Asturias perderá más 12.000 alumnos en la próxima década a causa de la caída demográfica

Sergio Muñoz Solís
Sergio M. Solís REDACCIÓN

ASTURIAS

Fotografía de archivo de un profesor dando clase en un centro educativo
Fotografía de archivo de un profesor dando clase en un centro educativo JOSE PARDO

La región perderá 9.003 estudiantes entre 2025 y 2030, una caída a la que se sumará otro descenso de 3.469 alumnos entre 2030 y 2035

11 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Asturias encara una nueva década marcada por el retroceso de su población escolar, una tendencia que ya viene dibujándose desde hace años y que ahora adquiere cifras concretas. El último informe sobre el impacto de la demografía en el sistema educativo español, elaborado por la Fundación Ramón Areces, sitúa al Principado entre las comunidades más afectadas por la pérdida de alumnado en las enseñanzas obligatorias, con una previsión especialmente severa en Primaria. Solo en esa etapa, la región perderá 9.003 estudiantes entre 2025 y 2030, una caída a la que se sumará otro descenso de 3.469 alumnos entre 2030 y 2035. En total, más de 12.400 escolares menos en apenas diez años solo en las aulas de 6 a 11 años, un ajuste de enorme calado para la red educativa asturiana

La fotografía general que dibuja el estudio es la de una Asturias plenamente instalada en el declive demográfico del noroeste peninsular. Frente a otras comunidades donde hubo un cierto repunte de nacimientos durante la primera década del siglo XXI, en el Principado esa recuperación fue «apenas perceptible», según recoge el informe, de modo que la comunidad llega a este nuevo ciclo con una base poblacional mucho más debilitada que la media nacional. Esa falta de relevo generacional tiene un reflejo directo en las aulas. Menos niños en Infantil significan menos alumnos en Primaria dentro de unos años, menos adolescentes en la ESO más adelante y, finalmente, una reducción progresiva en Bachillerato.

El golpe más visible llegará primero a la enseñanza primaria, donde Asturias perderá alumnado a un ritmo superior al promedio español. El informe subraya, además, que el Principado figura entre las autonomías que decrecerán «relativamente más que el conjunto» en población de entre 6 y 11 años, junto a Galicia, Castilla y León o Extremadura, territorios que comparten un acusado envejecimiento poblacional y bajas tasas de natalidad. Esto anticipa una presión creciente sobre la planificación educativa, con menos matrículas, aulas con ratios más bajas, reorganización de unidades y, previsiblemente, un debate cada vez más intenso sobre el mantenimiento de centros, especialmente en las alas rurales y en las cuencas.

La caída también alcanzará al Bachillerato, aunque aquí el caso asturiano presenta un matiz singular. Si bien el número absoluto de estudiantes descenderá (1.534 menos entre 2025 y 2030 y otros 1.173 en el siguiente quinquenio), Asturias conserva una de las tasas de matriculación en Bachillerato más elevadas del país. Es decir, proporcionalmente, los jóvenes asturianos siguen optando en mayor medida que en otras regiones por continuar estudios posobligatorios. El informe destaca precisamente que Asturias, junto con Galicia y Extremadura, mantiene niveles altos de escolarización en Bachillerato pese a su declive demográfico, lo que evidencia una fuerte cultura educativa y una continuidad académica por encima de la media española

Ese dato introduce un contrapunto relevante. Asturias pierde población escolar, pero conserva un sistema con una importante capacidad de retención educativa. En otras palabras, hay menos jóvenes, pero una proporción alta de ellos continúa estudiando. Eso amortigua parcialmente el impacto en etapas no obligatorias, aunque no basta para frenar la tendencia general de contracción.

La única excepción a esta dinámica descendente aparece en el primer ciclo de Infantil, de 0 a 2 años. Como ocurre en el conjunto de España, Asturias registrará un crecimiento sostenido de la escolarización temprana, impulsado no por un aumento de nacimientos, sino por la extensión progresiva de la educación de primer ciclo y por una mayor incorporación de los menores a estos servicios. Se trata, en realidad, de un cambio estructural en la forma de conciliar de las familias y en la consideración educativa de esta etapa, llamada a ganar peso en los próximos años incluso en territorios con baja natalidad

Con todo, el balance final es inequívoco. Asturias tendrá menos niños y, por tanto, menos alumnos. El sistema educativo asturiano se adentra en una fase de reajuste profundo, marcada por aulas menos numerosas y por la necesidad de redefinir recursos, plantillas e infraestructuras. Donde antes el reto era absorber demanda, ahora será gestionar el vaciamiento escolar sin deteriorar la calidad educativa ni agravar la brecha territorial entre la Asturias central y la periférica.