La llamada de Sabino Fernández Campo a Tejero: «Has invocado el nombre del rey, ¿por qué?»

ASTURIAS

Entre los documentos desclasificados aparecen varias menciones al asturiano, jefe de la Casa Real

26 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue realmente un parto de los montes y un saldo escaso de nueces para el ruido que se esperaba, o que esperaban algunos. La desclasificación de documentos relacionados con el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 fue de sumo interés para los historiadores y para el público general aunque seguramente sólo los primeros vayan a poder sacarle verdadero rédito. Hubo pocas revelaciones, trascendentales ninguna, y muchos de los documentos más bien vinieron a confirmar bastante de los publicado hasta ahora sobre la asonada.

Parte de ello tiene relación con asturiano muy principal y protagonista, al menos, testigo extraordinario de los más extraordinarios sucesos, porque asturiano era el jefe de la Casa Real, el general Sabino Fernández Campo, que aparece en varias ocasiones en los documentos desclasificados ayer, pero sin muchas novedades.

Fernández Campo está en la Zarzuela cuando por la radio tienen conocimiento de la entrada de Tejero en el Congreso, narra en el juicio que a esa hora el rey Juan Carlos se disponía a jugar un partido de squash, es además quien coge el teléfono cuando el general Armada pretende plantarse en el palacio y también quien empieza a acrecentar sus suspicacias sobre él cuando otros militares preguntan si está allí. Así se recoge en un documento titulado 'Sucinto relato de los sucesos de los días 23 de febrero de 1981 y 24 a raíz del asalto al congreso de los diputados según fueron conocidos en el palacio de la Zarzuela' en el que básicamente se describe la narración ya conocida de lo que sucedió desde el punto de vista de la Casa Real.

Sí describe el asturiano una conversación telefónica con el propio Tejero cuando se encuentra en el Congreso con los diputados secuestrados a punta de pistola, la narración de esa conversación, que tiene lugar a las 20.20 horas, se detalla así:

-(Fernández Campo a Tejero): «Soy el Secretario General de S .M.; ¿qué es lo que pretendes? Depón tu actitud inmediatamente.

-(Tejero) Contesta que no recibe más órdenes que de MILANS DEL BOSCH.

-(Sabino) Pero tú has invocado el nombre de S .M; EL REY ¿por qué? ¿por qué?

(repetidas veces).

-(Tejero) cuelga después de.decir que ·no recibe órdenes sino de MILANS DEL BOSCH.

En otro de los documentos desclasificados, en notas sobre el juicio a los implicados en el golpe, Tejero explica que no hizo caso a Fernández Campo porque no le conocía y no se fiaba.

En todo caso, uno de los textos más comentados tras la publicación de ayer, es una comunicación oficial de carácter «Personal y Reservada» enviada desde la Casa del Rey el 14 de diciembre de 1981. En ella, el Secretario General, Sabino Fernández Campo, se dirige al Director del CESID, Emilio Alonso Manglano, por indicación directa del monarca. El contenido se divide en dos partes principales: una carta de remisión y un guion detallado para una reunión de alto nivel entre la Corona, el Gobierno y la cúpula militar.

La carta da traslado del guion que sirvió de base para la reunión que el Rey mantuvo con el presidente del Gobierno, el ministro de Defensa y la Junta de Jefes de Estado Mayor en diciembre del año del golpe. El documento ofrece una radiografía del clima político y militar posterior al intento de golpe de Estado y recoge las principales preocupaciones expuestas en aquel encuentro celebrado en el Palacio de la Zarzuela.

Como elemento llamativo, junto a la misiva se adjuntan fotocopias de unas tarjetas de la sastrería «El Corte Español». En la comunicación se destaca que, al leer verticalmente las letras iniciales de las frases de una de esas tarjetas, se forma el nombre de Tejero. El detalle se incorpora como apunte singular dentro de un contexto de máxima tensión institucional.

El guion de la reunión, que se anexa a la carta, fija como objetivo principal escuchar con «máxima claridad y franqueza» a los Jefes de Estado Mayor, con la intención de que trasladaran no solo sus opiniones personales, sino también el sentir de sus subordinados. La finalidad era conocer de primera mano el estado de ánimo en las Fuerzas Armadas tras el fallido golpe.

En el texto, el Rey hace balance de sus intervenciones como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas desde el 23 de febrero. Se mencionan expresamente discursos como el pronunciado en la Academia de Zaragoza y las reuniones mantenidas con los Consejos Superiores de los Ejércitos. Estas actuaciones se presentan como parte de una estrategia para reafirmar el orden constitucional y la disciplina militar en un momento de incertidumbre.

El documento incluye además un diagnóstico de la situación nacional. Se reconoce que España no era todavía un país «totalmente estable» y que persistían «excepcionalidades transitorias» derivadas de antecedentes históricos recientes. Ese contexto explicaría, en parte, las tensiones acumuladas en distintos ámbitos del Estado.

Especial atención se presta al sentimiento existente en el estamento militar. El texto describe a unas Fuerzas Armadas que, tras la Guerra Civil y cuarenta años de servicio bajo el régimen anterior, se sentían desconcertadas ante la nueva etapa democrática. Se alude a la libertad de expresión, al «revanchismo de las opiniones» y a los cambios en el trato hacia la institución castrense como factores que generaban malestar interno.

También se recogen quejas relativas a la Justicia y a la prensa. En el ámbito militar existía la percepción de que el rigor aplicado a los miembros de las Fuerzas Armadas no se correspondía con el dispensado a otros sectores de la sociedad. En cuanto a los medios de comunicación, se señala que, en ocasiones, la búsqueda de sensacionalismo podía convertirse en «elemento de irritación» para los militares y contribuir a propósitos desestabilizadores.

La situación es calificada en el guion como «delicada y digna de atención». A esa tensión se sumaban el llamado «manifiesto de los 100» (una carta de un centenar de militares en la víspera del juicio molestos con él) y la preparación del ambiente previo al Consejo de Guerra contra los implicados en el 23-F, factores que incrementaban la inquietud en los cuarteles.

Por último, el texto subraya el papel que la Corona aspiraba a desempeñar en aquel escenario. El Rey deja claro que su intención no era inmiscuirse en competencias que no le correspondían constitucionalmente, sino ejercer su función arbitral y contribuir a la búsqueda de soluciones con «exquisito tacto» y equilibrio, en un momento clave para la consolidación del sistema democrático.