Eva Suárez fue madre tras ser diagnosticada de Párkinson a los 39 años: «Sentimos lo mismo que los demás, pero multiplicado por diez»

Sergio Muñoz Solís
Sergio M. Solís REDACCIÓN

ASTURIAS

Eva Suárez fue madre tras ser diagnosticada de Párkinson a los 39 años
Eva Suárez fue madre tras ser diagnosticada de Párkinson a los 39 años

El embarazo, lejos de lo que temían los médicos, transcurrió sin complicaciones: «Si él había querido nacer, no iba a ser yo nadie para impedírselo»

11 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Párkinson, una jornada que busca visibilizar una enfermedad todavía rodeada de estereotipos y desconocimiento. Lejos de la imagen asociada exclusivamente a la vejez, el Párkinson también irrumpe en vidas jóvenes, en pleno desarrollo personal y profesional. Es el caso de Eva Suárez, una asturiana que recibió el diagnóstico con apenas 39 años y que, contra todo pronóstico, fue madre después de saber que conviviría con esta patología neurológica.

«Fue en el 2014, sobre marzo o abril. Todo empezó porque me falló una pierna; se me quedaba clavada al caminar. Además, escribía más pequeño y me fallaba el olfato», recuerda. Eran síntomas que, como ella misma reconoce, «son un poco de libro en el Párkinson». La confirmación llegó tras una prueba médica: «Fui a la neuróloga y me hizo un TAC con contraste. Yo ya había buscado los síntomas y sabía lo que podía ser, pero fue entonces cuando me lo diagnosticaron».

El impacto fue inmediato. «Con 39 años no es lo mismo pensarlo que el que te lo digan, lógicamente. Fue un golpe muy duro, sobre todo porque yo tenía a mi hijo mayor, que por aquel entonces tenía seis o siete años. Sientes que se te acaba todo». Aquel diagnóstico no solo supuso enfrentarse a una enfermedad crónica, sino también a la pérdida de una vida tal y como la conocía.

Eva era profesora de contabilidad en la Universidad. Su vocación estaba ligada a las aulas y a la investigación. «A mí siempre me había gustado mucho dar clase… que se acabara mi vida profesional fue un golpe duro, muy duro», relata. Sin embargo, su mentalidad la ayudó a resistir: «Siempre tuve muy buen carácter y fui bastante echada para adelante, lo fui llevando».

Como ocurre con muchos pacientes, su tratamiento ha sido un camino de ensayo y error. «He probado varios tratamientos: Levodopa, Carbidopa, Sinemet… y ahora estoy con Madopar, probando a ver cuál me va un poco mejor». La enfermedad, explica, «en cada persona es un mundo». Los últimos años fueron especialmente complicados: «Me querían operar pero yo me negaba. Me daban mucha medicación para intentar estar lo mejor posible por los críos, y tanto fármaco me afectó bastante». Finalmente, dio el paso: «Me operé este verano, y vuelvo a estar bastante mejor».

En medio de ese proceso llegó una de las decisiones más trascendentales de su vida. En 2016, ya diagnosticada, Eva se quedó embarazada. «Fue una sorpresa. Pensé que con la medicación tan fuerte que estaba tomando no podría quedarme embarazada. Pero cuando lo descubrí, tiré para adelante; pensé que si él, en las condiciones en las que estaba yo, había querido nacer, no iba a ser yo nadie para impedírselo».

El embarazo, lejos de lo que temían los médicos, transcurrió sin complicaciones. «Los especialistas de embarazos de riesgo sí pasaron miedo. Por aquel entonces no había nadie que hubiera estado embarazada con Párkinson… pero el bebé crecía normal. Fue un parto normal y pesó 4 kilos y algo». Hoy, su hijo pequeño tiene nueve años. «Es un crío buenísimo», dice con orgullo.

La experiencia de Eva desmonta muchos de los tópicos asociados al Parkinson. «Siempre te dicen: ‘Madre, ¿con Párkinson tan joven?’». También matiza uno de los síntomas más visibles: «El temblor es lo menos importante; a lo mejor te molesta por cómo te ven… el problema solo llega cuando es más fuerte y te produce dolor». Describe con precisión la dureza de la enfermedad en esos momentos: «Se te agarran los músculos… es un dolor de tendones, más doloroso que el de un músculo o un hueso».

Uno de los mayores retos está en algo tan cotidiano como caminar. «Caminas muy despacio. Lo difícil es que tienes que ‘pensar’ en caminar. Cuando se pone el piloto automático es cuando te cuesta». Los bloqueos son uno de los episodios más angustiosos: «Se te pegan los pies al suelo literalmente. Ni para atrás, ni para adelante». En esos momentos, la incomprensión social puede empeorar la situación. «Lo peor que te pueden decir es: ‘Venga, espabila’ o ‘rápido’. Con presión es peor todavía».

Por el contrario, la empatía marca la diferencia. «Lo mejor es acompañarte, relajarte, sacar otro tema de conversación». Porque en el Párkinson, explica, el estado de ánimo es clave: «Sentimos lo mismo que los demás, pero multiplicado por diez. Si estás triste o enfadada, te bloqueas más; si estás contenta, caminas mucho mejor».

La enfermedad también deja huella en el entorno familiar. «Mi hijo mayor lo pasó bastante mal… El pequeño no tanto, porque convivió siempre con esa situación». Ahora, tras la operación, la mejoría es evidente. «La madre es un pilar en las familias: cuando tú estás bien, parece que todo va bien», asegura.

Doce años después del diagnóstico, Eva ha aprendido a convivir con la enfermedad. Su mensaje es claro para quienes empiezan este camino: «Que tengan mucha paciencia, que intenten no agobiarse. Tendrán días buenos y días malos… Con los años, acabas conociendo tú a la enfermedad y la enfermedad a ti».