Álvaro Queipo: «PP y Foro son dos fuerzas hermanas, Vox es un proyecto distinto»

ASTURIAS

Álvaro Queipo
Álvaro Queipo Héctor Herrería

El presidente del PP de Asturias postula un entendimiento que agrupe al electorado de derecha en Asturias tras décadas de fragmentación

12 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

 Álvaro Queipo, presidente del Partido Popular de Asturias, afronta el próximo ciclo electoral con el ánimo de presentarse como unificador de un espacio de centro derecha en la comunidad que ha estado fragmentado desde la década de los 90 del pasado siglo. Propone un acuerdo con Foro y asegura que querría un proyecto reformista y asturianista incluso aunque tuviera que llegar a pactos con Vox.

—Quiero empezar preguntándole por el largo plazo y las perspectivas electorales. Estamos en un momento de reunificación de la derecha asturiana tras décadas de fragmentación. Usted postuló el concepto de la «gran casa común del centro» y parece que ha funcionado. ¿Siente que ese objetivo está ya al alcance de la mano? ¿Qué papel juega en esa aspiración la colaboración con Foro Asturias?

— Me alegro de que me formule la pregunta en esos términos. Llevamos ya casi tres años de un esfuerzo intenso de trabajo. Veníamos de una situación compleja en el Partido Popular y había muchas teclas que tocar. La primera era la unificación: tranquilizar al partido y transmitirle que somos un proyecto ganador. Yo creo que mi principal aportación ha sido la certeza de que se puede ganar; eso es algo que se traslada a toda la organización. Hemos renovado más del 50% de los liderazgos locales. La política municipal es la mejor escuela y la mejor fuente de datos. Cuando surge una cuestión autonómica, lo primero que hago es bajar al nivel municipal para enterarme bien de lo que pasa y escuchar a nuestros concejales, que están a pie de calle. Con eso elaboro el discurso autonómico. El objetivo era que el partido se centrara en lo importante: Asturias necesita un cambio. Lo hemos conseguido al convertirnos en la casa común del centro-derecha en lo que yo califico como la «revolución de la normalidad». Ahora tenemos un papel muy importante, aunque a veces ingrato: el de la oposición. Nuestra labor es fiscalizar la acción del Gobierno. Todo Ejecutivo necesita una oposición que le exija; de hecho, un gobierno es mejor si la oposición es mejor, porque se le obliga a gestionar con más rigor en beneficio de todos. Es nuestra obligación hasta 2027 y estoy muy confiado en el futuro. Más allá de lo que cada uno vote, en Asturias hay una sensación general compartida de que se necesita un cambio por higiene democrática. El modelo del Partido Socialista ha llegado a su límite. Lo vemos con el caso Cerredo, con las ayudas a la dependencia, las listas de espera sanitarias o los datos económicos. Este Gobierno es heredero de los anteriores y ha perdido la inercia; ya no saben hacia dónde tirar. En democracia, cuando eso pasa, lo sano es un cambio de gobierno.

— ¿Y cómo encaja la pieza de Foro Asturias en ese puzle, para ir en coalición, lo ha propuesto a sus dirigentes?

—El papel que el Partido Popular y Foro puedan tener en el futuro tendrá que ser definido por ambas partes; no quiero imponer mi criterio. Sin embargo, creo que la unificación del centro-derecha es buena y necesaria. Lo vimos en las últimas elecciones autonómicas: si Foro y el PP hubiesen ido juntos, probablemente hoy habría otro gobierno en el Principado. No se puede negar la importancia electoral de no obligar a la gente a elegir entre dos fuerzas hermanas que compartimos más del 90% de los posicionamientos. El sistema electoral asturiano, con sus tres circunscripciones, penaliza mucho la dispersión del voto. Con Foro tengo un contacto permanente. Concretamente con Adrián Pumares, al que me une una amistad personal, hablo a diario. No nos hemos sentado aún para construir una coalición formal, pero ambos coincidimos en que esa reunificación sería positiva. Tendremos que ver en los próximos meses cómo encaja, pero lo más importante es el proyecto que ofrezcamos: un centro-derecha reformista, moderado y asturianista, que ponga siempre a Asturias por delante. Siento la responsabilidad de no volver a caer en errores del pasado.

— En ese plan falta una pieza para sumar la mayoría, Vox, y ha habido ya pactos entre ambos partidos en otras comunidades. ¿Un gobierno de Álvaro Queipo en Asturias es con consejeros de Vox?

— No tiene por qué ser así necesariamente, aunque es una posibilidad que existe en democracia y a la que no puedo negarme por pura lógica. Pero hay que analizar por qué surge el fenómeno de Vox. Así como con Foro comparto casi todo mi ideario, Vox es un proyecto político distinto. Estamos en una comunidad con la peor tasa de actividad de España. En el campo, hemos perdido el 40% de las explotaciones lácteas en seis años. Desde que Adrián Barbón es presidente, hay 1.500 ganaderos menos y hemos perdido 4.000 autónomos. Esa mala gestión y el estar «bunkerizado» en Presidencia genera un distanciamiento enorme con la gente y provoca un voto de cabreo. Yo le aseguro que mi pacto prioritario, previo o posterior a las elecciones, será con Foro. Con el resto de fuerzas, estoy a disposición: el que quiera aportar para un cambio político será tenido en cuenta.

— Se lo pregunto porque el PP en otras comunidades se encontró en la situación de que no podía vetar la entrada de socios en el Gobierno. A Barbón le pasó algo similar con Izquierda Unida.

— A Barbón no le «pasó». Cuando se presentó a la investidura, el PP le ofreció cumplir su palabra de dejarle gobernar en solitario si pactaba las leyes puntualmente. Le dijimos que no presentaríamos candidato para que él saliera elegido. Sin embargo, él eligió meter a Izquierda Unida en el Gobierno de todas formas. Tenía la opción de elegir y eligió la coalición. Respecto al futuro, es difícil adivinarlo. No sé qué apoyo tendrá Vox en 2027. Yo trabajo desde la moderación y la tranquilidad porque la gente está harta de «shows» políticos. Yo no voy a dar espectáculos; ofrezco una alternativa real y normal.

— ¿Es el «modelo de Gijón» el que quieren trasladar a toda Asturias?

— No me cierro a ningún modelo. Todo está abierto. Me preocupa qué haremos una vez ganemos. El PSOE controla muchos resortes en esta comunidad y la batalla será difícil. Por eso estamos haciendo una oposición con una alternativa siempre en la mano. Criticamos que en seis años la recaudación de impuestos haya subido más de 1.000 millones de euros, pero a la vez proponemos una reforma fiscal medida y razonable para bajar impuestos a las rentas medias, bajas y a los jóvenes. También queremos abordar el problema de la vivienda. Barbón no ha hecho nada mientras los precios subían un 50 %. Izquierda Unida presenta una ley intervencionista que solo crea más burocracia. Nuestra solución es aumentar la oferta y facilitar el acceso.

— ¿Quén es lo que haría con la vivienda, construir más?

— Primero, crear una base de datos de suelo disponible, algo que increíblemente no existe. Segundo, apostar por la colaboración público-privada. No creo que la administración deba ser la única constructora; hay que dar facilidades a los constructores para poner vivienda protegida en el mercado. Y luego está el acceso. Proponemos una tasa cero en el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales para jóvenes que compren viviendas de hasta 150.000 euros. También abogamos por un sistema de avales públicos del Principado para que la hipoteca cubra el 100 % del coste. Si un joven se asienta en Asturias, es mucho más fácil retener población. Es una cuestión de lógica y normalidad, lejos de medidas sectarias, hay sitios donde se está haciendo bien.

—¿Dónde se está haciendo bien en materia de Vivienda?

—Yo creo que en Andalucía, Andalucía es un modelo a seguir.

— Esta semana la patronal de la hostelería avisó de que en el oriente de Asturias empieza a pasar algo como en Baleares y el sector turístico asturiano ve que es difícil encontrar trabajadores porque no hay alquileres asequibles debido a la presión de las viviendas turísticas. ¿Qué proponen para ese fenómeno?

— Estamos lejos del problema de Baleares, que tiene la complejidad añadida de la insularidad. Lo que rechazamos frontalmente es tasar los precios de manera obligada. Eso genera un efecto en cadena: reduce la oferta porque los propietarios retiran sus pisos del mercado y encarece los alquileres en los concejos vecinos. Es un apaño temporal que a largo plazo empeora el problema. La única solución es construir más vivienda y favorecer la vivienda protegida.

Álvaro Queipo
Álvaro Queipo Héctor Herrería

— El presidente Barbón suele criticar en los debates que usted «no arranca». ¿Qué le parece esa crítica?

— Me parece un comentario infantil. Si arranqué o no se verá en 2027. Lo que percibo en la calle es un hastío muy grande hacia él. En 2019 llegó con una frescura que generaba ilusión, pero esa imagen de «bonachón» ha desaparecido. Incluso gente de izquierdas me dice que está descontenta. Barbón no afronta los problemas en primera persona; sobrevuela la realidad. Además, existe la percepción de que no lucha por los intereses de Asturias. Cuando cruza el Negrón, piensa en su futuro dentro del PSOE. En Madrid se le ve poco, a pesar de que prometió lo contrario. Un presidente necesita pelear en Madrid todos los meses, captar inversiones y reunirse con empresas. Cuando no hay nadie al volante dirigiendo los detalles del Gobierno, la nave se estrella.

— Tras la presentación del informe del caso Cerredo Barbón les retó a ir a la Fiscalía y denunciar si creen que ha habido un delito ¿lo harán?

— Sí, si pensamos que hay delito iremos a la Fiscalía. Pero soy respetuoso con los tiempos. Aquí murieron cinco personas y creo que esa pérdida era evitable si la administración hubiese vigilado. El informe señala una dejadez absoluta y que se hacía la vista gorda mientras otros sacaban beneficio ilegal. Cuando hubo denuncias, el Principado lo que hacía era filtrar la denuncia al presunto infractor para que la conociera, lo reparase y luego ya iría a la inspección a ver qué fue lo que lo que allí había. Es una barbaridad sistémica. No sé qué es peor: si no lo vieron o si lo vieron y no hicieron nada. Esperaremos al dictamen de la Comisión de Investigación de la Junta General, esa comisión que el PSOE intentó impedir y luego quiso controlar. Ahí decidiremos.

— El accidente de Cerredo fue el momento en que realmente hubo más peligro de que se rompiera la coalición de gobierno entre PSOE e Izquierda Unida. ¿Qué balance hace de ese gobierno de coalición? Usted haría también un gobierno de coalición, quizás.

— Por aclarar: yo de lo que hablo es de que tendré un diálogo abierto con todo el que quiera contribuir a ese futuro gobierno de cambio reformista que habrá en Asturias a partir del 27. Espero que sea así. No se lo voy a cerrar a nadie. Cuando digo a nadie es a nadie que quiera contribuir y aportar; por supuesto que ahí estaremos escuchando porque creo además que tenemos la responsabilidad de construir un gobierno que tenga unas formas distintas al actual. Dicho esto, ¿cómo veo a la coalición? Pues efectivamente ha tenido sus momentos verdaderamente críticos. Pero bueno, a mí me parece absolutamente increíble que haya un socio de gobierno que está llevando a los tribunales a la otra parte. Yo esto creo que no se ve en ningún lugar de España. Que hemos visto que ha habido gobiernos que se han roto, que el socio ha salido, sí; pero que un socio desde dentro, sin romper, manteniendo los sillones, que parece que es lo importante, denuncie a la otra parte y que aquí no pase nada... me parece que es espectacular. A lo mejor tiene su importancia el hecho de que estamos en un gobierno que en cuanto a altos cargos y personal eventual elegido a dedo cuesta cuatro veces más que el que costaba el de Javier Fernández. Que tenemos 120 personas solamente de personal eventual, altos cargos elegidos a dedo por el gobierno, PSOE e Izquierda Unida, de los cuales en torno a un centenar hemos acreditado que tienen una vinculación política con el PSOE y con Izquierda Unida. Entonces, ¿será esa, será eso el cemento que mantiene unido a esta coalición de gobierno? Pues yo no lo sé, pero tendrá su peso seguramente.

— Bueno, parece que de momento las coaliciones de gobierno están aquí para quedarse, y que la de PSOE e IU ha sido estable pero no ha sido así con la mayoría de acuerdos de PP y Vox que se han roto, han llevado a adelantos electorales ¿No teme que a ustedes les pueda suceder eso, que haya esa inestabilidad en el espectro del centro-derecha?

— No, por varias razones. Primero, porque hasta que se cierren las urnas no sé cuál va a ser la fuerza que vamos a tener cada uno de nosotros de cara a la próxima legislatura. A pesar de que estamos en tiempos en los que parecen muy complicadas, yo trabajo para tener una mayoría absoluta. Todo mi trabajo en la campaña electoral va a ser para una mayoría absoluta que le dé a Asturias un gobierno monocolor del Partido Popular, con estabilidad y con políticas reformistas de cambio y además que empatice con el sentimiento y el carácter asturiano; es decir, la normalidad. Ahora, en Asturias hay una particularidad que no hay en otras comunidades autónomas, que es el método del procedimiento para elegir al presidente. Aquí no se puede bloquear. Por tanto, eso a quienes puedan querer bloquear les resta y les quita muchas herramientas, muchas armas. Por tanto, cuando llegue el momento la elección es muy sencilla: ¿quieren que Adrián Barbón siga siendo presidente o quieren que lo sea Álvaro Queipo? Y eso es a lo que van a tener que enfrentarse. ¿Gobernará el Partido Popular o gobernará el Partido Socialista? Y eso es algo que además es una pregunta que todo el mundo debe ir planteándose ya, porque no hay otras opciones.

— Habla de un gobierno reformista y antes también dijo un gobierno asturianista ¿Cómo es ese asturianismo que propone? ¿Por qué, por ejemplo, en Oviedo ya no se celebra el Antroxu en Carnaval con el gobierno de Canteli y del PP, pero tenemos una «madrugá» en Semana Santa? 

— Bueno, porque yo creo que no es incompatible una cosa con la otra. Yo creo que la «madrugá» es algo que pertenece a toda España y por tanto se celebra en toda España; y hay muchos fieles, mucha gente creyente que participa de las procesiones de la madrugada y de toda la Semana Santa, y que incluso forman parte de cofradías, y yo creo que eso es muy sano y muy bueno. ¿Cuál es el asturianismo que yo pregono y que creo que tiene que tener el gobierno? Pues un asturianismo real. O sea, es que a mí no me vale decir que eres asturianista para hacer cuatro guiños a un sector que evidentemente está enmarcado dentro de las políticas lingüísticas casi exclusivamente, pero que en todo lo demás Asturias queda para un segundo plano. Lo que no puede ser es ser asturianista pero tener primero tus intereses de partido o tu alianza al gobierno central de Pedro Sánchez y Asturias en un segundo plano. Eso no es ser asturianista; eso es ser asturianista de boquilla. Pues a eso me refiero con un gobierno que sea reformista, centro-derecha, moderado y asturianista. Es decir, que todas las decisiones se tomen en Asturias y que además se hagan pensando en el interés de Asturias. Y parece una cosa sencilla.

— ¿Pero por qué no se llama antroxu al carnaval en Oviedo?

— Ah, eso lo desconozco, no lo sé. Yo vengo de una zona que llamamos Entroido.

— Se lo digo porque cuando hubo el acuerdo de gobierno en Gijón, también con Vox, una de las primeras medidas son reclamaciones que hace es contra el asturiano, contra la participación de artistas que canten en asturiano, cosas así. ¿No se ve en esa eventualidad en un momento determinado?

— Eso tiene que explicarlo Vox. El porqué de esa animadversión de Vox hacia determinados sectores tiene que explicarlo Vox porque yo ni lo comparto ni puedo entender cuál es la motivación que tienen detrás. Yo lo que sí sé, por ejemplo, es que si nos fijamos, y hablando de asturianismo, en el folklore asturiano y concretamente en lo que toca a todo el mundo de la música tradicional y de la danza, el Ayuntamiento de Oviedo desde hace muchos años ha sido un elemento protagonista en el mantenimiento y la conservación de esa cultura. Cuando toda Asturias estaba desaparecida, incluido el gobierno autonómico durante muchos años, que incluso denostaban toda esa parte de la cultura que es la propia, el folklore propio, la tradición, la danza, la música... el Ayuntamiento de Oviedo fue pionero y además sigue siendo un mecenas importante para el mantenimiento y el sostenimiento de muchas bandas de gaitas, de música, de danza, del folklore asturiano. Eso es asturianismo. Y todo lo demás y los planteamientos que hacen otras fuerzas yo no las puedo explicar.