La revolución invisible: cómo el grupo TSC lidera el futuro tecnológico de la industria asturiana
ASTURIAS
Radares, electrónica textil o sistemas inalámbricos: la Universidad de Oviedo y la FICYT transforman investigación de vanguardia en soluciones reales para la industria
07 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Las ondas electromagnéticas no se ven, no se oyen y no se tocan. Pero están detrás de buena parte de la tecnología que hoy funciona sin cables. Estudiarlas, controlarlas y aplicarlas a problemas concretos es, en esencia, lo que hace desde hace más de dos décadas este grupo.
«Eso incluye desde comunicaciones móviles y antenas hasta sensores electromagnéticos, sistemas radar, dispositivos vestibles o entornos industriales inteligentes», resume Fernando Las-Heras Andrés, coordinador del equipo.
Creado en 2001 y con 24 investigadores activos, es uno de los grupos más grandes y más estables de la Universidad de Oviedo. Esa amplitud, explica Las-Heras, ha llevado a organizar el trabajo en subgrupos o equipos que desarrollan distintas líneas de investigación y transferencia. Este proyecto está financiado por el Principado de Asturias en la convocatoria de ayudas a grupos de investigación de 2024. Las ayudas, convocadas por Sekuens y gestionadas por la Fundación para el Fomento en Asturias de la Investigación Científica y la Tecnología (FICYT), permiten consolidar las líneas de estudio del grupo.
A partir de ahí, el campo se abre: comunicaciones inalámbricas para la industria, radar aplicado a inspección y seguridad, antenas fabricadas en 3D o electrónica integrada en tejidos. Líneas distintas, sí, pero unidas por una misma idea: que esa investigación llegue a aplicaciones reales.
La fábrica del futuro no tiene cables
Una planta industrial moderna funciona con kilómetros de cable. Conectan máquinas, transmiten datos y sincronizan cada paso del proceso. También fijan dónde puede ir cada cosa y limitan hasta dónde puede cambiar una línea de producción.
El equipo de Rafael González Ayestarán trabaja precisamente ahí: en lo que ocurre cuando ese cable desaparece y la comunicación pasa a ser inalámbrica. El problema, explica, es que en una fábrica el aire es un medio hostil, con interferencias, obstáculos metálicos y muchos dispositivos funcionando a la vez.
Por eso no sirve cualquier red. Un corte que en casa apenas molesta, en una cadena de producción puede detener toda la línea. Ahí entran el 5G y las tecnologías que vienen después, capaces de ofrecer mucha más robustez.
«Cuando el cable desaparece, las máquinas se pueden mover, la línea se puede reconfigurar y los robots pueden circular con más libertad», explica González Ayestarán. Con ello, la fábrica gana margen para adaptarse.
Ver sin tocar
Otra línea se centra en el radar y la inspección no destructiva, es decir, en tecnologías que permiten detectar, medir o vigilar sin necesidad de abrir o dañar lo que se analiza.
«En el ámbito de tecnologías radar, se trabaja en aplicaciones como la seguridad en puestos de control, la inspección de subsuelo y la monitorización en puertos», explica Jaime Laviada Martínez, investigador del grupo.
El equipo ha desarrollado sistemas radar portátiles y también embarcados en drones. «Son más respetuosos con la privacidad que las cámaras y el volumen de datos que generan es mucho menor», resume Laviada.
Esa línea ha tenido ya recorrido en el proyecto europeo Melchior, orientado a dispositivos seguros para puestos de control, y mantiene además colaboración con TSK en aplicaciones de radar para la monitorización de materiales en puertos.
Una antena asturiana con destino a la Luna
Ese conocimiento se aplica además en escenarios extremos, donde las comunicaciones deben funcionar sin infraestructura previa.
«Desarrollamos comunicaciones en zonas sin infraestructuras: superficie lunar, cuevas, bosques, desiertos…», explica el investigador Germán León Fernández.
En estos momentos participan en un proyecto con la Agencia Espacial Europea, en colaboración con Indra Space y otros socios, para desarrollar sistemas de comunicaciones para robots exploradores en la superficie y en cuevas lunares.
En ese contexto, los investigadores ya han desarrollado una antena pensada para la Luna. «Ha pasado tests de alto vacío y de un amplio rango de temperaturas», explica León. Pero la idea decisiva quizá sea otra: «El reto también está en el camino de vuelta: aplicar esta tecnología en la Tierra».
Eso significa que lo que hoy se prueba para escenarios extremos puede terminar teniendo utilidad en minas, zonas de montaña o espacios sin cobertura.
Parte de ese avance depende también de cómo se fabrican las antenas. Marcos Rodríguez Pino, encargado de este área, explica que trabajan con fabricación aditiva en plástico y metal para reducir tiempos, peso y costes.
En ese campo han llegado a fabricar prototipos de antenas para sistemas 6G a un diez por ciento del coste habitual y en una semana. De esa línea ha surgido además AlphaTech, una spin-off en proceso de creación para llevar al mercado antenas impresas de tecnología plana destinadas a nanosatélites.
Electrónica integrada en tejidos
Otro frente acerca esta investigación a objetos cotidianos: la integración de antenas y circuitos electrónicos en tejidos y superficies flexibles.
«Las antenas textiles permiten integrar la electrónica directamente en la ropa o en superficies flexibles», explica Esther García Fernández.
Entre sus aplicaciones están los sistemas de asistencia a personas con discapacidad visual, los sensores vestibles para monitorización, las comunicaciones discretas o las etiquetas RFID integradas en tejidos para identificación y localización.
«Hemos hecho antenas en textiles totalmente ecológicos como el Tencel», sostienen los investigadores, con resultados comparables o incluso superiores a algunas antenas comerciales para redes de sensores.
Samuel Ver-Hoeye añade otra derivada: también han desarrollado tejidos que bloquean señales de comunicación para crear espacios libres de wifi en colegios u hospitales. «La industria textil, la de materiales compuestos y la de automoción ya están mirando esta tecnología», apunta.
Asturias como terreno de aplicación
Si algo atraviesa todas estas líneas es la idea de transferencia. Fernando Las-Heras Andrés sitúa ahí uno de los rasgos que mejor definen este trabajo: no funcionar como una suma de proyectos aislados, sino como una estructura capaz de sostener investigación, colaboración con empresas y desarrollo tecnológico con recorrido.
Desde Asturias, el grupo cree que puede jugar un papel relevante. «Hoy la industria está conectada, y es móvil, lo que quiere decir que es inalámbrica», resume González Ayestarán. Marcos Rodríguez Pino va un paso más allá al plantear que la región puede ganar peso en tecnologías de radiofrecuencia y también en el sector espacial.
La idea de fondo es concreta: que las tecnologías punteras en comunicaciones, sensores y radar no solo se investiguen aquí, sino que también se desarrollen, se prueben y encuentren salida desde aquí.
Porque lo que está en juego no es solo desarrollar tecnología, sino que esa tecnología pueda hacerse, probarse y crecer también desde Asturias.