Hasta la semana epidemiológica 44 de 2025 se notificaron en España 1.680 casos, casi el doble que en el mismo periodo del año anterior y muy por encima de los registros de los años previos
15 feb 2026 . Actualizado a las 09:27 h.Asturias no esquiva el repunte de la hepatitis A detectado en España desde 2024 y que se ha mantenido a lo largo de 2025. Así lo recoge la última evaluación de riesgo elaborada por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, que constata un aumento sostenido de los contagios tras varios años de cifras muy reducidas.
Hasta la semana epidemiológica 44 de 2025 se notificaron en España 1.680 casos, casi el doble que en el mismo periodo del año anterior y muy por encima de los registros de los años previos. El incremento se extiende a la mayoría de las comunidades autónomas, incluido el Principado de Asturias, donde se han contabilizado 57 casos, una cifra especialmente significativa si se compara con la mediana histórica reciente, situada en apenas tres o cuatro casos anuales.
El informe ministerial señala que el aumento no está vinculado a la importación de casos ni a grandes brotes con una fuente común, sino que responde a distintos mecanismos de transmisión. El perfil epidemiológico muestra una mayor incidencia en hombres, especialmente en el grupo de edad de 25 a 44 años. Este patrón se repite en buena parte del territorio nacional y también en otros países europeos, donde la hepatitis A ha experimentado un repunte similar.
Desde el ámbito clínico, el jefe del Servicio de Hepatología del Hospital Universitario Central de Asturias, Manuel Rodríguez, explica que esta evolución no resulta sorprendente. «No es un crecimiento masivo, pero sí un incremento significativo», señala, recordando que ya entre finales de 2016 y principios de 2018 se produjo una expansión más intensa de la enfermedad, con especial afectación a hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres. Tras aquel episodio, los casos descendieron de forma drástica y la hepatitis A prácticamente desapareció del panorama asistencial asturiano durante varios años.
Rodríguez subraya que se trata de un comportamiento cíclico. La mejora de las condiciones higiénico-sanitarias ha reducido la circulación del virus, pero al mismo tiempo ha generado una población adulta joven sin inmunidad. «Hace décadas la mayoría de la población pasaba la infección en la infancia y quedaba protegida. Hoy, muchas personas llegan a la edad adulta sin defensas frente al virus y son más susceptibles a desarrollar cuadros agudos», explica.
La vacunación aparece como uno de los elementos clave para entender esta situación. Aunque existe una vacuna eficaz y segura frente a la hepatitis A, en España no forma parte del calendario infantil universal salvo en Cataluña, Ceuta y Melilla. En el resto de comunidades, incluida Asturias, «solo se recomienda a grupos de riesgo», pero la cobertura vacunal en estos colectivos es baja. Como novedad, la Asociación Española de Pediatría ha incluido por primera vez en sus recomendaciones para 2026 la vacunación frente a la hepatitis A en niños de entre 12 y 15 meses, una propuesta que aún debe ser avalada por el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas para incorporarse al sistema público.
En cuanto a la gravedad de la enfermedad, el especialista recuerda que «la hepatitis A no se cronifica y suele cursar de forma leve o incluso asintomática en la infancia». Sin embargo, en adultos provoca con frecuencia cuadros agudos con ictericia y alteraciones analíticas que pueden requerir ingreso hospitalario. En Asturias, durante el último año se han atendido más de una veintena de casos en consulta y se han producido entre siete y ocho ingresos. Aunque la evolución ha sido favorable y no ha dado lugar a complicaciones de gravedad, la enfermedad conlleva bajas laborales, costes sanitarios y un mayor riesgo en personas con patología hepática previa.
El Ministerio de Sanidad considera que, en el momento actual, el riesgo para la población general es bajo, aunque moderado en determinados grupos con mayor probabilidad de exposición. Tanto desde el ámbito institucional como desde la práctica clínica se insiste en la importancia de reforzar la vigilancia epidemiológica y mejorar la prevención para evitar que estos repuntes vuelvan a repetirse en el futuro.