Olaya Rubio, autora del cuento «Rubén. Alma, leche y amor»: «Nombrar la muerte no daña a los niños, lo que daña es el silencio y la ocultación»

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

Olaya Rubio
Olaya Rubio Paco Paredes | EFE

La creadora de «Movimiento Rubén» aborda en un libro infantil basado en su experiencia personal el duelo gestacional y perinatal, la lactancia y los vínculos familiares desde la verdad, la ternura y una mirada profundamente humanizada

31 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hablar de la muerte con la infancia sigue siendo uno de los grandes tabúes de nuestra sociedad. Frente al silencio, la ocultación y los eufemismos, la autora y madre Olaya Rubio propone una narrativa honesta y respetuosa en ‘Rubén. Alma, leche y amor’, un cuento infantil nacido de una experiencia real de duelo gestacional y donación de leche materna. Dirigido a niños y niñas a partir de 3 años, el libro se presenta como una herramienta de acompañamiento emocional para familias, escuelas y espacios sanitarios, y abre un debate necesario sobre cómo educar en la pérdida, el cuidado y el amor que permanece. El cuento, que ha sido ilustrado por Eva Rami, está en fase de preventa y se presentará de forma oficial en marzo.

—El cuento ‘Rubén. Alma, leche y amor’ nace de una conversación real entre una madre y su hijo. ¿Cómo fue ese momento en el que sentiste que ahí había una historia que debía convertirse en libro?

—Sentí que mi hijo pequeño necesitaba algo tangible de su hermano, algo que pudiera ver con sus propios ojos, tocar, sentir y también compartir. Esa necesidad fue creciendo dentro de mí con cada una de sus preguntas, entrando en su imaginario y también en el mío. Nuestra historia se sale de lo común y me resultaba muy difícil encontrar un cuento que se adaptara a todo lo que necesitaba contarle sobre su hermano Rubén y sobre el legado que nació gracias a su vida. Siempre he apoyado mucho mi crianza en los cuentos; la lectura ha sido una herramienta fundamental para acompañar procesos complejos. Rubén y su legado ya se habían transformado en un libro-abrazo para familias en duelo con ‘Madres también. Alimento para el alma’, y esta vez sentí que debía transformarse en un cuento para su hermano. Y, por qué no, también para otras familias. Porque lo que nació para una puede sostener a muchas, y este cuento tiene esa vocación de acompañar.

—Abordas temas que suelen considerarse difíciles para la infancia, como la muerte y el duelo gestacional y perinatal. ¿Por qué crees que es importante hablar de ellos desde edades tan tempranas?

—Porque existe todavía mucho estigma en nuestra sociedad en torno a la muerte y, especialmente, al duelo gestacional y perinatal. Si conseguimos que la infancia, y también las personas adultas que leen este cuento junto a sus peques, rompan esa barrera cultural, habremos dado un paso enorme hacia una sociedad que sí cuida, que sí habla y que sí acompaña. Por mi experiencia personal, y también por mi formación en duelo y lactancia, sé lo necesario que es para los niños y niñas que se les hable con honestidad, sin eufemismos, pero con ternura. Nombrar la muerte no daña, lo que daña es el silencio, la ocultación y la sensación de que hay temas de los que no se puede hablar. Cuando damos herramientas desde pequeños, damos también seguridad, comprensión y permiso para sentir.

—Defiendes una forma de acompañar a la infancia basada en la verdad, sin eufemismos, pero desde la ternura. ¿Qué riesgos ves en evitar o edulcorar estas conversaciones?

—Los niños y niñas, especialmente en edades tempranas, entienden el mundo de manera literal, y ahí es donde está el mayor riesgo. Aunque a los adultos nos resulte duro, decir con claridad «Rubén murió» es mucho más comprensible para un niño que recurrir a expresiones como «se fue», «subió al cielo», «se perdió» o «se durmió para siempre», que pueden generar confusión, miedo o interpretaciones erróneas. Muchos niños o niñas interpretan la muerte de formas muy literales: algunos pueden llegar a tener miedo a volar porque creen que el cielo está lleno de cadáveres, otros esperan que vuelva quien se fue y no comprenden por qué los han dejado, o piensan que solo se puede morir de viejo. O no querer dormir por miedo a no despertar como le pasó al abuelo… La realidad es otra y es importante ayudarles a integrarla de manera segura y comprensible. La ternura no está reñida con la verdad. Al contrario: la verdad, explicada con sencillez y palabras amorosas es lo que da seguridad. En la naturaleza encontramos muchos ejemplos que ayudan a explicar qué significa morir y qué le ocurre al cuerpo cuando deja de funcionar, sin necesidad de dramatizar ni ocultar. Mi hijo tiene ahora cuatro años y lo comprende bien. Sé que a los seis años llegará una nueva etapa de comprensión del mundo y habrá otras preguntas y ahí estaremos otra vez, acompañando desde la claridad y el cuidado. Evitar o edulcorar estas conversaciones no protege a la infancia; la confusión sí puede herirla.

Una historia que nace de una experiencia personal

—La historia se basa en una experiencia personal de duelo y por la donación de leche materna como acto de cuidado y legado. ¿Qué significado tiene para ti que ambos elementos formen parte del relato?

—Para mí tiene un significado profundamente personal y casi mágico. Gracias a esa lactancia en duelo, Rubén deja un regalo muy concreto a su hermano, a mí y a sus hermanos y hermanas de leche. Pero al mismo tiempo, nosotros también recibimos, porque en el momento en que lo necesitamos fueron otras madres donantes quienes nos sostuvieron. Es una historia circular, de cuidado compartido que Eva Rami sabe muy bien representar. Habla de legado, pero también de sororidad, de cómo las mujeres, cuando nos unimos, somos capaces de sostenernos en los momentos más frágiles y de transformar el dolor en algo profundamente bello y reparador. Creo que ese es uno de los mensajes más importantes del cuento, que incluso en el duelo puede haber amor, red y comunidad, y que juntas podemos construir mucha belleza.

—Como autora y madre, ¿cómo ha sido el proceso de escribir desde un lugar tan íntimo sin perder la mirada hacia otras familias y realidades diversas?

—El proceso ha sido muy íntimo y, a la vez, muy consciente. Como madre y como autora han sido muchas noches sin dormir, buscando las palabras adecuadas para que un niño tan pequeño pudiera comprender y para dar coherencia a todas las preguntas que mi hijo me ha ido haciendo con el tiempo. En un principio, el cuento era solo para nosotros. Nació como una forma de explicarle a nuestro hijo una parte muy íntima de nuestra historia, que también es la suya. Fue después, una vez terminado, releído y compartido con mi círculo cercano, cuando empecé a darme cuenta de la diversidad de realidades que abarca y de todo lo que permite trabajar con la infancia. Es un cuento con muchas capas y muchas lecturas: diversidad familiar, lactancia, lactancia en duelo, donación de leche, hermandad a través de la leche materna, muerte, vida en la UCIN… Son temas que los niños y niñas irán comprendiendo poco a poco, a medida que crecen y van formulando nuevas preguntas. A veces me produce cierto pudor, porque es una historia muy íntima, pero al mismo tiempo es tan hermosa que me sigue sorprendiendo todo lo que va generando y la forma en que otras familias la pueden hacer suya. También recuerdo con mucho cariño el inicio del proyecto con Eva Rami, la ilustradora. Nos conocimos en un mercadillo en Pola de Siero y, al ver su trabajo, supe que quería contar con ella. La primera pregunta que le hice fue: «¿Qué tal te llevas con el tema de la muerte para ilustrar un cuento infantil?». Su respuesta abrió la puerta a todo lo demás. En aquel momento le dije que quizá tardaría años en tenerlo listo, pero que, si llegado el momento el borrador le seguía resonando, habría cuento. Y ahí empezó la magia entre nosotras

—El libro se presenta como una herramienta tanto para familias como para profesionales de la educación y la salud. ¿Qué tipo de acompañamiento o uso te gustaría que se hiciera de él en estos ámbitos?

—En el ámbito educativo, me gustaría que el cuento se utilizara como una experiencia compartida: lectura en el aula y un pequeño espacio de diálogo posterior. Creo que esa combinación es clave para animar a las familias a hablar con naturalidad de temas que, para muchas personas, siguen siendo un estigma. El cuento abre la puerta y el diálogo permite que cada niño y cada familia encuentren su manera de nombrar y sentir. Como familia, yo misma utilizo mucho los cuentos como herramienta para abordar con mi hijo temas complejos o difíciles de explicar o, simplemente, para que vea que no está solo en el mundo, que otras personas también viven conflictos, emociones y preguntas parecidas. Los personajes ayudan a generar identificación y seguridad. En el ámbito de la salud y la salud mental, el libro también funciona como una licencia para imaginar y sostener. Para muchas de las madres de mi grupo de apoyo, Madres también, y para otras madres huérfilas, es una forma de dar espacio a ese imaginario donde nuestros hijos fallecidos siguen presentes, jugando en la Vía Láctea y orgullosos de lo que hacemos en su nombre aquí, en la Tierra.

—El duelo infantil sigue siendo un tema poco visible. ¿Qué carencias detectas actualmente en la forma en que se acompaña a niños y niñas ante la pérdida?

—Una de las principales carencias es que, con frecuencia, se excluye a niños y niñas de los procesos de despedida. A muchos se les aparta de espacios como funerales o cementerios con la intención de protegerlos, cuando en realidad podrían ser una oportunidad para iniciar un duelo más saludable y acompañado. Otra dificultad importante es el silencio. A menudo los adultos dejamos de hablar de la muerte porque nos incomoda y esperamos durante años a que el menor pregunte, sin darnos cuenta de que ese silencio es lo que acaba generando el tabú y haciendo que la emoción se haga más grande y difícil de sostener. Un cuento como este da permiso a la infancia para saber que puede hablar de la muerte con sus adultos de referencia cuando lo necesite. Y en el caso de niños y niñas que tienen un hermano o hermana fallecido, les permite sentir, nombrar e integrar a esa persona en el lugar que le corresponde dentro de su historia y de su vida, sin miedo.

Preventa y presentación oficial

—¿Qué tipo de reacciones estás recibiendo por parte de familias, docentes o profesionales que ya conocen el proyecto o han trabajado el cuento con la infancia?

—El cuento se encuentra todavía en fase de preventa, que finaliza el 14 de febrero, una fecha muy significativa para mí, ya que coincide con el día en que comenzamos a donar la leche de Rubén hace casi ocho años. Por tanto, el libro aún no se conoce en su totalidad, pero la acogida del proyecto está siendo muy buena. Desde el inicio he contado con el apoyo de numerosos profesionales, como la Asociación Española de Bancos de Leche Humana, que fueron los primeros en escuchar y conocer el relato cuando todavía era solo una maqueta. Este año, además, tenemos previsto participar en uno de sus congresos. El cuento ya ha estado presente en una clase de formación de matronas, impartida por la matrona que acompañó el nacimiento de Rubén, y en los próximos meses realizaremos lecturas en colegios, bibliotecas y ferias del libro. También están previstos algunos viajes y encuentros que compartiré junto a Eva Rami, coautora de las ilustraciones. Todo esto me hace sentir muy agradecida y esperanzada, porque confirma que el proyecto está siendo recibido con respeto, interés y mucho cuidado.

—El proyecto combina literatura infantil, educación emocional y una mirada humanizada de los cuidados. ¿Está preparada la sociedad para este enfoque o todavía hay resistencias?

—Creo que la sociedad está empezando a abrirse a este enfoque, aunque todavía existen resistencias. Hablar de muerte, duelo, lactancia y cuidados desde la infancia no siempre resulta cómodo, pero es necesario. Cuando abrimos el corazón a la educación emocional y a una mirada más humanizada, el cambio se produce de forma natural, poco a poco. El primer objetivo del cuento era hacer tangible nuestra historia de amor, y ese objetivo ya está cumplido. Todo lo demás son regalos que han ido llegando después. Confío en que el libro deje semillas importantes para una educación emocional más consciente y para unos cuidados más humanos, que irán germinando con el tiempo.

—Con el libro en fase de preventa y una presentación oficial prevista para marzo, ¿qué expectativas tienes con ‘Rubén. Alma, leche y amor’ a medio y largo plazo, más allá de su publicación?

—Más allá de la publicación, mi deseo es que ‘Rubén. Alma, leche y amor’ se convierta en una herramienta de acompañamiento real para familias y profesionales. Es un cuento bilingüe, en español e inglés, precisamente para poder llegar también a familias y profesionales del ámbito anglosajón que desde hace tiempo me pedían materiales en este idioma. A medio plazo, me gustaría que el libro acompañe a madres lactantes que, tras una pérdida, deciden donar su leche y que, además, tienen hijos e hijas a quienes explicar la historia de su hermano o hermana fallecido con verdad y ternura. A largo plazo, sueño con que el cuento cruce fronteras y llegue a hogares, escuelas y espacios de acompañamiento donde se necesiten palabras cuidadas para hablar de la muerte, el duelo y el amor que permanece. Que sea un libro que se entregue, se lea y se comparta como un gesto de sostén. Las personas interesadas pueden encontrarlo en nuestra web https://www.movimientoruben.es/.