Pepe Álvarez (UGT): «La ultraderecha va a por los sindicatos porque saben que no nos quedaremos quietos»
ASTURIAS
El secretario general de la UGT ve positivas las iniciativas para una candidatura unitaria en la izquierda
20 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, regresó a su Asturias natal y participará este fin de semana en el homenaje en Mieres a Manuel Llaneza. El dirigente sindical repasó la situación de los salarios y la negociación social así como el auge de la extrema derecha y la posibilidad de una candidatura de unidad en la izquierda.
—Ha habido una acción de los agentes sociales y del Gobierno en los últimos años para subir el salario mínimo. Esa es una acción legislativa, que se aprueba en el parlamento, pero en lo que depende de la negociación social, a lo mejor no ha subido tanto, o sí está subiendo mucha gente tiene la sensación de que no alcanza, ¿es por la inflación, está parado el diálogo con la patronal?
—Yo creo que hay un poco de todo. Lo que es seguro es que existe una realidad: los salarios no llegan. Es cierto que los salarios están subiendo por encima del coste de la vida; la media de subida salarial para el año 2025 va a superar el 4%. Eso significa que, con una inflación del 3%, hay una mejora del poder adquisitivo. Sin embargo, cuando tienes que alquilar un piso, o dependiendo de la comunidad en la que vivas, pagar un seguro médico o costear una universidad privada porque tu hijo no tiene plaza en la pública, no te llega. Tenemos dos problemas. Primero, los salarios tienen que crecer más. Hablamos de un aumento salarial por encima del 4%, pero los beneficios empresariales se situarán en el 13% según los márgenes que publica Hacienda trimestralmente. Por tanto, hay margen para subir los salarios. Somos un país que está muy por debajo de la media de los países más desarrollados de la Unión Europea; estamos en una situación intermedia hacia abajo cuando deberíamos estar hacia arriba. Por otro lado, queremos abrir el debate sobre lo que llamamos el 'salario diferido', que es lo que te cuesta vivir. En la Comunidad de Madrid, el 60% de las personas tiene seguro médico privado. Eso resta a tu poder adquisitivo entre 300 y 500 euros mensuales, dependiendo de la familia. Además, las universidades privadas están copando el sistema ante la merma de la pública. Esto obliga a las clases medias a costear los estudios de sus hijos, y eso va contra el salario y genera esa sensación de 'no me llega'. Por eso queremos que el debate sobre los impuestos sea serio. No puede ser la sinvergüencería que plantean algunos diciendo que el Gobierno se lleva el 70%. Seamos serios: se lo llevan las carreteras, la sanidad, la educación y nuestro futuro colectivo. Es lo que permite tener igualdad con tu vecino, independientemente de tu origen. Las organizaciones sindicales quizá hemos exigido menos a las comunidades autónomas, que son las que deben proveer vivienda y salud. Vamos a centrar mucho el Primero de Mayo en esto, porque solo con el convenio sectorial será difícil mejorar la vida de los trabajadores.
—Menciona la vivienda y le quiero preguntar por las iniciativas en Asturias. Aquí hay programas para favorecer que se alquilen pisos a un precio fijado a cambio de garantías para el propietario y se ha legislado para regular más los pisos turísticos, porque el precio aquí no sube por demanda demográfica, sino eso y por las segundas residencias.
—Es tan evidente que las competencias son de las comunidades autónomas. El principio de cercanía es clave. En Asturias el tema de los pisos turísticos se ha cogido a tiempo porque aún no han irrumpido masivamente, pero hay que frenarlos de manera radical. En España tenemos un concepto de propiedad de la vivienda como si fuera un bolso, y no es así. Eres propietario para el uso urbanístico que el país le otorga; la vivienda es un bien público. No puedes hacer lo que quieras con ella. Países capitalistas como Dinamarca establecen que, si dejas una vivienda vacía, el Estado puede intervenir pagando un precio justo, no el precio especulativo del mercado. Hay un trabajo que hacer para que las futuras Viviendas de Protección Oficial tengan estándares de permanencia pública. Asturias está en buena posición. Los pisos turísticos siempre existieron de forma residual, pero su multiplicación actual debe frenarse. El propietario debe tener garantías y un precio justo, no puede especular, pero tampoco puede arriesgarse a no cobrar o a que le destrocen el piso. La administración debe garantizar ese soporte y, a cambio, condicionar el precio del alquiler. Aunque Asturias no tenga el problema demográfico de Madrid, todos nos hemos acostumbrado a querer vivir con más espacio, lo que genera más necesidades de vivienda. Creo que Oviedo, Gijón y Avilés deben empezar a liberar suelo y construir vivienda protegida, principalmente en régimen de alquiler, teniendo en cuenta que estos proyectos tardan unos cinco años en materializarse.
—Antes mencionó la extensión de las universidades privadas. ¿Son críticos con que el Principado las reciba? Esta semana hubo debate por la instalación de algunas en Asturias.
—¿Universidades con cuántas facultades? Dos cosas. Primero, la universidad pública debe tener garantizada la financiación para que ningún estudiante con la nota de entrada requerida quede fuera. No hablo de la nota específica para una carrera, sino de la nota de acceso. Esa es la garantía para las clases populares. Una privada no garantiza eso por sus precios y porque su calidad, salvo excepciones, está a años luz de la pública. Asturias tiene una universidad de primerísimo nivel que es un orgullo y hay que preservarla. El Principado no debe poner ni un euro en las universidades privadas. No sé si se puede impedir que vengan, pero dinero público, ni un euro. Asturias depende de su universidad para su desarrollo industrial y tecnológico.
—¿Qué le parece la llegada de proyectos como Costco? ¿cónoce la polémica?
—Es imposible no conocer la polémica, pero me parece extraña. Asturias está llena de grandes superficies en su zona central. Si eso ya ha pasado y no hubo grandes movilizaciones, ¿por qué ahora se apela al pequeño comercio cuando ya ha sido bastante castigado? Costco viene a competir con las grandes superficies, no con la tienda de barrio. El pequeño comercio debe fortalecerse mediante la especialización y el trato cercano. Hay que fomentar el orgullo de barrio: saber que comprar en la carnicería de tu calle contribuye al desarrollo de tu entorno. Por lo demás, lo vemos como una oportunidad de empleo y más competencia para las grandes cadenas. Me extraña el debate; quizás lo promocionan otras grandes cadenas que no quieren competencia. Los comercios de Belmonte, por ejemplo, no se van a ver afectados.
—Hablemos de industria, que fue muy importante en la economía asturiana en el pasado y todo el mundo dice que qusiera que lo siguiera siendo en el futuro. Asturias se está convirtiendo en un foco de industria militar con proyectos importantes. ¿Qué valoración hace de esto y del precio de la energía?
—Asturias tiene una gran oportunidad con la industria de defensa. Europa necesita estratégicamente potenciar este sector. Antes pensábamos que EEUU nos protegería, pero ahora vemos que miran hacia otro lado o incluso que pueden querer debilitar a la Unión Europea. Necesitamos vertebrar un espacio de defensa europeo, y esto puede ser un instrumento de cohesión como lo fue el euro. España tiene muy poca industria de defensa propia, por lo que es una gran oportunidad y Asturias debe tener una parte importante del pastel. España se lo debe a Asturias: se llevaron el carbón para desarrollar otras zonas y las migajas de los planes de reconversión no han sido suficientes. No podemos perder esta oportunidad. Por eso es vital la universidad pública. El Principado está trabajando bien con Indra y otras empresas, y desde UGT estamos dando soporte. Pero no es la única solución. Tenemos que consolidar ArcelorMittal, que siempre es una espada de Damocles porque la multinacional piensa en sus resultados, no en Asturias. Trabajamos con el Gobierno para que, con o sin Arcelor, la actividad continúe por su valor estratégico. Respecto a la descarbonización y el cierre de térmicas, Hunosa debe cumplir sus compromisos. Nosotros queremos que Hunosa se convierta en una empresa estatal de producción de energía. España necesita recuperar concesiones hidráulicas y nucleares; el Estado debe producir energía, no dejarlo solo en manos privadas. Todo esto carece de sentido si no garantizamos el suministro eléctrico en condiciones adecuadas.
—Quería preguntarle por los diversos actos a favor de la unidad de la izquierda y las iniciativas de estos días relacionadas con Izquierda Unida, Sumar o figuras como Gabriel Rufilán y Emilio Delgado. ¿Cómo las ve?
—Me parecen imprescindibles. Las izquierdas deben estar a la altura de lo que pide la ciudadanía y cerrar acuerdos, aunque no sean orgánicos o clásicos. La gente joven necesita la seguridad de que la derecha y la ultraderecha no van a empeorar su vida, su vivienda o su salud. La ultraderecha solo implementa el odio, a veces contra el inmigrante o contra el abuelo, diciendo que si la pensión es alta, el salario del joven es bajo. Es una tontería: que baje la pensión del abuelo no hará que suba el sueldo del nieto. El problema es el reparto de la riqueza. Los sindicatos UGT y CCOO llevamos años trabajando de manera unitaria. No siempre estamos de acuerdo, pero pensamos en la gente y dejamos de lado lo que no es fundamental. La izquierda debe hacer lo mismo; a veces mantener unas siglas no genera valor añadido. La iniciativa del sábado me parece de primer nivel; asistiré invitado y luego iré a Mieres el domingo. Todo lo que ayude a abrir ese debate es positivo para huir de la idea de que todo está perdido. Como decía Rufián, da miedo, porque la ultraderecha solo ha traído ruina y miseria a la historia. En España tuvimos 40 años de dictadura y miseria. Mi padre tuvo que pedir un certificado de pobreza para poder operarse porque no tenía derecho a la sanidad. No podemos olvidar esa realidad.
—¿Le preocupa el auge de la extrema derecha, a qué lo achaca?
—Me preocupan los derechos. La memoria no puede ser frágil. Las mujeres saben qué limitaciones tenían hasta mediados de los 70, la población LGTBI sabe qué persecución sufría... Yo tuve la suerte de nacer en la familia que nací, y hemos visto cómo se vivía. ¿Ese es el futuro para nuestros hijos? ¿Que si vives en una aldea no puedas ir a la universidad porque todas son privadas? Hay que desterrar la idea de que pagar impuestos es un coste; es una inversión. Sin impuestos no hay derechos, ni igualdad, ni libertad. La extrema derecha triunfa por varios factores. Prometen soluciones imposibles: dicen que harán vivienda pública pero quieren bajar impuestos. ¿Con qué dinero? También aprovechan el choque cultural. El cambio climático es innegable, pero hay gente que prefiere cerrar los ojos porque los cambios incomodan. A algunos hombres les incomoda la igualdad porque no entienden la satisfacción de compartir la paternidad o las labores del hogar. Han movido la mecha del odio. ¿A quién molesta ver a dos hombres besarse? Han instrumentalizado temas como la caza o el mundo rural. Yo soy de pueblo y entiendo que la sensibilidad hacia los animales en el campo es distinta a la de la ciudad, y ahí la extrema derecha echa raíces. Pero es terrible que engañen a los agricultores sobre la Unión Europea. La UE ha traído riqueza a Asturias. Hay que mejorarla, reducir la burocracia y tratar al agricultor como un agente medioambiental, pero Vox no les va a garantizar un médico cerca de casa; al contrario, lo cerrarán.
—El mercado laboral ha cambiado y pudiera parecer que a los jóvenes, y que en determinado empleos, les cuesta más sindicalizarse. ¿Es así, qué estrategias tiene el sindicato en este sentido?
—La derecha y la ultraderecha van a ir a por los sindicatos porque saben que no nos quedaremos quietos. En las elecciones no nos decantaremos por un partido, pero diremos claramente qué es lo que no queremos. Sobre los jóvenes: se acercan al sindicato de la misma manera que antes. Cuando yo tenía 20 años se decía lo mismo. En las empresas donde hay buenas condiciones y presencia sindical, como en el sector del automóvil (SEAT, por ejemplo), la afiliación joven es altísima. Si la gente ve la utilidad, se afilia. UGT ha crecido de forma moderada, pero ha crecido. El problema es que negociamos convenios para todo el mundo, pero solo los pagan los afiliados. Un dato indiscutible: en 2021 cerramos con 82.000 delegados elegidos en centros de trabajo. En 2025 hemos cerrado con más de 110.000. Esa es la realidad. Tenemos déficits tecnológicos porque nos faltan medios; las subvenciones son una quimera. Recibimos 30 millones de euros a repartir entre todos los sindicatos de España, mientras que ingresamos más de 100 millones de las cuotas de nuestros afiliados. Ellos sustentan el sistema. Esta historia de las subvenciones es mentira y la voy a combatir con uñas y dientes. El sindicato es el instrumento de transformación más importante para los trabajadores. Mi paso por aquí es temporal; nací en Belmonte y nunca imaginé llegar a secretario general. Me iré como vine, pero defendiendo que el sindicato es esencial.