Restos de lujo hallados en Asturias cambian todo lo creído hasta ahora sobre la aristocracia del Imperio Romano

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ASTURIAS

El arqueólogo Diego Piay Augusto defiende que el Noroeste, lejos de ser una región atrasada, acogió élites del Imperio Romano tardío, y propone aprovechar las excavaciones como recurso patrimonial y turístico

01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El arqueólogo Diego Piay Augusto, profesor de la Universidad de Oviedo, se dedica desde hace tiempo al estudio de las villas romanas. Actualmente se encuentra, de hecho, excavando en Italia. Este oficio y esta relación estrecha con la arqueología civil le hizo preguntarse hace tiempo por qué habiendo más de un centenar de villas romanas entre Galicia y Asturias, solo hay dos que son visitables, las que realmente han sido investigadas con el rigor arqueológico que se requiere: la de Toralla, en Vigo, y la de Veranes, en Gijón. «Muchas veces dando clase pregunto a los alumnos por las villas romanas y me saben decir una o dos como mucho, no hay conocimiento». 

Piay ha hecho un estudio profundo de la situación de estas villas en el noroeste y, revisando inventarios arqueológicos, noticias y hallazgos ha publicado un artículo titulado «Ornamenta urbana en el finis terrae: algunas observaciones sobre las élites y los elementos de lujo en las villas romanas del noroeste de Hispania», en el que llega a una conclusión interesante: que el noroeste peninsular está muy lejos de la imagen de periferia atrasada con la que cargó durante mucho tiempo. Era, en cambio, un territorio con élites capaces de vivir y exhibirse con refinamiento, algo que está empezando a medirse con los distintos hallazgos arqueológicos. El estudio propone que las villas de Galicia y Asturias fueron piezas clave en la organización del territorio y en una cultura de prestigio que compartían. 

La arqueología permite respaldar esta tesis a través de diversos elementos de lujo hallados en villas rurales: mosaicos, pinturas murales, restos de espacios termales y, en menor medida, esculturas. Esos materiales eran indicadores sociales. La sola presencia de todos esos objetos parece demostrar la existencia de miembros de clase alta de la sociedad romana en el extremo noroccidental: propietarios con alta capacidad económica que les permitía importar o encargar bienes suntuarios y convertir sus residencias en espacios de representación del poder. 

Villa de Andallón (extraída del artículo)
Villa de Andallón (extraída del artículo)

El autor del estudio afirma que, igual que en otras regiones del Imperio, en este periodo la exhibición de riqueza y propiedad, expresada mediante la monumentalidad de la villa y un estilo de vida elevado, se convirtió en una forma de exhibir poder. «La propia ostentación se había convertido en la medida emblemática de la intensidad de ese poder», sostiene. 

Respecto a los materiales hallados en las distintas villas, el estudio detecta una preferencia marcada por la policromía, los motivos geométricos y, de forma muy llamativa, las escenas marinas con peces y moluscos. Esa inclinación por lo marino podría reflejar la importancia económica del litoral, la pesca y la salazón en las élites del noroeste. En cuanto a las pinturas murales, las pruebas son escasas, pero aun así significativas. El trabajo destaca especialmente el caso de Cambre, donde aparecen techos y paredes decorados con fauna marina y arquitecturas pintadas. Finalmente, respecto a la escultura, el estudio advierte de que los ejemplos son pocos y a veces de contexto incierto, pero, aun así, parecen indicar con bastante fuerza la idea de la llegada de bienes de lujo al noroeste. El artículo recalca que estos objetos funcionarían como elementos de «ostentación, autorrepresentación, identidad y riqueza». Aunque las villas del noroeste parecen menos monumentales que otras grandes villas hispanorromanas, eso no significa pobreza ni marginalidad, sino más bien un desarrollo distinto y todavía mal conocido por la falta de excavaciones sistemáticas. 

El autor ha encontrado en las fuentes escritas un buen número de personajes importantes de la antigüedad vinculados con la provincia de Gallaequia -el actual territorio de Galicia y Asturias- con figuras relevantes como Prisciliano, Egeria, Lucio Aradio Valerio Próculo y el emperador Teodosio. Con todas estas pruebas y esta documentación, Piay invita a seguir estudiando este tipo de yacimientos. «No puede ser que de cerca de un centenar de villas que hay solo dos sean visitables». Además, cree que no se trata solo de una cuestión de recuperar el pasado sino también de darle valor al patrimonio y asociarlo al turismo. «Este tipo de actividades promocionan los elementos del patrimonio cultural que no han sido explotados», concluye.

Mosaico romano en el Museo Arqueológico de Oviedo (extraída del artículo)
Mosaico romano en el Museo Arqueológico de Oviedo (extraída del artículo)

Actualmente, está en excavación la villa de Andallón, en el concejo de Las Regueras, con un equipo encabezado por Juan Muñiz para el que, en palabras de Piay, «cada campaña es un éxito; en esta villa se encuentran todos estos elementos de los que yo hablo: mosaicos muy bien conservados, pinturas con sesenta o setenta centímetros conservados o parte de un complejo termal». Todo esto es de gran valor, y el arqueólogo espera que exista la posibilidad de seguir excavando para aprovechar adecuadamente esta parte del patrimonio cultural.

Y hay otras zonas en Asturias donde está «convencido de que hay restos romanos muy valiosos: en Puelles (Villaviciosa),cerca del monasterio de Valdediós, y en Soto del Barco; se excavó en el pasado, aparecieron restos pero se han tapado, y están ahí; es necesario apostar por estos proyectos porque pueden servir para dinamizar toda la zona; una villa con unos restos bien conservados es un elemento que puede desarrollar el turismo en zonas que no lo tienen, porque, curiosamente todas se localizan en zonas que antiguamente fueron bastante dinámicas ahora están en lugares totalmente alejados de los núcleos de población; hay que tomarlo como una oportunidad para explotar los recursos». Para ello, deben ser proyectos globales que impliquen excavación, documentación e investigación «pero también puesta en valor» para que su recuperación tenga sentido y no se limite a hacer las excavaciones y no hacer nada más.