas, hay numerosos monasterios, algunos muy señalados: el monasterio de San Salvador de Cornellana, en Salas, el de San Antolín de Bedón, en Llanes, y el monasterio de Santa María la Real de Obona, en Tineo. El caso de Cornellana, además, introduce una idea que hay que tener en cuenta: restaurar un inmueble no es el último paso de su conservación. El edificio fue restaurado en su día, y se le concedió un importante valor patrimonial, pero no tiene mantenimiento ni un proyecto de continuidad. Por eso Hispania Nostra lo sitúa en Lista Roja en activo y lo documenta como un bien que, sin un rumbo sostenido, puede volver a degradarse aunque ya se haya intervenido en él.
En paralelo al patrimonio religioso, la Lista Roja asturiana contiene un segundo gran bloque: la ruina industrial. Aquí el deterioro suele llegar paulatinamente, muchas veces por expolios y desmantelamientos debidos a la falta de vigilancia. La antigua fábrica de conservas Lis, en L’Arena (Soto del Barco), es uno de los casos más evidentes: se deteriora día tras día con la caída de cascotes y cristales.
Algo parecido ocurre con la Sociedad Ibérica del Nitrógeno, en el entorno de La Felguera/Barros (Langreo), descrita como un conjunto industrial con partes demolidas y otros elementos en desuso. Este tipo de deterioro por fragmentación es especialmente difícil de revertir: cada pieza que desaparece reduce el valor del conjunto y hace menos probable que alguien se decida a salvar lo que queda. En esa misma línea de ruina industrial están la fábrica de armas de La Vega, en Oviedo, y la parte del conjunto de la antigua fábrica siderúrgica de La Felguera, además del conjunto ferroviario de Vega-La Felguera.
La mina de Llumeres, en Bañugues (Gozón), está también deteriorada pero es un bien que podría recuperarse si se aplica una intervención adecuada. Es una explotación de hierro que tuvo actividad entre 1861 y 1967 y que cuenta con edificios como el almacén, oficinas, casa de máquinas, bocamina o puerto de embarque que, como conjunto, tienen un importante valor arqueológico-industrial.
Todos estos edificios se encuentran deteriorados, pero lo importante es que se conserva el conjunto. Si se actúa pronto, podría conservarse todo su valor. Finalmente, dentro del patrimonio industrial, hay un edificio de mucho menor escala que no por ello tiene menos valor: las Casas de los Zapateros, en Noreña, que requiere una vigilancia y una inversión mínima para evitar que pase de inmueble degradado a inviable.
Asimismo, aparecen en la Lista Roja un buen número de edificaciones de patrimonio civil y militar, el más disperso geográficamente, que incluye casonas, chalés, palacios y torres que vivieron días de esplendor y hoy están en mal estado, en muchos casos porque conservarlas tiene un coste muy alto.
La Casona de Sarmiento, en Cangas de Onís, construida en 1916 como chalé de veraneo y comprada con la intención de reconvertirla en hotel, es un buen ejemplo del destino al que se ven abocadas muchas de estas edificaciones: se anuncia un futuro uso pero entre trámites, financiación y tiempos largos de inacción el inmueble sigue perdiendo cubierta, carpinterías y estabilidad.
Otros edificios domésticos son el chalé de José Rodríguez-Maribona, en Villalegre (Avilés), y la Casa de los Bernaldo de Quirós, en San Lorenzo de Carrió (Candás, Carreño), además de la Torre de Gonzalo Menéndez-Valdés, en Gijón.
El capítulo de palacios es uno de los más numerosos. Están en la lista el palacio de los condes de Mendoza Cortina, en Llanes; el palacio del Condado de Altamira «O Pacio», en El Llano (San Tirso de Abres); el palacio de los duques de Estrada, en Llanes; el palacio de Vigil de Quiñones, en Moral (Sariego); el palacio de Cienfuegos o de Peñalba, en Pola de Allande; el palacio de la Torre de Celles, en Siero; el palacio de los Faes de Miranda, en Carabanzo (Lena); el palacio de Tormaleo, en Ibias ; y el palacio de Don Francisco Sánchez de Caso, en Cerébanes (Peñamellera Baja).
Cada uno tiene su historia particular, pero todos comparten algo: no tienen uso, y mantenerlos sin darles una utilidad es demasiado caro. Aunque algunos tienen visos de salir adelante (es el caso de la Torre de Celles, en Siero, que tras décadas de deterioro que parecían condenarlo a la ruina ha empezado a restaurarse), la gran dificultad de la mayoría está en que no tienen un proyecto que haga rentable, o al menos asequible, su recuperación.
En cuanto al patrimonio militar, están el torreón de Peñerudes (Morcín), el torreón de Lodeña (Piloña), la torre del castillo de Yabio (Carreño), la torre de la Jura o del Heredero (Cangas de Onís) y la Casa Torre de Tuñón (Santo Adriano), que aparece como conjunto fortificado. Todas ellas son estructuras que han sido muy sólidas, pero que, cuando llegan al punto de inestabilidad, pueden perderse para siempre. Necesitan apuntalarse y consolidarse antes de que un derrumbe súbito las eche a perder.
Por último, en la lista están incluidos el sanatorio, botica y escuela de niñas del poblado minero de Bustiello, en Mieres. En este caso, al igual que ocurre con la mina de Llumeres, no se trata de un solo edificio lo que importa, sino del conjunto, que es un ejemplo de urbanismo industrial con un considerable valor patrimonial. Lo que tiene sentido es conservar todos los edificios.
Si comparamos Asturias con otras comunidades autónomas, la situación en el Principado no parece demasiado desfavorable. Asturias ocupa una posición intermedia en términos absolutos: con 35 bienes, se sitúa en el puesto 11 de 18 comunidades, lejos de los grandes focos de patrimonio en riesgo encabezados por Castilla y León (457) y seguidos por Andalucía (205), Aragón y Castilla-La Mancha (130).
La última buena noticia relacionada con esta lista tiene que ver con una baja: la capilla de San Esteban del Mar del Natahoyo, en Gijón, que formaba parte de ella, figura hoy ya fuera de ella, convertida en un caso de recuperación. No hay por qué descartar que acabe cundiendo el ejemplo y, a medio plazo, sean otros edificios los que vuelvan a relucir y abandonen definitivamente la lista.