Las fincas rurales en Asturias, un patrimonio desaprovechado con un enorme potencial
ASTURIAS
El ingeniero sierense Óscar García Hernández asegura que el patrimonio del campo asturiano alberga «muchas oportunidades» y que la mayoría de los terrenos, si se les da la orientación adecuada «son aprovechables»
26 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El medio rural asturiano esta muy atomizado. Son miles y miles las fincas que hay a lo largo y ancho de su territorio, y la mayoría están sin aprovechar. Muchas veces, porque quizá no tengan demasiado que ofrecer. Otras, en cambio, simplemente porque sus propietarios no quieren o no saben cómo explotarlas. Eso es lo que ha animado a Óscar García Hernández, ingeniero forestal de Pola de Siero, a constituir una empresa que ayude a paliar esa carencia: Forestnorte.
«Casi todos los propietarios en Asturias son particulares; abres el catastro y te encuentras miles de fincas con dueños, que pueden ser una persona o varios miembros de una familia, y en general hay un desconocimiento brutal; las escrituras a veces están bien de milagro, y cuando hablamos del monte, la gente está perdidísima», explica. Entonces, su labor es «aportar a los propietarios un poco de luz, que sepan lo que tienen, lo que valen las fincas, lo que pueden hacer y lo que pueden ganar».
Óscar García Hernández comenzó su andadura trabajando en Galicia, una comunidad donde la gente tiene mucha más conciencia del aprovechamiento de la tierra que en Asturias. Allí trabajó en repoblaciones y gestión del patrimonio, y de vuelta en Asturias, para una empresa de compra de madera. Esta experiencia, y la comparación entre una y otra comunidad, le sirvió para ver las muchas oportunidades que hay en Asturias y que pueden estar desaprovechadas.
Eso no significa, no obstante, que alguien que tenga una pequeña finca rústica vaya a sacarle un partido enorme. El rendimiento depende mucho de cada finca, y está claro que, cuantas más hectáreas tenga, más factible será que le saquen un rendimiento adecuado. En todos los casos, para que la gente aproveche su patrimonio, Óscar García hace de intermediario en la compraventa de fincas rusticas y también edificables, ayuda a lidiar con la burocracia y pone en contacto a los propietarios con posibles arrendatarios o con empresas que quieren pagar por el aprovechamiento de sus recursos. Y también puede encargarse de la reforestación.
El caso es que los propietarios sepan lo que más les conviene en cada momento. Para el dueño del terreno esto puede ser difícil de abordar, porque necesita unos conocimientos técnicos que, en muchas ocasiones, no ha llegado a adquirir. Óscar García pone el ejemplo de una finca de algo más de seis hectáreas con la que han empezado a trabajar, que había sido quemada en un incendio. «Los propietarios no saben que hacer con ello y nosotros les decimos qué posibilidades tienen», porque no solo se trata de sacar la madera. Hay otras muchas cuestiones que hay que resolver para mejorar el rendimiento de la finca.
Lo importante para los propietarios es saber qué posibilidades tienen, ya sea por arrendamientos, acuerdos o también con subvenciones. «Tienes que saber qué puedes hacer, más allá de llamar al maderista de turno y que te dé mil euros por la madera», explica. En Asturias, además, muchas fincas son herencias, y hay que poner en común a mucha gente.
Porque uno de los obstáculos con que se encuentra es la visión de la mayoría de la gente, que cree que las fincas no valen nada. «Nosotros ayudamos a la gente a ver que hay muchas oportunidades, y aunque está claro que no todo el mundo las tendrá; creo que todas las fincas son aprovechables; el tamaño es un condicionante muy importante, que hace que haya más posibilidades, pero no tiene por qué ser excluyente». En este caso, su labor podría ser conseguir la agrupación de varias fincas contiguas poniendo de acuerdo a los propietarios para que aprovechen mejor sus terrenos.
Aunque en Asturias hay madera a lo largo y ancho de todo el territorio, lo cierto es que hacia el Occidente está mucho más desarrollado el sector. Como explica el responsable de la empresa, hay una tradición maderera más arraigada, con un desarrollo mayor propiciado en su día por la agrupación de montes, la proliferación de terrenos vecinales, y superficies más grandes que no solo permiten un mayor aprovechamiento sino también puntúan más para las subvenciones dado su potencial. Es el resultado de un proyecto de ordenación encaminado a potenciar el sector. Por otra parte, al ser un territorio más despoblado, facilita el manejo de las fincas.
En la zona centro, en cambio, hay muchos suelos con uso residencial o industrial, y es difícil encontrarse con masas forestales. No obstante, sí es posible fomentar desarrollos, sobre todo si se consigue la agrupación de fincas. En el centro, más que en las alas, hay que sortear la mentalidad de falta de aprovechamiento y convencer a la gente de que le de un valor al terreno, y también luchar contra la desconexión de algunos propietarios, que viven lejos de fincas a las que nunca van y no saben para qué vale ni si son aprovechables.
La empresa está abriendo horizontes hacia otras comunidades autónomas, como Castilla y León, donde tanto el tamaño como las condiciones naturales de las fincas son totalmente distintos de las de Asturias, y que tienen potenciales diferentes. En todos los casos, lo que sí está claro es que la explotación de las fincas, sobre todo los montes que se utilizan para aprovechar la madera, es a largo plazo, algo que muchas veces «no coincide con estilo de vida y mentalidad que tenemos».
Con todo, espera que poco a poco vaya calando en los propietarios asturianos la idea de que las fincas forestales no tienen por qué ser un trozo de terreno sin más, ni un recuerdo de lo que fueron en otros tiempos las propiedades agrícolas. Hay formas de buscar recursos y lo lógico sería que quien tiene estas propiedades tratase de sacarles el mayor rendimiento posible.