Gonzalo Suárez, Goya de Honor: «Le debo empezar en el cine al fútbol»

La Voz OVIEDO

ASTURIAS

El cineasta Gonzalo Suárez posa durante la entrevista concedida este jueves en Madrid a la Agencia Efe, en la que habla sobre  La musa intrusa , un libro que combina autobiografía y ficción, de inspiración hamletiana.
El cineasta Gonzalo Suárez posa durante la entrevista concedida este jueves en Madrid a la Agencia Efe, en la que habla sobre La musa intrusa , un libro que combina autobiografía y ficción, de inspiración hamletiana. Carlos Perez

A sus 91 años, el cineasta y escritor ovetense no tiene intención alguna de jubilarse y preferiría que esta distinción viniera acompañado de una película

19 feb 2026 . Actualizado a las 10:25 h.

A sus 91 años, el cineasta y escritor Gonzalo Suárez no tiene intención alguna de jubilarse y preferiría que el Goya de Honor que recibirá en unos días viniera acompañado de una película. «Si me recuerda un final de trayecto, lo podría dejar para después. Lo que quiero es hacer cine», ha asegurado a EFE. Tan lúcido y mordaz como siempre —aunque se queja de fallos selectivos de memoria— este hombre clave para la cultura española nacido en Oviedo en 1934 recibirá su Goya el 28 de febrero en Barcelona, ciudad en la que realizó sus primeras películas y publicó sus primeros libros.

La anterior vez que la Academia le premió fue por su dirección de «Remando al viento», una de sus obras más conocidas, en 1989. También ganó por esa historia sobre Mary Shelley, autora de Frankenstein, una Concha de Plata en San Sebastián. «Fue un buen cenicero, porque en su día fumaba puros», explica, una frase con la que deja claro que los galardones no han sido su mayor preocupación. Pero sí se ha empeñado en ser un «cazador de instantes». «Lo normal no existe, es una creación. Todo es extraordinario, todo en la vida es un instante y el instante ni siquiera es tangible, pasa antes de que lo nombres», reflexiona al respecto.

«Le debo empezar en el cine al fútbol»

En sus más de sesenta años de carrera profesional y artística —todos al lado de su mujer, Hélène Girard, con la que tiene cuatro hijos— Suárez también ha ejercido como novelista, guionista, productor, periodista deportivo u observador para el Inter de Milán. Y es que cine y fútbol se entrelazan en su vida. «Le debo empezar en el cine al presidente [del Inter Angelo] Moratti, pues me pagó mis tres primeras películas, con las que irrumpí haciendo lo que quería, con una libertad absoluta basada en la ignorancia, y sin saber hacer cine todavía», relata.

Además de la financiación para «Ditirambo», «El extraño caso del doctor Fausto» (las dos de 1969) y «Aoom» (1970), de las dos temporadas de la liga italiana en las que daba pistas sobre las debilidades de los rivales sacó una enseñanza que ha aplicado al cine y a la vida: «Hay que buscar y crear espacios, no mirar donde está el balón. Mirar qué pasa donde no está pasando nada, que es donde puede pasar algo, y donde puedes entrar y manejarlo». Una búsqueda del misterio que subyace en títulos como «La Regenta», «Morbo», «Parranda», la mítica «Epílogo» —Premio de la Juventud del Festival de Cannes—, «La reina anónima», «El detective y la muerte», «Mi nombre es sombra» u «Oviedo Express».

Su única película plenamente futbolística es «El portero» (2000), sobre un guardameta de Primera División que en la posguerra recorre los pueblos desafiando a los locales a marcarle penaltis por dinero. «Una de las cosas que lamento, porque estaba nominado, es que no le dieran el Goya a Carmelo Gómez», dice Suárez, que confiesa que le hubiera gustado hacer ese papel «y estirarme para hacer paradas».

Reniega del «lastre» de la nostalgia

Quizá una de las claves de la longevidad creativa de este autor es que reniega de la nostalgia, un sentimiento que considera un verdadero «lastre». Por eso, si pudiera hacer otra película —sus últimos proyectos han sido los cortos «Alas de tiniebla» (2021) y «El sueño de Malinche» (2019) «no volvería la mirada atrás, trataría de buscar algo nuevo», explica. Pero Suárez es consciente de que el ecosistema cinematográfico ha cambiado mucho desde su apogeo como director, a veces para peor. «Ahora las películas ya ni siquiera son para productores que tienen un carácter y con los que tienes que pelear. Ahora hay plataformas y con las plataformas no hablas, las nutres», reflexiona el cineasta.

Proliferación de títulos de consumo rápido que además impide «mitificar» la obra de un director, como sí era posible, recuerda, con nombres como Ingmar Bergman o Samuel Peckinpah, con el que mantuvo una amistad desde que coincidieron en el Festival de San Sebastián de 1970. También cita entre sus referentes al que fue director del jurado internacional de aquella edición, Fritz Lang, aunque reconoce que no le cayó bien personalmente.

«Creo que se puso el parche sobre el ojo con el que sí veía cuando pusieron mi película», dice irónico sobre el «fracaso tremendo» de «Aoom», un filme experimental que «no fue entendido en absoluto en su tiempo y ahora en cambio, es recuperado como una referencia», remarca. Experiencias y vaivenes ante los que este realizador e intelectual incombustible, que recibirá el homenaje de la profesión cinematográfica en la próxima gala del cine español, siempre intenta adaptarse, someterse a lo que venga y sobrevivir.