El uso crónico de múltiples medicamentos afecta ya a uno de cada tres mayores en Asturias
ASTURIAS
El Ministerio de Sanidad define como persona polimedicada a aquella que consume cinco o más fármacos crónicos, entendiendo por tales los que se toman al menos durante seis meses al año, con 180 dosis dispensadas
03 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Asturias envejece y con ello crece una realidad silenciosa que se cuela en los botiquines de miles de hogares, la polimedicación. Casi un tercio de los asturianos mayores de 65 años, el 28,4%, consume cinco o más medicamentos de forma crónica a lo largo del año según revela el último informe del Ministerio de Sanidad elaborado a partir de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP), con datos de 2023.
El Principado, pese a ser la comunidad más envejecida de España, no lidera el ránking nacional de polimedicación. De hecho, el fenómeno es más acusado conforme se desciende en el mapa. Las tasas aumentan hacia el sur del país. Aun así, el volumen de personas mayores que toman múltiples fármacos de manera continuada obliga a poner el foco en una cuestión clave para la salud pública: no solo cuánto se prescribe, sino cómo y por qué.
El estudio define como persona polimedicada a aquella que consume cinco o más fármacos crónicos, entendiendo por tales los que se toman al menos durante seis meses al año, con 180 dosis dispensadas. Y confirma la tendencia clara de que la polimedicación aumenta con la edad. En el grupo de 85 a 94 años alcanza su máximo, con un 44,7% de personas afectadas. Las mujeres presentan tasas algo superiores a las de los hombres, aunque la diferencia no es abultada.
Más allá de las cifras globales, el informe detalla qué medicamentos llenan con mayor frecuencia los pastilleros de los mayores. Hay tres grandes grupos que consumen de forma crónica al menos la mitad de la población mayor de 65 años: los fármacos antiúlcera péptica, desde protectores gástricos hasta tratamientos para erradicar el Helicobacter pylori, los destinados a reducir la presión arterial y tratar enfermedades cardiovasculares o renales, y los que corrigen el exceso de colesterol y triglicéridos. A ellos se suman, con porcentajes algo menores, los antidiabéticos orales, anticoagulantes, analgésicos, vitamina D y antidepresivos.
Pero uno de los mensajes más relevantes del informe va más allá del listado de fármacos. Los técnicos del Ministerio advierten de que, en varios casos, la tasa de utilización es superior a la prevalencia real de las patologías para las que esos medicamentos están indicados. Es decir, se prescriben más de lo que cabría esperar según los diagnósticos registrados. Entre los fármacos con un uso potencialmente excesivo figuran los antiúlcera, los hipolipemiantes, los antidepresivos y ansiolíticos, la vitamina D y los analgésicos.
En el extremo contrario, hay tratamientos que se utilizan menos de lo esperable si se comparan con la prevalencia de las enfermedades asociadas. Es el caso de los medicamentos contra la demencia, las terapias tiroideas, los fármacos para la osteoporosis o los suplementos de calcio. Esta aparente infraprescripción, matizan los autores, no implica necesariamente un problema, ya que «no toda persona con determinado diagnóstico ha de ser tratada farmacológicamente». La clave está en la adecuación de las prescripciones.
El informe también confirma una relación directa entre polimedicación y mayor carga de enfermedad. Las personas que toman múltiples fármacos presentan con mucha más frecuencia problemas de salud graves. La insuficiencia cardíaca aparece hasta siete veces más entre los polimedicados; la cardiopatía isquémica, casi cinco veces más; y la enfermedad cerebrovascular y la insuficiencia renal crónica, alrededor de cuatro veces más. Son patologías que, en parte, explican el mayor consumo de medicamentos, pero que también aumentan el riesgo de interacciones y efectos adversos. Mención aparte merecen los tratamientos cardiovasculares. Muchos de ellos se utilizan con fines preventivos y sus indicaciones son muy variables, lo que dificulta evaluar si su uso es adecuado o excesivo a partir de los datos disponibles.