De árbol exótico a cultivo de futuro: el aguacate se convierte en «oro verde» para Asturias
ASTURIAS
Las plantaciones de aguacates han ido ganando terreno en el Principado impulsadas por el cambio climático, la rentabilidad y una nueva generación de productores que ve en esta fruta tropical una oportunidad para vivir dignamente del campo asturiano
16 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Durante décadas, el aguacate fue en Asturias una rareza exótica plantada en jardines de indianos. Hoy, sin embargo, aquel árbol ornamental ha empezado a convertirse en un cultivo con fuerte proyección comercial y en una alternativa cada vez más seria para quienes buscan nuevas vías de rentabilidad en el campo asturiano. Tal es así que las plantaciones de aguacates se han ido multiplicando en la última década en concejos costeros y precosteros desde Villaviciosa hasta Cudillero, pasando por Cabranes o Siero, entre otros. Por el momento, se trata de pequeñas explotaciones familiares, proyectos impulsados por jóvenes agricultores e incluso emprendedores procedentes del sur de España que empiezan a mirar a Asturias como uno de los territorios con mayor potencial para producir el llamado «oro verde».
«Yo empecé hace diez años y creo que fue entonces cuando empezó a moverse todo un poco», recuerda José Luis Álvarez, productor de Aguacates del Norte, con plantación en Collado (Siero). El mismo explica que empezó a interesarse por el cultivo de aguacates viendo los efectos del cambio climático, por lo que empezó a visitar viveros del sur. «Cuando se empezaron a hacer plantaciones en Galicia, que fueron las primeras del norte de España, pensamos: ¿Y por qué no en Asturias?». Aquel experimento inicial ha terminado convirtiéndose en una tendencia que ya suma, según calcula el propio productor, unas 200 hectáreas repartidas por la región. Nada comparable todavía con las grandes explotaciones existentes en Málaga o Granada, aunque suficiente para percibir que en el Principado se ha despertado el interés por este cultivo, y más cuando los productores ya están recibiendo llamadas de distribuidores europeos interesados en el preciado fruto.
La clave por la que la región resulta un territorio factible para la producción de aguacates es el agua. Mientras el sur peninsular afronta cada vez más restricciones hídricas y episodios extremos de sequía, Asturias ofrece un escenario radicalmente distinto: «en Málaga se están levantando plantaciones porque no tienen agua y aquí vamos sobrados», explica Isabel Rubio, responsable de Finca El Ribeiro, en Soto de Luiña (Cudillero). Isabel y su familia decidieron apostar por el aguacate tras comparar la rentabilidad de varios cultivos, de hecho, hicieron un estudio económico comparando la rentabilidad entre el nogal, el avellano y el aguacate, siendo este último el que mejor rentabilidad ofrecía. Durante la pandemia instalaron una estación meteorológica para comprobar si las temperaturas de la finca eran soportables por el aguacate: «durante un año vimos que nunca bajábamos de menos dos grados, así que mi padre dijo: ‘vamos a subir 700 aguacates’».
Cinco años después, la explotación ya recoge sus primeros frutos. Aunque los 200 kilos de esta campaña son todavía una cantidad modesta, para los productores de Finca El Ribeiro han sido suficientes para comprobar la respuesta del mercado: «la gente que los probó me llamó para repetir. Muchos me decían que hacía años que no comía un aguacate tan bueno», señala con satisfacción Isabel Rubio.
Un producto de gran interés comercial
Y ese es precisamente uno de los argumentos que más repiten quienes trabajan el cultivo en Asturias: la calidad del producto. El clima húmedo y las temperaturas suaves favorecen una maduración lenta que, aseguran, mejora la textura y el sabor del fruto. En Santolaya de Cabranes, Javier Cívicos, impulsor de Aguacastur, lleva años trabajando y analizando el comportamiento de las distintas variedades de aguacate. En su caso, manifiesta que «la producción está siendo bastante buena», hasta el punto de apostillar que «supera con creces las expectativas que teníamos». Su finca, de hectárea y media y unas 600 plantas, produce ya entre 20 y 30 kilos por árbol en algunas zonas. En tanto en cuanto la producción aún es pequeña, se vende principalmente en fruterías del centro de Asturias, donde el reclamo del kilómetro cero funciona cada vez mejor. No obstante, asegura que el interés comercial no deja de crecer, como prueba el que empresas europeas hayan contactado con Aguacastur «para comprar fruta en cuanto haya más volumen», explica.
Pero detrás del auge del aguacate en Asturias y en otras zonas del norte de España hay también una lectura mucho más profunda relacionada con el cambio climático. Lo que hace apenas veinte años parecía impensable, como es cultivar fruta tropical a pocos kilómetros del Cantábrico, empieza a normalizarse, aunque no sin hándicaps y preocupaciones para quienes se han lanzado a esta aventura cuyos resultados se basan mucho en el «prueba-error». «Aquí el problema no es el calor, sino las heladas», apunta Isabel Rubio, que precisa que el aguacate tolera mal temperaturas por debajo de los seis grados bajo cero, aunque variedades como la Hass o determinadas variedades mexicanas muestran una resistencia mucho mayor de lo que se creía.
De hecho, los productores desmontan algunos mitos que rodean al aguacate, uno de ellos, el enorme consumo de agua asociado al cultivo. «Tiene mala prensa», sostiene José Luis Álvarez, que matiza que «consume una cantidad parecida a la del manzano, lo que pasa es que, en Málaga o Granada, si no los riegan, no producen. Aquí, salvo en julio, agosto o septiembre, normalmente no hace falta». Con esto no quiere decir que el cultivo sea sencillo, ni mucho menos, y es que la humedad excesiva, el drenaje del terreno o determinadas enfermedades fúngicas pueden arruinar una plantación entera. Tal es así que Javier Cívicos, de Aguacastur, advierte que «el aguacate es una planta muy técnica» y que «si no sabes lo que tienes entre manos, las plantaciones se pierden».
En Finca El Ribeiro lo saben bien porque han sufrido algunos de esos problemas. Isabel Rubio indica que «tuvimos una zona de la finca donde, por un tema de humedad, los árboles cogieron un hongo y se murieron», por lo que están probando nuevas variedades más resistentes mientras aprenden de los fallos y de intercambiar experiencias con agricultores del sur.
Un cultivo rentable
Pese a que las dificultades y el trabajo que conlleva tratar de sacar adelante el cultivo del aguacate en un territorio totalmente distinto a Málaga o Granada, el entusiasmo de los productores se percibe en cómo cuentan su historia de emprendimiento. También porque el aguacate ofrece algo que hoy escasea en buena parte del campo español: rentabilidad. «Es de los pocos cultivos que pueden permitir vivir dignamente», sostiene Javier Cívicos, que recuerda que «hay productores de fruta cobrando precios prácticamente iguales que hace 25 años», por lo que ensalza que «el aguacate, al menos, ofrece una oportunidad para poder ganarse la vida dignamente».
Otra cuestión a favor de Asturias para el cultivo de aguacates es que el árbol encaja relativamente bien en la complicada orografía de la región. Según explican los productores, las laderas, habituales en muchas zonas rurales del Principado, favorecen precisamente el drenaje que necesita la planta para evitar el encharcamiento de las raíces y, por tanto, enfermedades consecuencia de un exceso de humedad.
Y aunque el boom por el aguacate pueda parecer una tendencia de unos años a esta parte, lo cierto es que Asturias convive con el aguacate desde hace más de un siglo. En Porrúa (Llanes) se encuentra una de las grandes curiosidades botánicas de Europa: el conocido popularmente como «el aguacatón», considerado por algunos expertos el segundo aguacate más antiguo del mundo. El árbol fue plantado en 1906 a partir de una pepita traída desde México por Ángel Sordo Pandal. En la actualidad supera los 20 metros de altura, tiene más de ocho metros de perímetro y continúa dando pequeños frutos junto al Museo Etnográfico del Oriente de Asturias. «El más antiguo está en California, pero el más grande está aquí», cuenta como curiosidad Javier Cívicos.
Quizá ese árbol centenario, nacido mucho antes de que nadie imaginara plantaciones comerciales en el norte de España, sea también una metáfora de lo que está ocurriendo ahora en Asturias: el aguacate ya no es únicamente una extravagancia tropical, sino que, poco a poco, y todavía con cautela, empieza a echar raíces como una nueva posibilidad para el campo asturiano.