La angula, cada vez más amenazada en Asturias

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ASTURIAS

Imagen de archivo de un pescador de angula
Imagen de archivo de un pescador de angula M. Moralejo

El Principado defiende continuar con la pesca controlada mientras el Gobierno se plantea incluir la anguila como especie en peligro de extinción; el decano de Biología propone prohibir la pesca

08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La población de angula de Asturias está entrando en estado crítico. Los científicos constatan año tras año la reducción de ejemplares por causas que no están del todo claras, aunque se apuntan algunas como la fragmentación del hábitat y barreras artificiales en los ríos, contaminación y deterioro de la calidad del agua, cambios oceanográficos y climáticos y también la proliferación de parásitos. Y después está la actividad pesquera, que aunque limitada no deja de afectar a la población. Dada la situación, hay sobre la mesa una posible decisión que podría ser definitivo para acabar con el sector. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico proponía a finales del mes pasado declarar la anguila como especie en peligro de extinción. En la práctica, supondría suspender (o limitar muy drásticamente) la pesca en la región. El Gobierno del Principado ha rechazado esa vía y defiende que su pesquería está fuertemente regulada y puede ser compatible con la conservación.

Por su parte, el decano de la Facultad de Biología de la Universidad de Oviedo, José Manuel Rico Ordás, asegura que «se viene avisando de que la anguila está en un estado cada vez más preocupante de conservación», y ve lógico la inclusión como especie protegida porque, a su juicio, «la pesquería tradicional está en vías de agotamiento». Y aunque hay muchas causas, Rico Ordás apunta también a la propia esencia de la actividad. «Es una pesquería que tiene muy poca lógica; en ningún otro caso se extraen los juveniles», que son la base para que la especie perviva. Si se pescan las crías, «es insostenible».

Las angulas que acaban pescándose en Asturias, como todas las que viven en la costa cantábrica y del norte de Europa, se reproducen a miles de kilómetros en el mar de Los Sargazos. No es una población asturiana sino el resultado de un proceso reproductivo en este mar. Aun así, a pesar de que se reproduzcan lejos de Asturias, el hecho de que se pesquen los juveniles atenta gravemente contra la población en la zona. «No tiene mantenimiento a largo plazo», sostiene Rico Ordás. Porque, como explica, la pesquería siempre hace lo contrario: retira los individuos más tarde, cuando ya se han desarrollado, para de esta forma mantener el stock.

Un marcador importante de cómo está la población de la anguila es el precio. Esta temporada, el primer lote de L’Arena se subastó a 13.000 euros el kilo. Y posteriormente el precio ha estado en torno a los 1.000 euros el kilo. «Eso es consecuencia de la escasez», apunta el biólogo. Por las estadísticas que hay, calcula que la pesca estuvo por debajo de los 1.000 kilos. Rico Ordás sostiene que, si siguen con esta actividad pesquera, los pescadores «van a ir contra sí mismos porque acabarán con ello; cuando una especie está en una situación muy grave, hay que poner algún tipo de veda».

Un buen ejemplo es el oricio, cuya población en Asturias estaba muy mermada y después de un periodo de veda se ha abierto y se vuelve a pescar, aunque con precaución. Esto es lo más importante: la precaución una vez se haya establecido la veda. «No se puede saber si la veda va a funcionar, porque nunca la ha habido; hay que hacer un seguimiento del stock», señala el decano.

En cualquier caso, Rico Ordás cree que no sirve con una pesca restringida tal como defiende el Principado, porque tiene muchas dudas sobre si es efectiva. «Me gustaría saber qué restricciones hay; yo veo que se sigue pescando; cuando llegan las mareas y las noches en que entra la angula, se pesca».

El doctor en Biología Carlos Nores, que fue profesor en la Universidad de Oviedo e investigó sobre la merma de la población de anguilas, señala que está mal en toda Europa, es un problema genérico y no se sabe muy bien cuál es la causa. Pero, en todo caso, «hay un bajón de cantidad de angula tremendo». Nores considera que, aunque «la pesca es un factor de mortalidad, probablemente el problema esté, más que en la tierra o en los ríos, en el mar. Concretamente, en un parásito que les afecta a la vejiga natatoria, el órgano que regula que puedan subir bajar en el mar; es probable que esto pueda provocar una mortalidad elevada. El biólogo insiste en que «el problema es muy complejo y cada vez hay menos angula, con lo que hay que tomar medidas». Tiene claro que por las características biológicas que se dan, la anguila cumple los criterios para estar protegida, y entonces «no puede explotarse y se acabó la angula». Sin embargo, a pesar de ello, duda del efecto de la prohibición. «Estoy de acuerdo pero no creo que la pesca sea el factor más determinante de los problema; puede ser debido a otros factores que no tienen que ver con la pesca y esta es solo un factor añadido de mortalidad».

El caso es que, como señala Nores, «si ahora entran por miles, antes entraban por millones; sigue habiendo anguilas en los ríos, pero son menos que hace 30 años, fue sobre los 90 cuando empezó a notarse». Pero insiste en que «parar la pesca no va a solucionar el problema; a lo mejor, la tendencia regresiva se hace un poco más suave porque estamos quitando individuos, y los que pesquemos ya no van a poder reproducirse, pero el tema es mucho más complejo». Nores recuerda un congreso al que asistió sobre este tema «y los científicos no acababan de saber cuál era el problema, probablemente era una de distintos factores pero es difícil dar con la solución; los científicos a veces no somos más que testigos del desastre que se avecina».

Lo cierto es que la evidencia científica apunta al cierre de la pesquería, si no drásticamente, al menos por mera reducción de la población que la hará cada vez más difícil. Por ello, José Manuel Rico Ordás señala que el Principado tendría que tener en cuenta los efectos socioeconómicos del cierre de esta pesquería. «Si una actividad tiene que cesar porque no es sostenible, eso implica que tiene que haber algún tipo de compensación para la gente que vive de ello». El decano cree que «si se aplica el criterio científico no se puede pescar», porque la merma de la población está en las directivas de conservación marina de la Unión Europea. Entonces, la administración debería ser «sensible y considerar un proceso de reconversión; inyectar capital en los concejos que dependen de la pesquería con algún tipo de incentivo», concluye.