Joaquín Pajarón, humorista: «El público siempre es diferente hasta en tu propia casa»
ASTURIAS
El cómico asturiano aterriza con «Filososidra» en Santiago y Pontevedra
12 mar 2026 . Actualizado a las 21:58 h.Filososidra. Este término acuñado por el humorista asturiano Joaquín Pajarón hace referencia «a esas reflexiones que hace el paisano asturiano, pero que las podría hacer igual un gallego, perfectamente, tomando una botella de sidra, tomándose la vida con humor y, como decimos aquí en Asturias, con un poco de repugnancia, de quejarse, de protestar». Y es, de igual modo, el título del monólogo con el que aterriza este viernes en el auditorio de Abanca de Santiago de Compostela y el viernes en el de Afundación de Pontevedra y con el que busca «hablar de situaciones cotidianas con mucho humor, con un poco de sidra y quejándose un poco».
—En definitiva, hay que tomarse la vida con humor, ¿no?
—Yo creo que sí. Al final, están pasando tantas cosas malas que lo que podemos controlar nosotros, los cómicos, que es hacer reír, tenemos que hacerlo sí o sí, no queda otra.
—¿Tiene que adaptar el monólogo a cada localidad donde actúa?
—Los gallegos y los asturianos, igual que en algún otro sitio, antes sí podría pasar que escondíamos un poco el acento cuando íbamos a Madrid. Pero luego esa gente que lo llevó con tanto orgullo y que hizo muy bien su trabajo, hablamos de gallegos como Luis Zahera, Touriñán... fueron con su acento gallego haciendo vida. En Asturias también pasó. Creo que más que adaptarlo, yo sigo hablando con acento asturiano, intento que la gente me entienda, los temas de los que hablo son muy comunes a todo el mundo, sin perder esa esencia asturiana, igual que un andaluz va con su esencia andaluza y nos puede hacer reír o un gallego o un catalán van con su esencia, pero no cambio el texto. Sí que intento decir alguna cosa o aprender alguna cosa del sitio al que voy, pero porque me gusta personalmente saber a dónde voy, cómo es la gente o cuáles son las últimas noticias para ver si puedo sacarle algo de humor.
—¿Y el público es diferente?
—El público siempre es diferente hasta en tu propia casa, pero yo creo que, por ejemplo, con Galicia somos muy parecidos. No me cuesta tanto conseguir risas. A lo mejor en el sur me costaría muchísimo más que me pudiesen entender a un paisano repugnante, un paisano como yo, quejándose y protestando de cosas. Si te das cuenta los andaluces cuando hacen humor están riéndose antes de acabar el chiste. Y yo creo que los gallegos, los asturianos, la gente del norte nos reímos de este señor que está protestando todo el día o que es un gruñón. Aquí en el norte se entiende muy bien nuestra comedia.
—¿A qué le tiene miedo un cómico?
—A que no se rían. Esto es como el mago, a que te vean el truco. Yo escribo mis guiones y estoy pensando: «Hostia, este es buenísimo, esto es muy divertido». Pero luego lo sueltas siempre con miedo. Te entra duda siempre antes de salir al escenario. Yo voy convencido a Santiago y Pontevedra de que la gente se va a descojonar, pero justo cuando empiezo a ir caminando al escenario pienso: «Hostia, ¿y si esto no funciona?» Estás como los quince primeros minutos del show con miedo a que no funcione algo, pero eso es como lo que te gusta, como ese gusanillo y te va animando.
—¿Alguna vez le pasó que no se riesen en un show?
—No, nunca. Sí es verdad que, a lo largo de hora y media, hay cosas que a lo mejor yo no las digo bien o al público no le hacen tanta gracia y ves que se ríen poco, tiras de rápido al siguiente. Es como cuando das un volantazo con el coche. No sabes dónde fue, pero tú mueves el volante.
—Después de estas actuaciones en Pontevedra y Santiago, ¿qué vendrá?
—Realmente lo que vendrá será ir a tomar una Estrella Galicia y un poco de pulpo, porque estoy enamorado de Galicia. Últimamente estoy yendo mucho a Galicia y supongo que si tuviese 20 años, saldría de fiesta, pero, a mi edad, creo que a tomar una tapa pulpo o una tortilla de Betanzos cuando voy por A Coruña. Quiero volver a Lugo y A Coruña y seguir de gira por España. E intentar comer haciendo reír, que no está mal. No estoy haciendo ningún mal al mundo.