Elena Casanova, la italiana que busca su lugar ideal en Asturias: «Yo quiero vivir en la montaña»

ASTURIAS

Elena Casanova
Elena Casanova

Tras haber vivido en Portugal, Francia, su Italia natal y la Alpujarra granadina, llegó hace seis meses al Principado guiada por su pasión por la naturaleza

22 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay personas que cambian el lugar en el que viven por trabajo, por amor o por la necesidad de cambiar su forma de vida. Elena Casanova Ballarín lo hizo por la montaña. A sus 44 años, esta italiana nacida y criada en Venecia ha decidido dejar atrás la vida itinerante que llevaba entre Portugal, Francia, su Italia natal y el sur de España para instalarse en Asturias, un territorio totalmente desconocido para ella que, según reconoce, «casi no sabía ni dónde estaba exactamente». Hace apenas seis meses llegó al Principado conduciendo una vieja Citroën C15, acompañada únicamente por su gata y por una intuición que llevaba tiempo empujándola hacia el norte: «Lo puse todo en mi C15, a mi gata y me vine», resume ahora desde Pandenes, en el concejo de Cabranes, donde vive temporalmente mientras sigue buscando un lugar definitivo más cerca de las montañas.

Su historia parece construida a base de casualidades, aunque ella prefiere hablar de señales. Después de pasar varios años entre Portugal y Sierra Nevada, descubrió que necesitaba vivir en altura: «Ahí descubrí lo que yo quiero: vivir en la montaña», afirma Elena, que concreta que esa certeza apareció durante su estancia en la Alpujarra granadina, donde encontró una forma de vida mucho más conectada con la naturaleza y alejada del ritmo urbano que había conocido en Venecia. «He nacido y me he criado en Venecia, en la isla misma», explica la italiana, bromeando con que «hoy en día los venecianos autóctonos somos cada vez más una raridad». Quizá por eso, después de años moviéndose entre distintos lugares del sur de Europa, empezó a sentir que necesitaba arraigarse en un lugar distinto.

Asturias apareció en su camino casi por insistencia ajena. Una amiga le repetía que aquello que ella buscaba estaba precisamente en el norte, aunque Elena recuerda que por aquel entonces no lo veía claro. «Yo nunca me había planteado Asturias», admite, y comenta también que, mientras buscaba terrenos y pequeñas fincas en otros lugares, nada terminaba de encajarle: «No me fluía absolutamente», expresa. Fue así como decidió venirse a Asturias sin demasiados planes. Llegó primero a la zona de Taramundi, donde una conocida le ofreció alojamiento provisional, pero como el lugar no estaba en buenas condiciones, tuvo que improvisar nuevamente su camino y pasó unas semanas en Galicia. Desde allí comenzó a mirar el mapa de Asturias tratando de decidir hacia dónde dirigirse.

Una vida sin tecnología

Sin teléfono inteligente, sin redes sociales y utilizando internet únicamente en bibliotecas públicas, Elena ha ido enlazando encuentros y coincidencias hasta terminar en Pandenes, un pueblo de Cabranes. «A cualquier persona a la que yo preguntase sobre Asturias me mencionaba Cabranes», indica, considerándolo una señal de que su lugar para vivir está en plena naturaleza, si bien todavía cree que no ha alcanzado del todo ese objetivo porque lo que quiere realmente es vivir en la montaña. No obstante, estos meses que lleva en la región, mayoritariamente durante el invierno, le han servido para entender el territorio, el clima y la forma de vida asturiana. En Infiesto comenzó diversas actividades, entre ellas un curso de escalada en rocódromo, que acabaron convirtiéndose en otra puerta abierta para lograr su objetivo. A través de una persona que conoció en una de esas actividades pudo encontrar la pequeña cabaña en la que reside actualmente junto a su gata.

Sin embargo, su intención sigue siendo trasladarse hacia las montañas del interior asturiano y, aunque ha valorado las zonas de Somiedo o Peñamayor, parece que su mirada se dirige más hacia Teverga, lugar en el que cree que podría encontrar el equilibrio entre la vida social que necesita y la cercanía con la montaña que tanto anhela porque, asegura, «a mí no me da miedo estar en la montaña. Será porque mi amor por la montaña es muy fuerte». Pero, al mismo tiempo, Elena reconoce que busca algo más que aislamiento, porque en su cabeza también hay ideas para desarrollar en comunidad, de intercambio y de vínculos humanos. Su proyecto de futuro pasa por crear una iniciativa social sin ánimo de lucro relacionada con el trueque, la reutilización y el aprendizaje colectivo. «Me gustaría encontrar un espacio, montar una asociación no lucrativa para compartir sabidurías», explica la italiana afincada en Asturias, que añade que su idea incluye organizar rastros solidarios, talleres de reparación de bicicletas o electrodomésticos y actividades culturales que sirvan como punto de encuentro vecinal. «Tengo instintos de hacer cosas sociales, de hacer el bien, de ver personas que sonríen gracias a lo que quizá he organizado», traslada.

Su forma de vida encaja poco con los hábitos contemporáneos: nunca ha tenido smartphone, no tiene internet, apenas utiliza redes sociales y mantiene una rutina austera y profundamente ligada a la naturaleza. Según explica ella misma: «Hago una vida muy sencilla, medito, hago yoga y como todo ecológico. Siento que la montaña es mi elemento».

Descubriendo Asturias en mapas de papel

Y mientras busca ese lugar definitivo en el que asentarse, Elena sigue descubriendo Asturias en mapas de papel y guiándose por conversaciones, intuiciones y recomendaciones. En ese trayecto ha entablado amistad, por ejemplo, con el gaitero asturiano Xuacu Amieva, a quien conoció gracias a uno de los anuncios que había publicado «buscando para alquilar o para ayudar en una finca, como una especie de voluntariado. Y como él necesitaba ayuda, mi anuncio le pareció simpático y me contactó». Reconoce la italiana que, hoy por hoy, «es casi la única amistad que yo he desarrollado aquí», ya que no se ha decidido a desarrollar vínculos cercanos en el pueblo en el que actualmente vive «porque siento que Cabranes no es mi lugar».

La posibilidad que le ha surgido recientemente de alquilar una casa por la zona de Teverga hace que este destino cobre fuerza como su próximo hogar: «La gente me dice que hay una comunidad bastante bonita y, a la vez, hay montaña». Y es que, aunque el objetivo de la italiana es vivir a 600 o 700 metros de altitud y esta casa no está tan enclavada en la montaña, señala que «a la vez la intuición me dice que, por un lado, quiero estar en la montaña; por otro, quiero montar algún proyecto social». Ante este dilema, Elena Casanova apostilla: «En la vida creo que hay sabidurías mayores que saben mejor lo que necesito porque, si mi objetivo ahora es crearme amistades y crear este proyecto, ¿cómo voy a estar en la montaña y a la vez hacer todo eso si tampoco me gusta pasar el día conduciendo?». Reflexionando sobre que en su objetivo «hay algo en antítesis», Elena se plantea que «quizá esa casita más cerca de Teverga me viene bien para desarrollar amistades y quizá encontrar algún lugar para alquilar entre socios y montar juntos este proyecto no lucrativo y, una vez que yo esté bien instalada, igual puedo subirme a la montaña».

Y a eso quiere dejar la puerta abierta a través de este reportaje: «Si hay gente que tiene una cabañita o si alguien quiere participar en desarrollar mi idea de proyecto sin ánimo de lucro, puede hacerlo a través de mi correo electrónico (elenatura@proton.me). Yo encantada de que me contacten», concluye.