El Sespa pagará 35.000 euros a un paciente de 59 años por detectarle tarde una pancreatitis
ASTURIAS
El TSJA entiende que la detección tardía de la enfermedad limitó sus opciones terapéuticas e influyó en un largo proceso que acabó con secuelas severas y múltiples ingresos hospitalarios
30 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) ha condenado al Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) a indemnizar con 35.000 euros, más intereses legales, a un paciente de 59 años por el retraso en el diagnóstico y manejo de una pancreatitis. Una demora que le hizo perder oportunidades terapéuticas y desembocó en un proceso clínico grave, con múltiples cirugías, ingreso prolongado en la UCI y secuelas severas. La Sala de lo Contencioso-Administrativo estima parcialmente el recurso presentado por el afectado contra la resolución de la Consejería de Salud, que en marzo de 2025 había reconocido una indemnización inferior —20.000 euros— por «pérdida de oportunidad», siguiendo el dictamen del Consejo Consultivo. El tribunal considera ahora que esa cuantía no compensa adecuadamente el largo padecimiento y las consecuencias sufridas, aunque descarta que existiera una mala praxis clara por error de diagnóstico desde el primer ingreso.
Los hechos se remontan a abril de 2022, cuando el paciente acudió a Urgencias con ictericia progresiva, náuseas y orinas oscuras. Las analíticas revelaron una lipasa claramente elevada —un marcador típico de pancreatitis— y una bilirrubina muy alta. Una resonancia magnética posterior describió una mínima alteración en la cabeza del páncreas compatible con una pancreatitis focal leve, además de barro biliar y microlitiasis. Pese a estos datos, el proceso se orientó principalmente a una patología biliar, con evolución inicialmente favorable, y el paciente fue dado de alta tras normalizarse los parámetros analíticos.
Sin embargo, a partir de julio de 2022 el hombre comenzó una cadena de reingresos hospitalarios por fiebre y dolor abdominal. El paciente fue intervenido de urgencia por una colecistitis aguda, pero en los meses siguientes sufrió nuevos episodios infecciosos, colecciones abdominales, sospechas de microperforación de colon y una resección parcial del colon. Durante este periodo, la pancreatitis no fue identificada ni tratada como proceso principal, a pesar de la persistencia de dolor epigástrico típico, elevaciones repetidas de lipasa y hallazgos radiológicos en zonas contiguas al páncreas. El diagnóstico se centró reiteradamente en procesos colónicos, incluso cuando algunas pruebas descartaban esa causa.
Diagnóstico tardío con una pérdida de oportunidad asistencial
No fue hasta finales de septiembre de 2022 cuando los médicos empezaron a considerar de forma expresa la existencia de una pancreatitis, tras nuevas analíticas y un TAC que describía cambios inflamatorios compatibles con esta patología. Para entonces, el cuadro ya había evolucionado de forma muy negativa. En octubre y noviembre, el paciente desarrolló una pancreatitis aguda necrohemorrágica —una de las formas más graves de la enfermedad— con necrosis del tejido pancreático, trombosis venosa, infecciones abdominales, un pseudoaneurisma de la arteria esplénica y una hemorragia digestiva masiva. La situación obligó a un ingreso prolongado en la UCI, varias cirugías de extrema gravedad —incluida una gastrectomía parcial, una esplenectomía y la resección de la cola del páncreas— y procedimientos de embolización arterial. El alta hospitalaria no llegó hasta enero de 2023 y el proceso de rehabilitación se prolongó hasta octubre de ese año.
La Sala descarta que pueda hablarse de un error de diagnóstico desde el primer ingreso, al entender que en abril de 2022 coexistían dos patologías (biliar y pancreática) y que, en ese momento, los hallazgos sobre el páncreas eran mínimos y no concluyentes. También subraya que el tratamiento estándar inicial de la pancreatitis —dieta absoluta, analgesia y antibióticos— no habría sido radicalmente distinto, lo que impide establecer una relación causal directa entre el retraso diagnóstico y todas las complicaciones posteriores. Sin embargo, el tribunal sí aprecia una pérdida de oportunidad asistencial, especialmente a partir del momento en que los signos de pancreatitis fueron más claros y su abordaje se demoró. Esa pérdida no se traduce en la certeza de que el daño se hubiera evitado, pero sí en la privación de mejores expectativas de evolución clínica.
Por ello, teniendo en cuenta la gravedad del proceso, los múltiples ingresos, las intervenciones quirúrgicas, la estancia en UCI y las secuelas derivadas, el TSJA considera insuficiente la cuantía fijada por la Administración y eleva la indemnización a 35.000 euros, más intereses legales desde la reclamación administrativa, descontando lo ya abonado. La sentencia no impone costas y aún puede ser recurrida en casación ante el Tribunal Supremo.