Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo: «Si la universidad pública se debilitara sería una catástrofe social»

Nel Oliveira
Nel Oliveira REDACCIÓN

ASTURIAS

Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo
Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo Héctor Herrería

«No es misión de la Universidad retener talento; nosotros lo formamos y lo atraemos. Retenerlo es una obligación o un reto para el Gobierno del Principado, para las empresas asturianas y para la sociedad asturiana»

31 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Ignacio Villaverde Menéndez (Gijón, 1965), rector de la Universidad de Oviedo, asegura que la institución atraviesa «un proceso de cambio y transformación profundos» para adaptarse a lo que se espera de la universidad pública en los próximos años. En esta entrevista aborda los principales retos de la universidad asturiana, desde la gestión de la investigación y las infraestructuras hasta el futuro campus de El Cristo, el debate sobre las universidades privadas, la irrupción de la inteligencia artificial, la salud mental del alumnado o la necesidad de reformular la enseñanza superior para los empleos del futuro.

—La Universidad de Oviedo afronta un momento de transformación importante. ¿En qué estado diría que se encuentra hoy la institución?

—Yo creo que gozamos de muy buena salud, pero efectivamente estamos en un proceso de cambio y transformación profundos para adaptarnos a lo que se espera de una universidad pública en el siglo XXI. La Universidad de Oviedo es una universidad con una gran tradición, con mucha historia, muy sólida y con unas enormes ganas de futuro, de hacer cosas.

—Si tuviera que hacer autocrítica, ¿cuáles son a día de hoy los principales problemas que atraviesan?

—Teníamos dificultades que poco a poco la institución ha sabido encauzar y afrontar. Despacio, pero con paso firme. Por ejemplo, el envejecimiento: vamos consiguiendo rejuvenecer nuestra plantilla. También vamos reduciendo la presión burocrática y somos una universidad mucho más digitalizada de lo que creemos. Pero ahora mismo hay tres retos urgentes y de peso. El primero es la gestión de la investigación. La investigación de la Universidad de Oviedo ha crecido de manera exponencial y somos una institución de absoluta referencia, pero nuestro sistema de gestión no ha estado a la altura del nivel de nuestra investigación. Y quiero aclarar que no es un problema de las personas. Nuestro personal es magnífico. El problema son las herramientas y el modelo de gestión, la forma en la que se ha gestionado la investigación durante muchísimos años, que se ha quedado muy atrás respecto a lo que hoy exige una gestión moderna. Ahora estamos inmersos en un cambio radical del modelo y en la incorporación de herramientas mucho más ágiles. El segundo gran reto son las infraestructuras. La Universidad de Oviedo es muy grande. Tiene 58 edificios, muchos muy antiguos, que requieren una intervención continuada y profunda para poder seguir prestando servicio en condiciones. Y el tercer reto es la Alianza Europea Ingenium. La Universidad de Oviedo lidera lo que puede ser la primera universidad europea dentro del programa de alianzas universitarias de la Comisión Europea, con diez universidades comprometidas en construir un verdadero campus europeo.

—Dice que la Universidad no ha estado a la altura del nivel de los investigadores. ¿A qué se refiere?

—Lo primero que quiero aclarar es que no es una cuestión de los gestores de la investigación. Afortunadamente, y gracias a ellos, la Universidad de Oviedo puede seguir gestionando su investigación. Nuestro personal es un personal magnífico, estupendo. Pero es cierto que el sistema de gestión, no las personas, sino el sistema de gestión, las herramientas que utilizamos, la forma en la que hemos ido gestionando la investigación desde hace muchísimos años, se ha quedado muy atrás respecto de lo que hoy exige una gestión moderna de la investigación. No es un problema de personas, es un problema de herramientas y de modelo de gestión. Y ahora mismo es en lo que estamos envueltos, en un cambio radical del modelo de gestión y la incorporación de herramientas mucho más ágiles para la gestión de la investigación.

—Asturias lleva años luchando contra la pérdida de población joven y la fuga de talento. ¿La Universidad de Oviedo está consiguiendo retener y atraer estudiantes e investigadores o sigue siendo una asignatura pendiente?

—No es misión de la Universidad retener talento; nosotros lo formamos y lo atraemos. Retenerlo es una obligación o un reto para el Gobierno del Principado, para las empresas asturianas y para la sociedad asturiana. Son ellos quienes tienen que ofrecer razones y medios para que todo ese talento que genera la Universidad de Oviedo no se tenga que marchar. Nosotros titulamos aproximadamente a 3.000 estudiantes al año. Eso significa que durante mis cinco años de mandato la Universidad habrá titulado a unos 15.000 estudiantes y, en diez años, a 30.000. Asturias no tiene capacidad ni estructura socioeconómica para absorber todo ese talento que la Universidad está produciendo. Y eso es razonable, porque somos una región de apenas un millón de habitantes y con la estructura económica que tenemos. Tampoco es malo que nuestra juventud salga al mundo y triunfe fuera. Debemos sentirnos orgullosos de ello. Nuestro reto es atraer talento, conseguir que en Asturias se queden y vengan los mejores.

Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo
Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo Héctor Herrería

—Uno de los grandes retos universitarios en toda España es adaptar la formación al mercado laboral y a la revolución tecnológica. ¿La Universidad de Oviedo está formando para los empleos que existirán dentro de diez años?

—Estamos trabajando con cuatro estrategias que deben ir en paralelo. La primera es reforzar la formación docente de nuestro profesorado, especialmente el más joven, para dotarle de herramientas que les hagan mejores profesores en el aula. La segunda es la revisión permanente de los planes de estudio. La Universidad de Oviedo aprueba cada año entre 30 y 40 modificaciones de planes de estudio para adaptarlos a las necesidades de nuestro entorno. La tercera son las microcredenciales y los títulos propios, que permiten complementar la enseñanza oficial y responder a la creciente necesidad de recualificación profesional, además de dotar a los estudiantes de una formación complementaria que les haga más competentes y competitivos en el mercado laboral. Y la cuarta, la más ambiciosa, es el proyecto UO Horizonte XXI, un proceso de revisión y mejora de nuestro desempeño docente. Ya hemos hecho un diagnóstico sobre cómo enseñamos y cómo quieren nuestros estudiantes que les enseñemos.

—¿Y cuáles son las conclusiones que sacan de ese informe?

—Que somos una buena universidad desde el punto de vista docente y enseñamos bien, pero percibimos una cierta rigidez en la forma de enseñar. Seguimos con esquemas muy cerrados, horarios muy rígidos y una manera de estructurar la docencia muy deudora del siglo XX y poco adecuada para las necesidades de los estudiantes del siglo XXI. Tenemos que ser mucho más ágiles y flexibles, desde cambiar el mobiliario de las aulas hasta transformar la manera de enseñar y la programación docente para lograr un sistema mucho más atractivo y eficaz.

—El proyecto del nuevo campus en El Cristo aparece como una de las grandes apuestas estratégicas de la Universidad. ¿Qué puede cambiar ese proyecto para Oviedo y para el modelo universitario asturiano?

—Para la ciudad de Oviedo supone volver a convertir toda la zona de El Cristo en un gran espacio universitario y llenarlo de vida. Allí se trasladarán tres facultades, con más de 3.000 estudiantes, cientos de profesores y personal administrativo. Eso va a ser un revulsivo y un cambio profundo para toda la zona sur de la ciudad. Para la universidad es una oportunidad de dotar a centros tan importantes como Informática, Formación del Profesorado o Ciencias, donde además trabajan grupos de investigación de primer nivel mundial, de instalaciones modernas y avanzadas que nos permitan crecer y ser una mejor universidad.

—¿Sigue confiando en poder poner la primera piedra del proyecto antes de acabar su mandato?

—Cada día que pasa voy perdiendo un poco la esperanza de poder hacerlo, porque me gustaría que el proyecto fuese a mejor ritmo. Y desde luego no será por falta de voluntad y compromiso de la universidad. No pierdo la esperanza de que al menos pueda poner esa primera piedra en mi último año de mandato, aunque antes de 2030 se me antoja complicado. Me gustaría poder trasladar la Facultad de Ciencias, primero por el simbolismo de demostrar que el proyecto deja de ser papel y se convierte en realidad; segundo, porque nuestra comunidad universitaria necesita ver ese avance; y tercero, porque también contribuiría a ayudar a resolver los problemas de espacio y dispersión del sistema judicial asturiano, en cuya solución la universidad siempre ha querido colaborar.

—En los últimos meses se ha intensificado el debate sobre la llegada de universidades privadas a Asturias. Usted ha mostrado preocupación por la «celeridad» con la que se están tramitando algunos proyectos. ¿Qué le inquieta exactamente?

—Me llama muchísimo la atención que en menos de un año tres proyectos de desembarco en Asturias de empresas dedicadas al negocio universitario ya tengan autorización de implantación, cuando Asturias carece de un marco legal para regular ese proceso. La normativa asturiana solo prevé la creación de centros adscritos a la Universidad de Oviedo o la creación de universidades mediante una ley de la Junta General. Me llama poderosamente la atención la rapidez con la que se han tramitado esos procesos mientras yo llevo más de seis meses esperando a que se informe una relación de puestos de trabajo imprescindible para acometer la gran transformación administrativa de la universidad.

—¿Qué intereses cree que puede haber detrás?

—No quiero entrar en especulaciones porque no tengo datos para avalarlas. Me lo imagino y me da un poco de miedo, pero sería una especulación. En todo caso, sí me gustaría que con la misma celeridad con la que se han tratado los intereses de ciertas universidades privadas se tratasen también los intereses de la universidad pública.

Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo
Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo Héctor Herrería

—¿La Universidad de Oviedo siente competencia con la privada o juegan en ligas distintas?

—Jugamos en ligas diferentes. Ninguna de esas universidades tiene capacidad para competir con una universidad centenaria y del prestigio de la Universidad de Oviedo. Además, las universidades privadas nunca traen talento, ni aquí ni en ningún sitio. Son centros que ofrecen títulos universitarios, normalmente a estudiantes que no pueden acceder a la universidad pública por limitaciones de plazas. Y me parece bien, porque es una manera de garantizar que quien quiera hacer estudios universitarios pueda hacerlo. Pero que nadie se engañe: ni traen talento ni son competencia para la universidad pública.

—Usted ha insistido varias veces en que la universidad pública cumple una función de servicio público que va más allá de expedir títulos. ¿Qué cree que perdería Asturias si la Universidad de Oviedo se debilitase?

—Sería una catástrofe social. Si la universidad pública se debilita es porque el Gobierno deja que se debilite, porque somos un servicio público esencial igual que la sanidad o la educación primaria y secundaria. No hay que olvidar que la Universidad de Oviedo representa el 80% de la investigación y de la transferencia en I+D de Asturias y, si nosotros no lo hacemos, nadie lo va a hacer, ya que las universidades privadas no investigan en I+D porque no es rentable. También sería una catástrofe social porque estudiar en una universidad pública es muy barato o gratuito. Eso garantiza que nadie deje de estudiar por razones económicas. Si eso desaparece, estudiar Medicina costará más de 100.000 euros y Enfermería más de 50.000, de manera que esos estudios no los harán los mejores, sino quienes puedan pagarlos.

—En España existe un debate creciente sobre si algunas universidades privadas priorizan el negocio frente a la calidad académica. ¿Cree que el sistema universitario español necesita una regulación más estricta?

—Vivimos en una sociedad de libre mercado y entiendo perfectamente que haya empresas que se dediquen al negocio universitario. Lo que hay que exigirles son los mismos estándares de calidad que se exigen a la pública, y eso no se hace. En España existía un equilibrio entre universidad pública y privada. A finales de los años 90 había unas 16 universidades privadas, muchas de ellas con enorme prestigio y tradición. Pero en un momento determinado alguien decidió hacer negocio con la educación universitaria y empezó a abrir franquicias de estudios universitarios en territorios ya ocupados por otras universidades. Eso rompió una lógica basada en el respeto de espacios y en la idea de que la universidad cubría un servicio público, no un mercado económico. En los últimos diez años el número de universidades privadas se ha triplicado y, además, con niveles de calidad francamente muy dudosos.

—El Principado quiere avanzar hacia una mayor gratuidad de las matrículas universitarias, más allá del primer curso. ¿Es viable un modelo de universidad prácticamente gratuita sin comprometer la calidad?

—Sí, es viable, siempre que el Gobierno cumpla su compromiso de compensar económicamente a la universidad por la pérdida de ingresos. La Universidad de Oviedo ingresa unos 12 millones de euros al año por matrículas. Si la enseñanza es gratuita, la Universidad no puede perder ese dinero. Igual que sucede con la sanidad o con la educación primaria y secundaria: son gratuitas para el ciudadano, pero los presupuestos públicos cubren sus costes. Con la universidad pública debe ocurrir lo mismo.

—La Universidad se plantea aumentar la vigilancia sobre nuevos aparatos tecnológicos o sistemas con IA de cara a la próxima PAU. ¿De qué manera intensificarán esa vigilancia?

—Lo que vamos a desplegar en las aulas de la PAU es una tecnología que permite detectar si se están utilizando dispositivos electrónicos como auriculares, gafas inteligentes, teléfonos móviles o relojes inteligentes. No son inhibidores, porque están prohibidos por la normativa estatal, pero sí permiten detectar señales electrónicas cuando no debería haberlas. No pretendemos poner puertas al campo, pero sí garantizar que todo el mundo juega con las mismas reglas. El estudiante que copia perjudica al compañero honesto que hace el examen sin trampas.

Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo
Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo Héctor Herrería

—¿Qué titulaciones o áreas cree que van a ganar más peso en Asturias en los próximos años?

—Van a seguir creciendo mucho todas las titulaciones ligadas al mundo digital y a la inteligencia artificial, pero eso abarca un campo muy amplio. Desde la filosofía o las filologías, porque la inteligencia artificial tiene que expresarse en lenguaje natural y también debemos comprender sus implicaciones éticas, hasta todo lo relacionado con la energía, porque estas tecnologías requieren enormes consumos energéticos. También tendrán una importancia estratégica la criptografía, la ciberseguridad, las matemáticas, la física, la bioingeniería, la salud y la biotecnología. La nueva manera de diagnosticar enfermedades, el telediagnóstico, los nuevos materiales aplicados a la cirugía o el tratamiento de enfermedades neuronales abrirán escenarios completamente nuevos. Y eso también afectará a la formación de los docentes, porque habrá que preparar a las nuevas generaciones para un mundo distinto.

—¿Se plantea implantar un grado específico en inteligencia artificial?

—Lo hemos valorado, pero soy contrario a los grados hiperespecializados. Creo que es un error formar a estudiantes durante cuatro años en algo excesivamente concreto. La función del grado es dar una formación generalista y sólida que permita resolver problemas futuros que hoy ni siquiera somos capaces de imaginar. Luego sí debe existir una especialización potente en el posgrado. La estrategia adecuada pasa por las microcredenciales y los itinerarios formativos flexibles. Yo me imagino un modelo con uno o dos primeros años muy generalistas, un tercer curso orientado ya a determinados sectores y un cuarto año basado en itinerarios y microcredenciales apilables que permitan especializarse en ámbitos concretos, como el derecho digital, blockchain, criptomonedas o propiedad intelectual en el entorno digital, combinándolo además con competencias como liderazgo, negociación o gestión de equipos. Esa es la gran revolución en la que me gustaría que la Universidad de Oviedo fuese pionera.

—La salud mental de los jóvenes y la presión académica están cada vez más presentes. ¿Es hoy una preocupación dentro de la Universidad de Oviedo?

—Nos preocupa mucho. Hemos puesto en marcha programas de atención emocional y psicológica tanto para el personal universitario como para el estudiantado. Las estadísticas muestran que la incidencia de problemas emocionales y psíquicos ha crecido muchísimo en el conjunto del sistema universitario y también en la Universidad de Oviedo, que no es distinta a otras. Probablemente la gente joven vive en un mundo mucho más complejo y exigente y eso genera incertidumbre sobre el futuro. Nosotros no podemos ofrecer tratamiento clínico, porque eso corresponde a especialistas, pero sí queremos que nuestros estudiantes tengan un lugar al que acudir y donde profesionales puedan orientarles y, si es necesario, derivarlos a especialistas de salud mental. Además, esperamos que la Universidad de Oviedo pueda contar próximamente con una clínica universitaria de Psicología.

—Si tuviera que convencer a un joven asturiano de que estudie en la Universidad de Oviedo y no se marche fuera, ¿qué argumento le daría?

—Que si estudia en la Universidad de Oviedo siempre se sentirá orgulloso de haberlo hecho y que le abrirá las puertas del mundo.